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Distribuir “orugas artificiales” ayuda a estudiar la depredación de este insecto

WESLEY DÁTTILO. INECOL. CONACYT.

 

Uno de los componentes más conocidos de la biodiversidad es la variedad de formas de vida que se desarrollan en un ambiente natural. En este sentido, es bien conocido que en la zona tropical hay muchas más especies que en los polos, posiblemente debido a la estabilidad histórica del clima cálido y la alta producción de materia orgánica que realizan algunos organismos en estas regiones. Pero ¿a parte del número de especies, las interacciones ecológicas entre ellas también aumentan o se hacen más fuertes más cerca de la línea de Ecuador? Un nuevo estudio publicado en Science(una de las revistas científicas más importantes del mundo) dice que sí, revelando un patrón global de depredación en insectos herbívoros.

Un equipo internacional de científicos hizo el descubrimiento por medio de un experimento global en el que se usaron orugas artificiales para medir su depredación. Examinando la proporción de orugas depredadas a lo largo de un gradiente de más de 11 mil km desde el Círculo Polar Ártico hasta el sur de Australia. Lo que encontraron fue que una oruga cercana a los polos sólo tiene un octavo de la probabilidad de ser depredada en comparación con una oruga que está en la línea del Ecuador. Lo más fascinante es que el patrón no sólo se reflejó en ambos lados del ecuador, sino que también apareció en gradientes de elevación. Los investigadores encontraron que al ir escalando una montaña, ocurre el mismo patrón que al moverse hacia los polos, es decir, disminución en el riesgo de depredación de las orugas, lo que sugiere que existe un hilo conductor común que podría estar controlando las interacciones entre las especies a una escala global.

Uno de los puntos más interesantes de este estudio es que los hallazgos se consiguieron con materiales muy sencillos. Para medir las tasas locales de depredación, los investigadores utilizaron miles de orugas hechas de plastilina para niños en 31 sitios alrededor del mundo. Luego dejaron a estas “orugas artificiales” expuestas al ataque de los depredadores, y las revisaron varias veces para registrar las marcas de los ataques. “Lo bueno de este método es que uno puede identificar quién fue el depredador de las orugas inspeccionando las marcas del ataque. “Un pico de pájaro causará marcas en forma de la letra “v” mientras que los mamíferos dejarán marcas de dientes, por ejemplo”, explicó el doctor  Wesley Dáttilo investigador de la Red de Ecoetología del Instituto de Ecología A.C. (INECOL) que participó del estudio en diferentes partes de México.

“La gente suele pensar en los vertebrados como los depredadores más importantes en los trópicos, pero las aves y los mamíferos no fueron los grupos responsables del aumento del riesgo de depredación hacia el Ecuador. En su lugar, pequeños artrópodos depredadores como las hormigas y las avispas impulsaron el patrón “, explica el Wesley Dáttilo (Investigador Nacional Nivel 1) quien aportó datos desde el Centro de Investigaciones Costeras La Mancha (CICOLMA) del INECOL localizado en el municipio de Actopan, Veracruz y desde la Reserva de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán en el municipio de Zapotitlán de las Salinas, Puebla.

Siguiendo una tendencia mundial en la manera de hacer ciencia colaborativa, un total de 40 investigadores de 21 países trabajaron juntos en este estudio. Desde una “incubadora” de orugas en la Universidad de Helsinki (Finlandia), fue enviado por paquetería a cada investigador orugas moldeadas de la misma plastilina verde en forma de gusanos. Después del experimento, las orugas volvieron a Helsinki donde un pequeño equipo de investigadores examinaron cada oruga para atribuirle a cada marca de ataque un grupo depredador específico. Sin duda, la coherencia y la estandarización de la metodología empleada en este gran proyecto fueron fundamentales para hacer que la información generada fuera comparable en estos lugares tan lejanos entre ellos.

“Los hallazgos también pueden afectar la evolución de los herbívoros”, dicen los investigadores “nuestros resultados sugieren que las orugas tropicales harían bien en defenderse y camuflarse específicamente contra los artrópodos depredadores, mientas que más cerca de los polos, una menor depredación puede permitir que las orugas bajen la guardia”. La próxima etapa de este gran proyecto es justamente conocer estos patrones de defensa contra los depredadores en las orugas alrededor de diferentes ecosistemas para empezar a estudiar la historia evolutiva de esta presión ejercida por detrás de los patrones globales de depredación.

Los autores insisten en que los resultados encontrados sólo fueron posibles gracias al esfuerzo colaborativo masivo entre investigadores de todo el mundo: “Como ecólogos, normalmente hacemos preguntas sobre patrones y procesos mucho más grandes que nosotros, pero al diseñar experimentos que se pueden dividir en paquetes de trabajo más pequeños, podemos involucrar a investigadores de todo el mundo y trabajar juntos para entender un panorama más amplio a nivel global”. Somos seres sociales y esto implica cooperar y colaborar, la ciencia no se escapa de este concepto de compartir y por lo tanto, la labor de cualquier investigador también está involucrada por esta dimensión colectiva y colaborativa.

Las interacciones ecológicas son fundamentales para el mantenimiento de la biodiversidad en los ecosistemas actuales. En su trabajo de investigación, el doctor Wesley Dáttilo coordina un laboratorio dentro del INECOL para estudiar la arquitectura de la biodiversidad, es decir, los patrones de interacción entre las especies dentro de una gran red de la vida, así como la susceptibilidad de esas interacciones a diferentes tipos de perturbaciones.

1
Roslin, T. (2017). Higher predation risk for insect prey at low latitudes and elevations. Science: 356(6339), 742-744.

Red de Ecoetología, Instituto de Ecología AC.

[email protected]

Sitio personal: www.wesleydattilo.org

 

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