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Se necesitan políticas públicas que puedan frenar y luego revertir el deterioro ambiental. FOTO: CUARTOSCURO.

El olvido electoral del medio ambiente

JULIO SANTOYO GUERRERO, ANALISTA. CAMBIO DE MICHOACÁN.

Si las elecciones fueran ahora, nos quedaría claro que el próximo Presidente de la República y la gran mayoría de los legisladores no tendrían compromisos serios con el medio ambiente. Hasta ahora las propuestas electorales de los contendientes han desdeñado el diagnóstico y las opciones de política pública para atender los problemas que en esta materia enfrenta el país.

Dos tres pinceladas que incluyen en su publicidad los candidatos es por mucho insuficiente para afirmar que sustentan un discurso consistente y claridoso para la protección ambiental. Incluyen generalidades tales que lo que se puede entender es que hacen la mención para no exponer ese vacío. Hay casos en que las propuestas son contradictorias, por un lado hacen votos por mejorar el medio ambiente y por otro lado proponen acciones de desarrollo económico que van frontalmente contra el medio ambiente.

Bajo la atrasada visión de presentar sus programas en apartados, como si la realidad no estuviera ella misma hípervinculada en el espacio y en el tiempo, nuestros candidatos suelen dedicar unas pocas líneas a un asunto que es vital para la existencia humana. Ninguno parece conocer la agenda 2030, o el Acuerdo de París, que fueron suscritos por la gran mayoría de los países miembros de las Naciones Unidas, y cuyos contenidos deberían permear sus propias agendas electorales para luego realizarlos en caso de ser electos. Ninguno ha ido a los resortes fundamentales del asunto para presentarnos propuestas en todos los ámbitos bajo una perspectiva ambiental.

Por ejemplo, la economía mexicana necesita una transformación paradigmática urgente. No puede continuar por el camino del uso de bosques, aguas y suelos, que hasta ahora se ha seguido y que privilegia exclusivamente la mercantilización infinita de «los recursos naturales», olvidando por completo el valor que representan para la vida humana y para los ecosistemas, gracias a los cuales vivimos. Nuestra economía ha alentado y justificado la depredación del medio ambiente, y el sistema normativo que nos hemos dado premia la adquisición de esa riqueza y legitima su apropiación y uso como un medio moralmente correcto para generar riqueza. A cambio de la enorme riqueza que se genera sacrificando la biodiversidad sólo retornan migajas para paliar los daños que son locales, nacionales y planetarios.

Si los candidatos de veras se proponen impulsar efectivas transformaciones, la del paradigma de la economía depredadora es uno de los que deben asumir. Pero con toda seguridad no lo harán, ni han pensado en hacerlo, porque sus intereses están estrechamente vinculados con los grandes y pequeños poderes que genera este tipo de economía. Y tan lo están que en las listas de candidatos a diputados, senadores o presidentes municipales figuran reconocidos ecocidas, y personajes deshonestos que han contribuido con la destrucción de bosques y la apropiación indebida e inmoral de aguas. En otros casos, en el colmo de la incongruencia, aparecen en los equipos de campaña y hasta en los pre gabinetes, políticos impresentables que en tiempos recientes fueron operadores de empresas como Monsanto, primera en contribuir a la muertes de la biodiversidad en el país.

O que otros propongan seguir impulsando la producción y el consumo masivo de combustibles fósiles construyendo costosísimas refinerías en lugar de invertir esas cuantiosas cantidades en investigación para generar energías verdes.

No es congruente que un candidato nos ofrezca la seguridad pública, la salud, el trabajo, la reducción de impuestos, y mucho más, si no tiene ni la pizca de compromiso para asegurarnos que los ecosistemas en los cuales vivimos todos los mexicanos van a seguir existiendo gracias a nuevas políticas ambientales que pondrá en marcha.

Por eso, no es casual que los contenidos ambientales de los candidatos sólo aparezcan de refilón en sus programas. Todo indica, hasta ahora, que pretenden dejar las cosas sin cambios importantes. Sólo queda a los ciudadanos que han tomado conciencia de este grave problema exigir y proponer que todos los aspirantes asuman una agenda ambiental clara y congruente que se convierta, en caso de que sean electos, en punto de referencia para la construcción de las políticas públicas que puedan frenar y luego revertir el deterioro ambiental.

 

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