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Tratado de ¿libre? comercio

GUILLERMO KNOCHENHAUER. CONTRACORRIENTE. EL FINANCIERO.

“Creo que el TLCAN tendrá que terminarse si queremos hacer un buen acuerdo” le dijo Trump a la revista Forbes. Que lo termine, ojalá que lo termine porque el “buen acuerdo” que busca, no hay que dudarlo, es a costa de México y eventualmente, de Canadá. Él no piensa en liberalizar el comercio, como han creído Peña Nieto y Videgaray, sino en administrarlo en favor de las grandes corporaciones de su país.

Puesto contra la pared, al gobierno mexicano podría ser el que terminara el tratado con prestancia, exigiendo lo imposible: que, además del flujo de mercancías y capitales, el nuevo TLC incluya la libre movilidad de personas y trabajadores, como en Europa.

Ya en plan de exigir -con la conciencia de que no hay posibilidad de éxito-, también habría que demandar mecanismos a fin de compensar las asimetrías de México con EUA y Canadá, como se hizo en Europa para asegurar la cohesión de la Unión.

El TLC vigente no contiene ninguna de esas cláusulas por lo cual, la emigración de México a EUA sigue siendo ilegal, peligrosa y denigrante, e igual que siempre, la siguen empujando las asimetrías económicas que no se atenúan, sino al contrario.

Exigencias justas como esas llevarían a la terminación del TLC por mejores motivos que quedar contra la pared por las exigencias de las grandes empresas transnacionales.

Lo que persigue Trump en nombre de las corporaciones son normas supranacionales, es decir, que estén por encima de la autoridad de los Estados nacionales, del nuestro, por supuesto.

Para muestra de lo que se propone, basten tres botones.

En materia agropecuaria, exige que México establezca reglas sanitarias y fitosanitarias que “no discriminen” las siembras de semillas transgénicas; en Estados Unidos el uso de esas semillas no está sujeta a ninguna regulación y eso es lo que pretende lograr Trump en nuestro país, pero ello significaría, en el caso del maíz, la pérdida de variedades y de diversidad productiva, y tener que pagar por el uso de patentes en cada siembra.

Igualmente delicada es la administración del comercio digital que dominan Apple, Google, Microsoft, Amazon y Facebook, todas estadounidenses, generadoras de ingresos superiores a las de las siete hermanas petroleras.

Esas grandes corporaciones tienen información de empresas y datos personales de casi todos los países del mundo y quieren dos cosas: tener libertad para disponer de ellos y que los gobiernos no puedan cobrarles impuestos a sus utilidades en el espacio cibernético.

La única posibilidad de preservar derechos de privacidad y protección de datos y de establecer impuestos fiscales, es la capacidad de cada Estado en particular, para hacerlo; Trump quiere un mundo sin barreras para el comercio digital, sin más reglas que las supranacionales.

La cereza del pastel en la “negociación” del TLCAN es la propuesta trumpiana de eliminar el Capítulo 19 para la solución de controversias, a fin de que se litiguen en los tribunales estadounidenses. Canadá ha dicho que se retiraría del tratado si prospera esa idea.

En la cuarta ronda de negociación que empezó ayer en Washington tendrá que desahogarse ese punto, quizás sea el que ponga fin al TLCAN.

 

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