Agricultores de todo el cinturón cafetero, las organizaciones nacionales del café y algunos gobiernos de países productores, han manifestado su gran preocupación porque el precio del café llego a niveles inferiores a un dólar la libra en septiembre. El presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, habló del modelo de negocios de la industria del café en la asamblea general de las Naciones Unidas. Manifestó que es una injusticia que aunque una taza de café en Nueva York puede costar cinco dólares los caficultores no reciben ni siquiera dos centavos de dólar por el grano necesario para hacer ese café.

El verdadero problema no es que el precio del café sea ahora de cerca de un dólar la libra en el mercado internacional (1.16 dólares), es que el precio actual es menos de la tercera parte del precio del café en 1983. Y que el modelo de negocios de las multinacionales y de los países desarrollados siempre ha sido dejar menos de un centavo de dólar por taza de beneficio neto para los caficultores. Este modelo no solo ha perpetuado la pobreza sino que ha creado ahora una crisis humanitaria que afecta a decenas de millones de personas en las regiones que producen café en todo el mundo. Hoy crecen la miseria, el hambre, la desnutrición y el trabajo infantil en las regiones cafetaleras, esto mientras las utilidades anuales de la industria son decenas de miles de millones de dólares.

Esto porque un cada vez más reducido grupo de multinacionales y los países importadores de café, principalmente la Unión Europea, Estados Unidos, Japón, Canadá y, especialmente, Suiza, le han estado causando pérdidas anuales a los caficultores de todo el mundo de más de 30,000 millones de dólares. Esto no es nuevo, arrancó a finales del siglo pasado.

Es desde Suiza donde se comercian más de dos terceras partes de todo el café exportable del mundo. El modelo de negocios llamado por algunos economistas Swissploitation(explotación a la suiza) es muy sencillo: Compra lo más barato posible y vende los más caro posible y deja las utilidades en Suiza. Debido al absoluto dominio del mercado del café, el grupo de multinacionales que compra el café puede decidir a qué precio lo compra y hasta cuando lo paga. La reducción del precio del café nunca ha beneficiado a los consumidores. Hay multinacionales que pagan el grano hasta 300 días tarde porque así pueden utilizar ese dinero para comprar otras empresas que distribuyen y sirven café.

Esta crisis que atraviesan los caficultores de todo el mundo y los países cafeteros es una oportunidad única para transformar el modelo de negocios de las multinacionales del café. Esto solo es posible con el liderazgo de los presidentes de México, Brasil, Perú, Honduras, Guatemala, El Salvador y Costa Rica, trabajando unidos después también con los gobiernos de otros países exportadores de café, té y cacao del mundo. Ni México, ni Colombia, ni tampoco Brasil con un tercio de la producción mundial, pueden hacer eso actuando en solitario. Es indispensable que los presidentes actúen como bloque de países latinoamericanos productores de café, representando más de la mitad de la producción del café del mundo.

El cambio de la política cafetera, agrícola y de comercio exterior es un asunto de Estado, que requiere del liderazgo presidencial y de políticas públicas visionarias que sean orquestadas e implementadas por todas las instituciones del gobierno tanto dentro como fuera del país. Esto no puede dejarse en las manos de las organizaciones cafeteras, mismas que frecuentemente, sin querer, sirven los intereses de las multinacionales. En algunos países las principales instituciones cafeteras han sido cooptadas por los exportadores de café —en perjuicio de los caficultores y trabajadores agrícolas— e incluso por las multinacionales y/o por los países importadores, utilizando la mal llamada “ayuda para el desarrollo”.

El precio del café actual 1.16 dólares por libra viola los derechos humanos de los productores, fomenta la explotación de millones de trabajadores y es la causa del incremento de la pobreza extrema, el hambre, la desnutrición y también de la violación de los derechos de decenas de millones de niños en las regiones cafetaleras. Las multinacionales pueden comprar café por debajo del costo de producción gracias a la indiferencia de los gobiernos, del norte y del sur, ante la explotación los agricultores, trabajadores y de millones de niños como la mano de obra más barata del mundo. El trabajo infantil es parte del modelo de negocios de las multinacionales. Aunque es cruel e ilegal, lo consideran una forma muy efectiva para reducir costos e incrementar beneficios. Todos los presidentes de los países productores de café deben poner fin a la explotación vinculada a este modelo de negocios neocolonial.

Además de los países cafetaleros, todos los países exportadores de té y cacao son también víctimas de modelos de negocios neocoloniales impuestos por las multinacionales que ejercen y abusan su posición de dominio de mercado y que son apoyadas por los gobiernos de los países desarrollados, incluso utilizando la mal llamada “ayuda para el desarrollo”, el falso “Comercio Justo”, las otras falsas certificaciones y docenas de ONG como instrumentos para consolidar el neocolonialismo comercial. Las pérdidas para los agricultores y trabajadores suman miles de millones de dólares, la “ayuda al desarrollo” y la falsa caridad de las ONG son una fracción insignificante de esas pérdidas por precios artificialmente bajos.

El mal llamado “Comercio Justo” paga menos de la mitad del precio real del café y perpetua la pobreza. El objetivo real de la organización de “Comercio Justo” y de las otras falsas certificaciones es incrementar los márgenes y las utilidades en los países desarrollados, mediante publicidad engañosa a los consumidores.

No es posible continuar exportando millones de sacos de café a una tercera parte del precio de hace 35 años. En el futuro no se debería exportar ni un solo saco por menos del precio del café de 1983, ajustado a la inflación, mas impuestos. La industria mundial del café genera casi 250,000 millones de dólares en valor de consumo anual gracias al sacrificio de más de 25 millones de caficultores y trabajadores agrícolas, la gran mayoría de estos son pobres. A pesar de su gran bonanza, el modelo de negocios actual de la caficultura mundial está basado en que los agricultores del “cinturón cafetero” y los trabajadores rurales continúen siendo pobres.

Desafortunadamente, muchos funcionarios e incluso periodistas creen el cuento que los países del G7, la Unión Europea, Suiza, Noruega, las multinacionales, el Foro Económico Mundial de Davos y las organizaciones internacionales trabajan conjuntamente para erradicar la pobreza con “ayuda para el desarrollo” y apoyan los objetivos de desarrollo sostenible. La verdad es que son todos estos los que han decido que menos de un centavo por taza de café, té y barra de chocolate es una compensación “justa” y “ética”, aunque incrementen la pobreza, el hambre y la desnutrición infantil. Su objetivo es incrementar las utilidades en los países desarrollados a cualquier costo.

Ojalá que los presidentes de México, Brasil, Perú, Honduras, Guatemala, El Salvador y Costa Rica se tomen un café juntos en la Cumbre Iberomericana este 15 y 16 de noviembre, en Antigua, Guatemala, y decidan actuar en defensa de los intereses económicos de caficultores, trabajadores y de todas las familias cafeteras del mundo. Los caficultores de México y del mundo entero no pueden continuar siendo explotados para beneficio económico de unas pocas multinacionales.

A los representantes oficiales de la Unión Europea, Estados Unidos, Japón, Canadá, Suiza y de otros países desarrollados les digo: Menos de un céntimo de dólar en beneficio neto por taza de café no es asociación. Es explotación. Quedo a la espera de sus 10 céntimos por taza.

Fernando Morales-de la Cruz es fundador de la iniciativa Café for Change. Es empresario, periodista y consultor político. En Twitter: @CafeForChange