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¿Qué está azotando a los campesinos de Colima?

RENÉ MONTES DE OCA. EL NOTICIERO.

Son muchos los problemas que enfrenta un jornalero por su salario bajo y las condiciones ínfimas en que se desempeña. Lo que gana en el campo, no le alcanza para mantener a sufamilia y tiene que buscar otra actividad para salir adelante.

Aquellos que poseen un pedazo de tierra y se aventuran a emprender la tarea de hacerla producir, se encuentran con infinidad de problemas. La erosión prácticamente acabó con la mejor capa de tierra, el tepetate y la pedrería no ofrecen precisamente un panorama prometedor para el cultivo. Por esta razón, de manera silenciosa, los campesinos más pobres emigran a las ciudades a jugársela en medio de un futuro incierto, colmado de penurias, discriminación y explotación.

Durante un tiempo el clamor del productor rural fue la falta de agua. Se dijo por mucho tiempo que los pobres no tenían tanta hambre, como la sed de justicia que les aquejaba. Por ello se implementó la Comisión Nacional del Agua, encargada de administrar y preservar las aguas nacionales y así lograr su uso sustentable.

Pero desgraciadamente, como casi todos los proyectos del campo, esta Comisión no solamente está fallandosi no que su acción se revierte generando pobreza en los ejidos, como en el caso recientemente denunciado por el dirigente de una central campesina, quien afirma que nuestra zona oriente tiene capacidad para producir pero no cuenta con agua. Dice Carlos César Farías Flores líder de la Central Campesina Cardenista, que la zona rural de Colima y Cuauhtémoc es pobre por qué no se le permite el uso de agua, les han clausurado pozos y no les aprueban nuevas concesiones.

Comunidades como PIscila, Tepames, el Astillero, el Zarco, tienen vocación para producir cacahuate, hortalizas, sorgo, maíz, tamarindo entre otras, así como producción avícola y ganadera, pero como no hay agua “el campo está reseco y olvidado y las familias en la pobreza. Conagua, dijo el dirigente, no solamente está fallando al no crear la infraestructura suficiente para almacenar las aguas de lluvias y ríos, si no que canceló una presa que estaba destinada para la zona y que ayudaría a la agricultura y la ganadería.

Curiosamente, observamos el auge que por esa región señalada por Farías Flores, se manifiesta en todo su esplendor. La iniciativa privada, invirtió en algunas áreas antes estériles y las transformó en productivas. Lucen como verdaderos oasis en el desierto.

En esos lugares tenemos oportunidad de apreciar modernas tecnologías de riego y de cultivoprotecciones artificiales para los sembradíos, tierra bien fertilizada. En esa forma podemos apreciar como el campo si produce y es redituable cuando se le invierte. Lo que pasa es que los apoyos oficiales han sido simbólicos, raquíticos, protagónicos y así no funcionan los proyectos.

La actividad agropecuaria está en condiciones de responder a la nación. Pero para ello urgen políticas generosas, apoyos suficientes y bien distribuidos. De lo contrario muchas tierras se quedarán sin sembrar, como verdaderos páramos ignominiosos, privados de su derecho a producir por la incomprensión de un sistema que no entiende de trabajo regenerador que responda a los retos del presente y le sonría a un futuro prometedor.

Bien vale la pena invertir lo suficiente en el campo mexicano. Arraigar al campesino en su medio. La emigración no resuelve el problema de la pobreza, cambia de lugar pero persiste y con mayor gravedad. Urge motivar la vida campirana, brindando la oportunidad al campesino paria de hacer producir la tierra, que es lo que más le gusta. Hagamos patria transformando el campo que ahora deprime.

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