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Brasil, motor de crecimiento mundial de agricultura transgénica

AFP…
SAO PAULO, Brasil. Brasil fue en 2011 el motor de la expansión mundial en el cultivo de transgénicos y puede desplazar en los próximos años a Estados Unidos como primer productor del planeta, informó la ISAA, una organización internacional especializada en biotecnología de la agricultura.

Estados Unidos lidera la producción agrícola de OGM (Organismos Genéticamente Modificados), con 69 millones de hectáreas plantadas en 2011, seguido de Brasil, con 30,3 millones, Argentina con 23,7 e India con 10,6, según datos del Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agrícolas en Biotecnología (ISAA).

La organización informó que Brasil fue el año pasado el motor del crecimiento de las plantaciones transgénicas, con expansión de 20% sobre 2010, lo que representó 4,9 millones de hectáreas más de esos plantíos.

En el mundo, la plantación de transgénicos alcanzó 160 millones de hectáreas en 2011, con aumento de 8%. En 1996 fueron apenas 1,7 millones de hectáreas.

Aunque Estados Unidos está todavía muy por delante del resto, “Brasil está reduciendo esa brecha muy rápidamente”, dijo Clive James, presidente de esa asociación, en una teleconferencia el martes desde Filipinas.

“A Brasil le llevará un tiempo (alcanzar a Estados Unidos), pero creo que la voluntad política está ahí y que el objetivo es aumentar la productividad a través de la biotecnología, tanto para su mercado interno como para sus exportaciones, especialmente a China”, su primer socio comercial, dijo.

Brasil además está aportando nuevos plantíos transgénicos, por ejemplo en caña de azúcar, añadió.

Ese tipo de cultivos genéticamente modificados resisten mejor a sequías, frío, enfermedades y a los agrotóxicos, y tienen mayor productividad. También pueden ser usados para aumentar el contenido nutricional de los alimentos, y sus defensores los consideran claves para el desafío de alimentar a la población mundial que debe alcanzar los 9.000 millones de personas en 2050.

Pero sus detractores señalan que no se conocen sus efectos a largo plazo, advierten del monopolio en la producción de semillas por algunas multinacionales y consideran que pueden amenazar al medio ambiente.

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