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Precios de garantía, fórmula del pasado para mayor inclusión en el presente

RAMIRO CAMPOS. EL ECONOMISTA.

La política de precios de garantía para maíz, frijol, arroz, trigo panificable y leche fluida, anunciada por el gobierno federal, es una de las medidas para el sector agroalimentario que más debate ha generado en los círculos intelectuales e informativos.

Esa discusión no es para menos, puesto entre los componentes aprobados en el Programa Especial Concurrente para el Desarrollo Rural Sustentable 2019, el programa de precios de garantía es el mayor distintivo, con respecto a los componentes implementados por las administraciones federales del pasado reciente.

Sin embargo, el hecho de ser diferente no es parámetro para anticipar si es o no efectivo para solucionar una problemática del campo; empero, su objetivo es coherente con la intención de lograr una agricultura más incluyente.

Lo anterior, pues se sabe que el campo de México es bipolar. Por un lado existen 1.4 millones de productores comerciales, vinculados al mercado nacional y la agroindustria y los más competitivos al mercado internacional.

En contraste, 3.9 millones de las unidades económicas rurales (UER) son de subsistencia o autoconsumo y no necesariamente alcanzan la producción mínima para la nutrición, penetrar los mercados locales y menos regionales o de exportación.

Precisamente hacia los pequeños productores con escasa vinculación al mercado y de autoconsumo son a los que se enfocan los precios de garantía, como se ha indicado, con la finalidad de incluirlos en el desarrollo económico, concibiéndolos, por lo tanto, como agentes con cierto potencial para producir, crear empleo e ingresos.

En la focalización del programa se ponen límites al tamaño de las UER y al volumen. Cerca de 80% de los productores posee predios menores a 5 hectáreas (has).

Para el maíz, los precios de garantía sólo se enfocan en los productores que forman el minifundio, es decir, con predios de hasta 5 has y el volumen de venta a Segalmex será hasta 20 toneladas (ton). En frijol, los productores deberán tener hasta 15 has de temporal o hasta 5 has de riego y sólo podrán vender a Segalmex a precios de garantía hasta 15 ton. Los límites máximos de venta para arroz, trigo panificable y leche fluida.

No obstante, las expectativas del programa de precios de garantía, por sí solo, no son suficientes para lograr una agricultura más incluyente y productiva, por lo que es indispensable que se amalgame con los programas de fertilizantes, crédito ganadero a la palabra, producción para el bienestar, entre otros.

En la segunda parte de este artículo hablaré de manera más específica sobre esa articulación.

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En la primera parte señalé que el programa de precios de garantía para maíz, frijol, arroz, trigo panificable y leche fluida está enfocado en lograr mayor inclusión y productividad de los pequeños productores y de autoconsumo. Asimismo, la necesidad de que este programa se amalgame con los programas de fertilizantes, crédito ganadero y producción para el bienestar, entre otros.

Los cuatro programas comentados tienen autorizados recursos en el Presupuesto de Egresos de la Federación por 20,500 millones de pesos (mdp) de los cuales, a precios de garantía se destinarán 6,000 millones de pesos; al programa de fertilizantes 1,500 millones; crédito ganadero 4,000 millones, y producción para el bienestar 9,000 millones de pesos.

Para  lograr una agricultura incluyente para los pequeños productores y de subsistencia, esos programas se integrarían en un esquema que atienda a las diversas fases de la cadena de valor y así los productores tendrían alicientes para responder favorablemente a la política pública con aumentos en la producción y productividad. Lo anterior debido a que, con ese esquema, contarían con la venta segura de una parte de su producción a precios de garantía con Segalmex, mientras que las fases de la proveeduría se fortalecerían con los programas de fertilizantes y crédito ganadero, que permitiría abaratar costos.La producción sería robustecida con el programa de producción para el bienestar. Además la cadena de valor se complementaría con los programas de la Sader para el acompañamiento técnico, y con FIRA, para otorgar financiamiento, garantías y apoyos que permitan complementar las inversiones necesarias. Es posible coadyuvar a la inclusión de los pequeños productores y productores de subsistencia en el desarrollo económico, reconociendo sus capacidades para producir alimentos, gestionar sus empleos y crear riqueza.

Por otro lado, los productores comerciales y los productores de autoconsumo podrían ser atendidos con otros componentes, a los que se les da continuidad a través del Programa Especial Concurrente para el Desarrollo Rural Sustentable 2019. Entre éstos se encuentran: Fomento a la Agricultura (2,742 mdp), Productividad Pesquera y Acuícola (1,036 mdp), Concurrencia con Entidades Federativas (2,000 mdp), Fomento Ganadero (500 mdp), Productividad y Competitividad Agroalimentaria (1,298 mdp), Sanidad e Inocuidad (4,128 mdp), Información para el Desarrollo Rural (104 mdp) y Sistema Nacional de Investigación Agrícola (35 mdp).

Todos los segmentos de productores estarían incluidos en la política de desarrollo agropecuario, y con ello, coadyuvar a la producción de alimentos básicos en nuestro país.

*Ramiro Campos Meraz es especialista en la Subdirección de Programas y Proyectos, la opinión aquí expresada es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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