Pareciera que todos saben qué tan importante es el cuidado del planeta. En las escuelas se recolecta papel. Mensajes acerca del dañino plástico flotante en los mares están omnipresentes en los medios. Las bicicletas y monopatines están conquistando las urbes. Hay más promoción de coches híbridos. Algunos se atreven a llevar bolsas de tela para hacer el súper y a no utilizar popotes.

Hundreds of chicken eggs. Eating and eggs.

Sin embargo, el más reciente reporte del Pánel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) concluye que es imperativo limitar el incremento de la temperatura media global en 1.5 grados Celsius para 2100, en lugar de 2.0 grados como se había pactado en la Cumbre de París en 2015.

Un 0.5 parece insignificante, pero, en términos prácticos, es el contraste entre “vida y muerte” para millones de personas, animales y plantas.

El Pánel instó a tomar medidas “drásticas” para lograr el nuevo objetivo. En caso contrario, es muy probable que sobrepasemos ese umbral en 2040 y alcancemos casi 3 grados para 2100, lo que significaría un colapso.

Un cambio “drástico” implicaría, por ejemplo, descontinuar el uso de coches convencionales en 2050 y lograr por lo menos 75% de dependencia de energías renovables. El Pánel sugiere contemplar el desarrollo de medidas como muros marinos, agricultura en interiores y viviendas de emergencia.

Para evitar escenarios catastróficos, se necesitaría un cambio acelerado hacia una economía circular, especialmente en construcción, energía, producción industrial y consumo. Cada sector debería trazar su propia ruta de transición.

Recientemente, tuve la oportunidad de discutir estos retos con la Asociación Mexicana del Asfalto (AMAAC) y la Asociación Nacional de Fabricantes de Alimentos para Consumo Animal (ANFACA). Tanto producción de asfalto como de alimento para animales tienen impacto medioambiental significativo. Por lo tanto, un cambio hacia la economía circular en ambos sectores sería relevante en cuanto a la huella de carbono. Ambas discusiones llevaron a una conclusión desconcertante: aunque existen soluciones viables para moverse hacia economía con impacto medioambiental cero, eso no se está dando, por falta de voluntad política, cortoplacismo, falta de responsabilidad social y el cáncer de la corrupción.

En México 85% de las autopistas y calles están encarpetadas con asfalto. Y para 2050 el país requerirá del doble de vialidades y recursos energéticos para ampliarlas. Para generar carreteras sustentables se necesitaría usar tecnologías como asfaltos reciclados y autorreparadores, con páneles solares insertados, betún frío, plástico reciclado, mezclas fortalecidas como RARx, entre otras.

Los proyectos estructurales como Sustain.Euro>Road y DurabRoads muestran que el desarrollo de infraestructura vial no es solo una cuestión de pavimento, sino de creación de una nueva cadena de valor, lo que implicaría una rigurosa adhesión a los criterios de sustentabilidad para carreteras emitidos por la SCT.

Respecto al alimento para animales, dado que se prevé que la población mundial alcanzará 9,000 millones para 2040, la demanda de proteínas aumentará a niveles que no pueden ser sostenidos por el sistema alimentario existente. Para resolverlo, el sector debería desarrollar fuentes alternativas de proteína derivadas de algas, insectos, bacterias, plantas fortalecidas con aminoácidos para mejorar la digestibilidad, e implementar sistemas holísticos de producción de dietas animales sustentables.

En conclusión, ¿el riesgo de autoaniquilación será estímulo suficiente para que rompamos paradigmas y acabemos con la inercia y el conservadurismo de siempre?

*Profesor del área de Entorno Político y Social de IPADE Business School.