¿En serio es necesario que en un Tratado de Libre Comercio como el TLCAN 2.0 se incluya un anexo con condicionamientos explícitos para impedir que las partes firmantes implementen un etiquetado con símbolos de advertencias en alimentos y bebidas?

El etiquetado de bebidas y alimentos tendría que ser vista no más que como una herramienta de salud pública para orientar a la población en torno a un consumo informado y saludable —y cada vez más países así la están adoptando—, pero al incluirla en un acuerdo comercial se aborda más bien como una barrera o estrategia de intercambio económico o comercial.

Realmente suena exagerado que la industria de alimentos y bebidas haya influido a tal grado en la renegociación de un acuerdo comercial como lo es el NAFTA para tratar de impedir una política de salud pública tan específica, pero todo parece indicar que así es.

Está circulando un documento clasificado con fecha de enero del 2018 que indica es parte de los anexos de la renegociación del NAFTA y que enlista una serie de puntos relativos a los límites en torno al etiquetado de alimentos y bebidas que los socios deberán adoptar. El documento tiene una frase que lo ubica como confidencial y que podrá ser desclasificado 4 años después de concluida la última ronda de negociaciones.

Lo que sí evidencia es que el etiquetado de advertencias es un tema que a las empresas multinacionales de alimentos y bebidas les importa en demasía y hacen hasta lo imposible por frenar una tendencia internacional que se percibe imparable: cada vez más países imponen símbolos de advertencia en el empaquetado de alimentos industrializados a fin de dar información a los consumidores sobre los riesgos de comer en exceso sal, azúcar, grasas o en general más calorías de las que necesita el organismo.

Después de Chile y Ecuador, le siguió Uruguay en aplicar un etiquetado de advertencias, y ahora mismo lo discuten Brasil, Perú y Canadá.

En México, el tema lo empuja desde hace años la organización El Poder del Consumidor, que encabeza Alejandro Calvillo, y en marzo pasado en conferencia de prensa informó que Estados Unidos estaba proponiendo establecer la prohibición de etiquetados frontales de advertencia dentro del TLCAN. Unos días después, fue retomado por el diario The New York Times reafirmando que existía dicha propuesta estadunidense y hablando de la existencia de un documento anexo.

Ahora dicho documento ha salido a la luz —llegó a nuestras manos y lo puede consultar en el sitio de este diario— . No tenemos la certeza de si quedó dentro de lo acordado entre México y Estados Unidos, y en ese caso, si Canadá estaría en condiciones de aceptarlo ya que en ese país discuten el etiquetado desde el 2016, en abril lo pusieron a consulta y lo siguen debatiendo.

El objetivo de un etiquetado con símbolos de advertencia como colores del semáforo o signos de admiración ante un alto contenido calórico, de azúcar o de grasas es proporcionar al consumidor información clara, ágil y completa para el momento en que decide sus compras de alimentos y bebidas, decisión que, por cierto, se hace en cuestión de segundos.

Hay que decir que el etiquetado con advertencias es una recomendación de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) ante la alta incidencia de obesidad y diabetes en todo el mundo pero particularmente en la región. En México no podría ser menos que prioridad ante la  declaración de emergencia por ambas epidemias, pero si lo impide el TLCAN significará piedras en el camino para los objetivos en salud pública del gobierno entrante.

Maribel Ramírez Coronel