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Milpa maya puede alcanzar reconocimiento de la FAO

ROBERTO LÓPEZ MÉNDEZ. POR ESTO. YUCATÁN.

Y con ello blindarse contra maíz transgénico

La milpa maya puede ser reconocida como un Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (Sipam, y Giahs en inglés), que es promovido por la FAO, organización para la alimentación de la ONU, lo que permitiría blindarla contra la invasión del maíz transgénico.

En México sólo hay un sistema con reconocimiento Sipam, que son las chinampas, pero podrían tenerlo otros sistemas agrícolas de otros estados porque, por ejemplo, China, el país líder en eso, tiene 16 sistemas agrícolas reconocidos por el Sipam.

Eso explicó ayer la antropóloga Silvia Terán Contreras, quien como experta en la milpa (tiene varios libros sobre el tema), a invitación de la organización The Nature Conservancy (TNC), que tiene también una representación aquí en Mérida, viajó a China a fin de tomar un curso para el desarrollo de las capacidades de promoción de los Sipam.

Esto fue, explica la experta, debido a que a TNC le interesan los problemas del cambio climático, la conservación de la vegetación, etcétera, y ellos se dieron cuenta de que la milpa es muy importante para la conservación del ambiente.

-Inicialmente me pidieron que hiciera un formulario para ver si se podía meter a la FAO un documento para solicitar que la milpa sea reconocida como sistema importante del patrimonio agrícola mundial. De hecho, aquí en México el único sistema que ha sido reconocido (el año pasado) de ese modo son las chinampas. Ellos sabían que aquí había un interés en la milpa, y nos invitaron al taller, que fue organizado por la FAO y el Programa Sur-Sur de China.

-¿Qué otro objetivo tuvo el curso?

-Este taller tuvo la finalidad de difundir información de los sistemas que ya han sido aprobados como Sipam y en qué países, y hubo exposición de varios de ellos, nos llevaron a ver 4 de ellos en China, y también se dio a conocer que los gobiernos deben apoyar estos programas para que puedan seguir dando sus beneficios a la humanidad.

Ese es el objetivo, yo fui en cierta manera a promover, a aprender y a ver. Porque, fíjese, resulta que allá me doy cuenta de que los chinos están liderando el programa porque ellos ya tienen 15 sistemas reconocidos, como el cultivo de arroz en terrazas, y algunos de ellos están en combinación de piscicultura.

-¿Cuántos sistemas agrícolas tienen el reconocimiento Sipam?

-En el mundo hay entre 60 y 70 sistemas reconocidos.

—Entonces esto significa que ya usted empezó a dar los pasos para que se logre el reconocimiento de la milpa como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial.

-Es el inicio, pero lo importante para mí fue que me di cuenta de que hay muchos sistemas ya reconocidos, y que los chinos tienen una alianza con Japón y con Corea, ya que cuentan con sistemas semejantes de cultivos, tienen té, tienen arroz, entonces ellos están impulsando una unión que tienen ellos como asiáticos. Y un muchacho de Perú, que es un experto en recursos genéticos, decía que igual debíamos unirnos nosotros, México, Perú y otros países, para que nuestros sistemas sean reconocidos, y tener vínculos para esto.

Haber asistido allá me interesó poder dar a conocer el programa del Sipam, que como te digo, fue creado por la FAO y que casi no se conoce. Entonces yo ahorita siento que una de mis misiones es difundir el programa en México para que lugares como Oaxaca, Veracruz, Tabasco, que tienen sus propios sistemas agrícolas importantes, en todo el país hay un montón de sistemas tradicionales que merecerían tener esta certificación, y por eso lo importante es difundir el programa para que apliquen, metan, en los diferentes estados sus propuestas, se certifiquen, y eso ayude a fortalecer los sistemas.

En el caso de la milpa, se me hace interesante que pudiera ser reconocida porque siento que es una forma de establecer bases para un blindaje para que no entren a la zona maíces transgénicos. Si se certifica como un patrimonio, herencia de la humanidad este sistema, los elementos que componen al sistema van a ser protegidos. Entonces en un momento dado, los maíces amarillos, que son muy resistentes a la sequía, y que amenazan con desaparecer si entran el maíz transgénico, quedarían protegidos.

Por ejemplo, una de las razas nativas más fuertes es el naltel, que es el maíz tempranero chiquito, que ha sido encontrado en sitios y se sabe que existe desde hace más de 3,500 años. Es una de las razas nativas de los maíces mexicanos. Y, fíjate, estos maíces no existen en la naturaleza. Estos maíces son producto humano. Realmente es una forma de biotecnología de largo plazo. El maíz actual proviene de un maíz silvestre que era de dos centímetros de largo, y ha alcanzado este tamaño de hoy por el manejo humano a través de miles de años de que los campesinos, en esos laboratorios llamados milpas, van haciendo selección artificial para conferirle a las plantas las características necesarias para que se adapten a las condiciones de suelo, clima, microambientes de humedad y relieve, y además a las necesidades sociales y culturales y los gustos de los grupos humanos. O sea, todas esas variables confluyeron en el proceso de selección para irle confiriendo a las plantas las características que hoy tienen.

Producen más que la agricultura industrial.

Otro aspecto poco conocido –agregó doña Silvia- es que entre los años 2000 y 2001 se hizo un censo en 91 países y vieron que el 52% de la producción mundial de alimentos agrícolas se obtienen a través de los sistemas tradicionales. Y se vio además que con esos sistemas se da de comer a 2 mil millones de personas.

Antes se creía que los modernos sistemas industriales producían más, pero no es así, porque los Sipam son sistemas muy productivos y son sustentables, porque conservan los recursos naturales y la biodiversidad, sin dañar ni contaminar el suelo ni los manos de agua.

Otro dato que arrojó ese censo es que esos Sipam son responsables al menos del 56 % de la producción agrícola en el 56 % de las tierras, lo que pone en evidencia su importancia y la necesidad de conservarlos, concluyó.

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