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Between a Rock and a Hard Place —El futuro incierto del USMCA

KENNETH SMITH RAMOS. EL FINANCIERO.

“El Acuerdo enfrentará obstáculos muy importantes en nuestro Congreso”. Así resumió un empresario de Washington la situación que vive el nuevo Acuerdo México-EU-Canadá (USMCA por sus siglas en inglés), antes de utilizar la expresión estadounidense que se podría traducir como “estar entre Guatemala y Guatepeor”.

Hace un par de meses, los gobiernos de Canadá, México y EU celebrábamos la firma del USMCA, la cual se dio el 30 de noviembre de 2018 en el marco de la reunión del G20 en Buenos Aires, Argentina. Algunos analistas consideraban que lo más difícil se había logrado, es decir, pudimos preservar el TLCAN, el acuerdo comercial más exitoso para México dentro de la amplia red de TLCs que empezamos a construir hace más de 25 años. No solamente eso, México logró introducir nuevas disciplinas para modernizar el Tratado y hacerlo más incluyente y sustentable, en temas vitales para nuestra economía como comercio digital, telecomunicaciones, Pymes, anticorrupción, medio ambiente, laboral, entre otros.

La firma del USMCA le dio a la Administración Trump su primer éxito en materia comercial, ya que hasta el momento en que se concretó el nuevo Acuerdo, el concepto de “política comercial” en Washington se había convertido en sinónimo de “guerra comercial”. Desde su llegada al poder, el presidente Trump se ha enfrascado en disputas comerciales con prácticamente todas las regiones del mundo, y ha lanzado un ataque frontal en la Organización Mundial de Comercio (OMC) en contra del sistema comercial multilateral.

¿Qué sucedió entonces desde diciembre, y por qué hay tantas caras largas en Washington cuando se le pregunta a los empresarios estadounidenses cuándo piensan que podría ser ratificado el USMCA? Tras la firma del Acuerdo, la Administración Trump tenía la intención de iniciar el 2019 a tambor batiente, y presentar ante su Congreso la iniciativa de ley para ratificar el USMCA. En paralelo, el presidente Trump seguiría implementando su política comercial “ruda” hacia el resto del mundo, basada en la imposición de medidas de seguridad nacional con fundamento en la Sección 232 de su Ley Comercial de 1962. El siguiente sector en enfrentar la guillotina de las medidas de seguridad nacional, tras haberle ya pegado al acero y al aluminio, podría ser el sector automotriz. De hecho, el Departamento de Comercio de EU (USDOC) ya emitió su reporte en torno a este sector, y el presidente Trump podría estar tomando una decisión sobre imponer o no aranceles en los próximos 90 días.

Estos grandes planes para el USMCA se vieron afectados por el cierre del Gobierno Federal, causado a su vez en gran medida por la insistencia del presidente de que el Congreso le concediera miles de millones de dólares para la construcción del muro fronterizo. El rechazo apabullante por parte de los demócratas no solamente revivió la reputación de la políticamente moribunda líder demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi (según diversos especialistas, responsable en gran medida de la debacle electoral de Hillary Clinton y del Partido Demócrata en las elecciones presidenciales del 2016). Sirvió también como catalizador para los demócratas al revivir el argumento de que Trump es un presidente irresponsable, cuyo único interés es satisfacer sus caprichos personales—como es el declarar una emergencia nacional inexistente en la frontera con México y extorsionar al Congreso para que pague por su muro.

La animadversión generada entre demócratas y la Casa Blanca con motivo del cierre de Gobierno colocó una gran roca en el camino del USMCA. De por si el panorama siempre es complicado para un voto comercial en el Congreso estadounidense, ya que se trata de un tema que polariza a la sociedad, y mientras se siga retrasando la consideración del USMCA en EU será cada vez más difícil obtener los 218 votos que se requieren en la Cámara de Representantes para aprobar el nuevo TLCAN. Se espera que el camino en el Senado sea un poco más fácil dado que los Republicanos aún cuentan con mayoría. Sin embargo, conforme avancen los meses, los Demócratas estarán cada vez menos dispuestos a otorgarle una victoria política al presidente Trump que pudiera serle útil para su campaña de reelección.

