viernes , 15 diciembre 2017
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Importancia del seguro agropecuario en México

XÓCHILT GIL CAMACHO. EL ECONOMISTA.

En México, el sector primario de la economía se compone de actividades y productos muy diversos. Esto ocasiona que los productores, de acuerdo con su perfil y con la actividad que desarrollan, empleen diferentes prácticas, niveles de inversión y tecnología. No obstante, la diversidad de condiciones en las actividades primarias tienen una característica común: están expuestas a un alto riesgo; sobre todo si se les compara con actividades de otros sectores. Así, son recurrentes los riesgos relacionados con la producción y con la logística de comercialización; con la volatilidad de los precios de venta agropecuarios y con el incremento de los precios de los insumos, por mencionar algunos.

Con respecto a los riesgos relativos a la producción, fenómenos como el exceso de lluvia, la presencia de plagas en los cultivos o de enfermedades en el ganado, provocan mermas que se traducen en pérdidas económicas. La situación de constante riesgo afecta en mayor medida a los productores que se desempeñan en pequeña y mediana escala y que carecen de instrumentos para mitigar dichos riesgos. Los siniestros en el sector primario podrían ocasionar que los productores más vulnerables, incluso, pierdan sus activos productivos, en detrimento de las actividades económicas primarias y el bienestar de los hogares rurales. En este contexto, el seguro agropecuario es un instrumento que conlleva importantes beneficios económicos y sociales.

En general, la adquisición de seguros minimiza el daño económico ante la presencia de choques negativos o situaciones inesperadas. En el medio rural, los productores que cuentan con seguros agropecuarios acceden a indemnizaciones cuando presentan siniestros en sus unidades de producción; este recurso disminuye la pérdida de ingreso derivada de la situación desfavorable e incentiva la reincorporación de la actividad económica primaria en el corto plazo. Al respecto, información de la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas señala que, en el 2015, el sector asegurador pagó 2,300 millones de pesos al ramo agrícola y de animales por la ocurrencia de siniestros, lo que representa 61% del valor de las primas emitidas ese año para el mismo ramo.

Además, el seguro agropecuario se relaciona estrechamente con el financiamiento de las unidades de producción de tamaño pequeño y mediano. De acuerdo con el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (2012), el respaldo de un seguro agropecuario brinda mejores condiciones para que dichos estratos de empresas puedan acceder al financiamiento, lo que tiene potencial de traducirse en adelantos tecnológicos, más inversiones e incremento de la productividad.

El reconocimiento de las ventajas del seguro agropecuario de parte de las instancias gubernamentales, de las empresas privadas y de los propios productores ha permitido el desarrollo de esquemas que cada vez atienden mejor las necesidades de la producción nacional y ha estabilizado su uso. El día de mañana se abordará el potencial de crecimiento de los seguros agropecuarios.

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En la nota previa se destacaron las ventajas de los seguros agropecuarios, principalmente en unidades de producción de pequeña y mediana escala, dada su vulnerabilidad ante situaciones que afectan la producción. Asimismo, se destacó que el mercado nacional de seguros agropecuarios avanza en su consolidación y que el uso de seguros, si bien es estable, tiene potencial para ampliarse. En la presente edición se tocará este último tema

Del 2011 al 2015, el monto de las primas de seguro emitidas en el ramo agrícola y de animales se mantuvo alrededor de 1% con respecto al valor total de las primas del país. En el 2015, el valor del ramo mencionado superó 3,800 millones de pesos, de los cuales la agricultura concentró 84% y la actividad pecuaria 16 por ciento.

Dada la relevancia de la producción nacional de granos, los cultivos de maíz, sorgo, frijol y trigo concentraron 71% del valor de las primas agrícolas emitidas para ese año; por su parte, el ganado bovino, el atún y los porcinos agregaron 96% de las correspondientes a la actividad pecuaria (Comisión Nacional de Seguros y Fianzas). Si bien los seguros se concentran en las principales cadenas agrícolas y pecuarias, hay oportunidad de crecimiento y existen opciones y recursos que los productores pueden considerar para acceder a esta herramienta de protección.

La oferta principal de seguros agropecuarios se concentra en los fondos de aseguramiento de los propios productores. Estas figuras usualmente desarrollan productos específicos a las actividades de sus socios y, dado que brindan protección mutual y sin fines de lucro, suelen ofrecer costos bajos.

Asimismo, las aseguradoras privadas cuentan con servicios de características y coberturas diferentes que los interesados pueden elegir según sus requerimientos.

En adición, instituciones como la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación y Agroasemex destinan apoyos para que los productores de bajos ingresos y de regiones prioritarias cuenten con seguros catastróficos, para disminuir el costo de las primas de seguros que los productores adquieren y para fortalecer el funcionamiento de los fondos de aseguramiento, entre otros.

Asimismo, los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA), como parte de la banca de desarrollo que coordina la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, contribuye con la administración de riesgos de los productores prioritarios.

Principalmente canaliza apoyos para el desarrollo de conocimientos y utilización de Fondos de inversión y contingencia para el desarrollo, seguros y fondos de aseguramiento; además, implementa programas especiales para apoyar a los productores afectados por desastres naturales y emergencias sanitarias, financieras, de mercado, entre otras.

De esta manera, diversos actores concurren en la consolidación y ampliación del mercado de aseguramiento agropecuario nacional, como una vía para impulsar el desarrollo del sector rural.

*Xóchitl Gil Camacho es especialista de la Subdirección de Evaluación de Programas. La opinión es de la autora y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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