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La economía política de la reforestación

EDGAR AMADOR. EXCÉLSIOR.

20 MAY, 2019

Reforestar tiene beneficios abrumadores y sus costos son muy bajos. Es difícil comprender por qué no tenemos una estrategia agresiva para hacerlo en México

Reforestar el país y nuestras ciudades es una acción que tiene tantos beneficios para tanta gente, que sorprende lo ineficientes que hemos sido para hacerlo. Todo proyecto implica siempre costos y beneficios, y muchas veces el balance entre ambos (una carretera, un tren, una presa) es tan tenue que es difícil elegir. No es el caso de la reforestación, en donde los beneficios son tan abrumadores y los costos tan bajos, que es difícil comprender por qué no tenemos una estrategia agresiva de reforestar el país. Y el mundo.

Reforestar es difícil. No sólo se trata de replantar árboles. La selección de las variedades debe de ser muy cuidadosa y la tasa de éxito si no se hace bien, es muy baja. Si medimos la reforestación como árboles plantados nos estamos engañando. Pero no es difícil hacerlo bien: las naciones pobres de África, por ejemplo, están plantando un muro de miles de kilómetros de árboles para detener al Sahara con un éxito notable.

•Empleo: reforestar produce empleos. En los viveros donde brotan los árboles a ser sembrados, en el trasplante y en el cuidado de los árboles ya en su destino. Muchos de esos empleos son de relativamente baja calificación, por lo que apoyan a grupos vulnerables y contribuyen a reducir la marginación económica y social. En México, la población asociada a la pobreza suele estar ligada a bosques afectados.

Un bosque sano puede explotarse y aprovecharse. El corcho de los vinos proviene de robles franceses. Los galos llevan mil años usando sus robles para producir corcho y madera y sus bosques son sanos y prósperos. La pulpa y la madera pueden usarse con un manejo programado de los bosques, y las comunidades rurales pueden ganar mucho haciéndolo.

•Reduce el dióxido de carbono en la atmósfera: esto lo aprendemos desde niños. Los bosques son grandes fábricas de oxígeno y absorbentes de dióxido de carbono. La semana pasada aprendimos que el nivel de CO2 en la atmósfera había alcanzado niveles récord desde que tenemos registros en el mundo. México es uno de los cinco países mega diversos del mundo, y parte de ello se debe a sus bosques. Somos entonces una parte importante del balance de dióxido de carbono en el mundo. Los bosques mexicanos son importantes para el equilibrio atmosférico.

•Regeneración de acuíferos: el agua dulce y los bosques están intrínsecamente ligados. Son uno para el otro. La crisis hidrológicas que vivimos en varias cuencas de México están ligadas a la pérdida de bosques y la reforestación contribuiría a atenuarla y revertirla. No nada más el Valle de México; el Bajío ha perdido sus bosques históricos y con ello su capacidad de recargar sus acuíferos; la Comarca Lagunera; la península de Yucatán va aceleradamente hacia allá;  la cuenca de Chapala y zonas como Cuitzeo-Morelia y los Valles Centrales de Oaxaca, entre muchos otros, ligan sus crisis hídricas a la desaparición de los bosques originales.

El agua es cada vez más costosa porque hay que traerla de cada vez más lejos porque la pérdida de los bosques diezmó los acuíferos. Reforestar de manera amplia y extensa, regenerar los bosques y no nada más plantar árboles sería el inicio de la remediación de la crisis hídrica que avanza en México sin que hagamos lo necesario para detenerla.

•Calentamiento global: Recuerdo las ciudades de mi infancia: frescas y arboladas. Recuerdo las frescas riberas de los ríos cercanos: los sabinos de la zona carbonífera de Coahuila, las alamedas y fresnos del río San Juan en medio del desierto. Los árboles urbanos no solamente son un activo que embellece a las ciudades, las hacen amables y vivibles, disfrutables: las refrescan. Atenuar el cambio climático en nuestras ardientes ciudades mexicanas no es tan difícil: reforestemos nuestras ciudades. Por favor.

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