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Las primeras oteadas

JULIO FAESLER. EXCÉLSIOR.

La interrogante sobre si México habrá de seguir contando con el TLCAN para colocar sus productos libres de impuestos de importación a los mercados genera más especulación que respuestas realistas. La definición final depende de las decisiones que se tomen en las tres capitales involucradas. Las posibilidades son varias. La primera de ellas, desconectar nuestra economía de ese acuerdo regional nos llevaría a un proceso largo y complicado en el curso, del cual bien podrían diseñarse fórmulas de coordinación regional con efectos menos drásticos que el de la simple rotura. De esa manera, nuestro país podría seguir vinculado a algún esquema regional

Las dudas en México sobre la completa desaparición del TLCAN son semejantes a las que campeaban en el Reino Unido antes de la curiosa decisión popular que decidió el Brexit.  Ya a deshora, existen grupos en ese país, conformados por personalidades prominentes, que buscan salvar del embrollo que se ha hecho siquiera algunas de las ventajas y preferencias que gozaban como miembros del mercado de la Comunidad Europea.

En México hay quienes sienten, con relativa seguridad, que nuestras exportaciones seguirán accediendo con facilidades al mercado norteamericano, sea por subsistir el TLCAN, pese a la cerrada oposición personal del presidente Trump, o por hallarse alguna otra vía negociable.

Posibles alternativas al actual tratado son la de reanimar el proyecto del TPP, aun latente en las cancillerías de varios países, incluso el nuestro; ampliar la pujante Alianza del Pacífico de la que somos miembros fundadores con Chile, Perú y Colombia, y que tiene intenciones de extenderse a Asia.

Las asociaciones que están en formación, como el gran programa chino de enlazar los confines de Eurasia, encierran perspectivas que se nos presentan. A este respecto, serán sumamente útiles los numerosos tratados de toda índole que hemos firmado a lo largo de los últimos años. La opción más modesta sería atenernos a las reglas de la OMC, institución que se vería fortalecida al transferírsele las operaciones del TLCAN.

Si nuestro comercio exterior está relativamente bien protegido, siendo o no parte de alguna organización regional, ello no resuelve la debilidad que padece nuestro comercio exterior, particularmente en el sector manufacturero, que nos genera un problemático déficit.

Desde hace décadas ha sido dicho y repetido que el que los componentes extranjeros sigan aportando altos porcentajes de lo que producimos y luego exportamos, reduce su valor agregado y deja sin trabajo a millones de mexicanos que, pudiendo estar en las agroindustrias y fábricas, hoy siguen sin perspectivas reales para ganarse una vida digna.

La fuerte dependencia de nuestra economía del sector automotor nos recuerda que la preeminente posición que tenemos entre los fabricantes mundiales de vehículos no significa que ese sector sea nuestro o que las decisiones en esa área sean tomadas por mexicanos atendiendo a intereses de la economía mexicana. La total propiedad y decisión de esa industria es  extranjera. El número de plantas automotrices crece sin aceptar la evidente conveniencia de tener socios mexicanos.

Hay mucho por hacer en ese y otros muchos campos del desarrollo nacional. Todos lo sabemos.

Las primeras oteadas que damos al año 2018 nos confirman que está repleto de retos a los que aspiran a ocupar la Silla Presidencial de la República tendrán que resolver muchas veces en entrevistas relámpago. No podrán responder superficialmente. El tono y el texto de cada una de las respuestas serán anotados y procesados por analistas nacionales y observadores profesionales en el extranjero.

Las respuestas de los candidatos tienen que ser  realistas y practicables.  De ellas dependerá a su vez el tono y seriedad de las respuestas que han de depositarse en las urnas a mediados de año.

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