De acuerdo con la Ley de Instituciones de Crédito, el objeto fundamental de la banca de desarrollo mexicana es facilitar el acceso al crédito y los servicios financieros a personas físicas y morales, así como proporcionarles asistencia técnica y capacitación con el fin de impulsar el desarrollo económico. Por esta razón, Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA), dirige recursos para promover el financiamiento, la administración de riesgos y el desarrollo de capacidades de la población de las zonas rurales.

Con estos recursos y a través de un esquema de operación de segundo piso, la institución pone en marcha diversos programas y estrategias para fomentar, por un lado, la oferta de servicios financieros y técnicos en las áreas rurales, y por el otro, la demanda de estos servicios de parte de los productores y las empresas que tienen condiciones para desarrollar proyectos y actividades económicas rentables. Como resultado de las acciones descritas, se espera que la población rural acceda a créditos y garantías, así como a servicios de asesoría, capacitación, consultoría, entre otros, relacionados con las actividades que llevan a cabo y, con esto, impactar positivamente en su condición económica.

La medición del desempeño y la evaluación son herramientas útiles para que los bancos de desarrollo identifiquen si alcanzan sus propósitos. La Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria establece, en el marco del Sistema de Evaluación del Desempeño, que la evaluación del desempeño verifica el grado de cumplimiento de objetivos y metas, con base en indicadores estratégicos y de gestión que permitan conocer los resultados de la aplicación de los recursos públicos federales.

Por su parte, la evaluación es un proceso que busca determinar de la manera más sistemática y objetiva posible la relevancia, eficiencia, efectividad, sostenibilidad e impacto (CEPAL, 2017) de una intervención pública.

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En la primera parte, señalamos que FIRA implementa diversos programas y estrategias para brindar acceso al financiamiento y proporcionar asistencia técnica y capacitación a los pobladores y empresas rurales. Asimismo, se menciona que la medición del desempeño y la evaluación son herramientas útiles para que las instituciones identifiquen en qué medida alcanzan sus propósitos.

La medición del desempeño permite conocer de forma continua si las actividades que se llevan a cabo en el marco de un programa o estrategia logran los resultados esperados. Esto implica que la banca de segundo piso diseñe indicadores que contemplen información relevante acerca de los recursos, la implementación, los resultados y los efectos proyectados, además de que disponga de información periódica para su cálculo.

En consecuencia, los bancos de desarrollo deberían de contar con sistemas informáticos que almacenen información estandarizada, oportuna, veraz, y de fácil acceso para la institución. La medición del desempeño se relaciona estrechamente con la operación, demanda esfuerzos y costos relativamente bajos, e idealmente tendría que estar a cargo de una oficina que no tenga relación con la operación.

La importancia de esta medición radica en que ofrece información útil y oportuna para redireccionar intervenciones cuyas acciones llevan a resultados que difieren de lo previsto. Además, la información derivada de esta medición es un insumo relevante para la evaluación.

El alcance de la evaluación es mayor que el de la medición descrita. Su finalidad es conocer, explicar y retroalimentar la gestión institucional. Por esta razón, las evaluaciones utilizan metodologías que pueden incluir análisis cualitativos y cuantitativos de información generada por la institución y proveniente de diversas fuentes: otras instituciones, intermediarios financieros, prestadores de servicios profesionales, productores y empresas.

Así, la evaluación ofrece evidencia sólida de sus hallazgos y soporta sus recomendaciones. Esta actividad, según el aspecto que valora de una ejecución, se realiza en momentos específicos a lo largo de ésta o una vez que concluye.

Por ejemplo, es adecuado evaluar el diseño, la consistencia y los resultados o los procesos al comienzo y durante la puesta en marcha de un programa para ampliar el acceso al financiamiento, mientras que la evaluación de impacto suele hacerse después de que éste operó un periodo de tiempo considerado suficiente para la generación de efectos.

En resumen, la medición del desempeño y la evaluación en la banca de desarrollo proporcionan información clave que ayuda a comprobar si su objetivo se está cumpliendo, para tomar decisiones más acertadas, mejorar el desempeño y alcanzar los resultados planeados (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 2009) en sus intervenciones.

*Xóchitl Gil Camacho. Especialista de la Subdirección de Evaluación de Programas. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.