Los demócratas han desempolvado sus argumentos de 1993, y declararon que el USMCA tiene que reabrirse para renegociar los temas laboral y ambiental. Habría que preguntarles si en sus sueños más guajiros hubieran imaginado que aquellos acuerdos paralelos en materia laboral y ambiental que forman parte del TLCAN original y que ellos mismos criticaban porque carecían de “dientes”, se convertirían en dos capítulos centrales del USMCA, sujetos a los mismos mecanismos de solución de disputas que los demás capítulos del Acuerdo, y con disciplinas de nueva generación nunca antes incluidas en un acuerdo comercial. Si dichos legisladores hubieran leído estos dos capítulos se darían cuenta que la protección de los derechos de los trabajadores se fortalece con disciplinas que protegen a los trabajadores migrantes, y se establecen compromisos para combatir la violencia y la discriminación laboral. Podrían haberse percatado también de que en materia ambiental, se preservan los mecanismos de cooperación entre autoridades ambientales que ellos mismos impulsaron en el TLCAN original, y se introducen nuevas disposiciones en materia de conservación de especies en peligro de extinción, combate a la deforestación, reducción de la basura marina, y mejoramiento de la calidad del aire, entre muchas otras.

En realidad, los demócratas saben perfectamente qué fue lo que se incluyó en el Acuerdo en materia ambiental y laboral. Pero lo que estamos observando son los primeros fogonazos de una batalla campal en la que los demócratas tratarán de negociarle cada tema a Trump, con miras a lograr cualquiera de los siguientes objetivos:

1) Enlodar la discusión de tal manera que se retrase el voto hasta después del receso del Congreso en agosto. Si esto sucede, será muy difícil que el Congreso retome el debate en el otoño y que se vote el USMCA antes de fin de año ya que es poco probable que los legisladores estén dispuestos a emitir un voto tan controvertido en plena campaña electoral.

2) Presionar a la administración, al minar el terreno de la discusión con 9 o 10 “fichas de cambio” que al final de cuentas estarían dispuestos a canjear por un par de concesiones que resulten prioritarias para los demócratas. Una de ellas podría ser la reducción en los plazos de protección de datos para medicamentos biológicos, pero curiosamente, en el momento en que se den esos trueques finales, los demócratas podrían pedir concesiones que no tengan nada que ver con el USMCA (temas domésticos fiscales, modificación al salario mínimo, etc.)

Debemos prepararnos para una negociación explosiva en EU, ya que de un lado tenemos a una Casa Blanca que ha demostrado su incapacidad para negociar con la oposición (para muestra, el fiasco del cierre gubernamental). Además, el presidente Trump ha señalado que está dispuesto a matar el TLCAN actual si el Congreso no le aprueba el USMCA. Y en la otra esquina tenemos a un liderazgo demócrata que está jugando con gasolina, ya que tampoco les conviene llegar a la campaña presidencial con el galardón de haber sido los responsables de cerrar el acceso al principal mercado de exportaciones para 33 de los 50 estados de la Unión Americana. Esa es la importancia del mercado mexicano para la economía estadounidense.

Conclusión, habrá que prepararse para lo que será una verdadera montaña rusa, en la que estará en juego ni más ni menos que la viabilidad del Tratado Comercial más importante para los tres países de América del Norte.

¿Qué hay de las perspectivas para la aprobación del USMCA en el Senado mexicano? Esa respuesta la dejo para mi siguiente artículo…simplemente diré que tampoco estará fácil.

Socio de AGON, Economía y Derecho. Exjefe Negociador del TLCAN para el Gobierno de México

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