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Selvas de Hopelchén, aniquiladas

JOAQUÍN VARGAS AKÉ. POR ESTO.

Agricultura intensiva de granos forrajeros colocó al municipio chenero a la cabeza de los sitios más deforestados del país / Gobierno fomentó este modelo de desarrollo agropecuario / Dueños originales de la tierra pronto pasarán a jugar el papel de empleados

HOPELCHEN, Cam., 3 de febrero.- Tener como hábitos fundamentales la religión y el trabajo ha resultado para los menonitas un fórmula infalible para progresar. Aunque llegaron a Campeche hace tres décadas, actualmente son los propietarios de enormes extensiones de tierra en Los Chenes, donde convirtieron amplias superficies de selva de alto valor biótico en terrenos para el cultivo de granos forrajeros, cuyo destino es la exportación, principalmente.

Organizaciones como Green Peace, Global Forest Watch y activistas locales, como el Colectivo Maya de Los Chenes, desde hace dos lustros, han tratado de llamar la atención sobre el grave problema de deforestación que está teniendo lugar en el municipio de Hopelchén, donde la selva ya fue aniquilada.

Actualmente, el municipio de Hopelchén se encuentra en los primeros lugares a nivel nacional como productor de maíz, sin embargo, este reconocimiento ha tenido un elevado costo, pero además, en su afán de trascender en lo estadístico, los gobiernos no precisan que la mayor parte de la superficie cultivable ya no es la del sector campesino tradicional, sino de las comunidades menonitas que han crecido exponencialmente.

Tampoco se dice que se han talado enormes extensiones de selva para establecer monocultivos intensivos, que tras su cosecha son enviados fuera del estado y que en las comunidades se fomenta el consumo de Minsa y Maseca, en vez del maíz tradicional.
Y, lo más grave, que ya tiene lugar una regresión histórica grave, debido a que los propietarios originales de las tierras ya no lo son y que éstos poco a poco han comenzado el rol de empleados de quienes hace algunos lustros habían llegado como refugiados económicos.
En noviembre del 2017, la publicación digital SinEmbargo publicó que Campeche era el estado más deforestado de toda la Península de Yucatán, con 54 mil 761 hectáreas de selva tropical perdida, o sea 22 por ciento del total deforestado a nivel nacional.
En la publicación se precisó que Campeche, junto con Quintana Roo, Yucatán y Chiapas, perdieron 150 mil hectáreas de selvas en un año, que es casi el total de lo que mide la Ciudad de México.
Para el año siguiente, la Asociación Civil Reforestemos México publicó que Quintana Roo había perdido el 57 por ciento de selvas y bosques en los últimos 45 años, sobre todo por incendios forestales, huracanes, actividades agropecuarias y sobreexplotación maderable. La pérdida del estado vecino, que actualmente tiene la mayor tasa de deforestación, fue evaluada en un millón 725 mil 600 hectáreas.
Pero mientras Quintana Roo habría desplazado a Campeche en el tema de la deforestación, la realidad es que en nuestra entidad se encuentra el que sigue llevándose el título del municipio más deforestado: Hopelchén, según aseveración del Colectivo Maya de Los Chenes.Gritos en el desierto

Desde el 2015, el portal Ecosfera publicó un trabajo periodístico en el que Greenpeace México, Indignación, Promoción y Defensa de los Derechos Humanos, Muuch Kambal, Colectivo Apícola de Los Chenes, etc., dan a conocer que Hopelchén, una de las últimas y más importantes selvas de México, estaba siendo deforestada alarmantemente, sobre todo debido al cultivo de soya transgénica y convencional.

Según datos de The Nature Conservancy (TNC), han sido deforestadas en la Península de Yucatán unas 80 mil hectáreas anuales; sólo en el 2013, desaparecieron más de 38 mil hectáreas forestales en ese estado. Por su parte, específicamente en Hopelchén, entre el 2000 y el 2008 se perdieron casi 22 mil 300 hectáreas, precisó la publicación.

La apertura de áreas agrícolas implica no sólo la destrucción de la selva, también se realizan prácticas de nivelación del terreno que incluyen rellenar cuerpos de agua (conocidos como aguadas) y drenar zonas inundables a partir de la perforación de pozos de absorción. Esto afecta enormemente el flujo de agua superficial en el territorio y afecta la disponibilidad de agua para la fauna silvestre.

Las advertencias de los mencionados grupos nunca fueron escuchados; por el contrario, inexplicablemente fue autorizada una enorme cantidad de permisos para extraer del subsuelo agua para el uso agrícola. Incluso, a los agricultores intensivos se les ha permitido hacer uso de técnicas como el riego por inundación, a pesar de que en esta región no está permitido.

Mantener los cultivos intensivos demanda el uso de enormes volúmenes de fertilizantes, plaguicidas y pesticidas, cuyos residuos terminan combinándose con el agua de riego, la cual se acumula en la superficie del terreno, causando situaciones desfavorables para los agricultores, quienes han solucionado su problema perforando pozos de absorción para “desaparecer” el líquido contaminado, acción con la que terminan envenenando los acuíferos subterráneos.

Recientemente, la comunidad de Ich-Ek denunció que menonitas han construido diez pozos de absorción en más de 3 mil hectáreas de tierras mecanizadas, que utilizan para sembrar soya en terrenos aledaños a San Juan Bautista Sahcabchén.

Los vecinos de los menonitas exigieron a las autoridades inicien la investigación respectiva, ya que temen que tenga lugar una severa contaminación del manto freático.

Las prácticas agrícolas de los pueblos mayas no necesariamente han servido para fomentar grandes fortunas, ya que lo que se producía siempre había tenido como destino el mercado interno y autoconsumo, por lo que hasta cierto punto era amigable con el medioambiente.

Los productores locales nunca pudieron rivalizar en propósitos a los avecindados. Sin recibir subsidios importantes e incapaces de consolidar sus empresas sociales, los productores tradicionales jamás podrán competir con un grupo social mejor organizado como el menonita.

Sin embargo, nuestros pacíficos e industriosos avecindados, sin lugar a dudas, tienen también un apetito inagotable de tierras y riquezas, ya que incluso no ha dudado en abandonar algunas de sus atávicas costumbres como el rechazo a la tecnología, para seguir expandiéndose a lo largo y ancho de Los Chenes.

Por su parte, las autoridades no se han dado cuenta que en poco más de 30 años fomentaron en Hopelchén una economía segregacionista, donde el desplazamiento del poblador original y el empobrecimiento del medio ambiente por el abuso de los recursos naturales ya están generando graves problemas de índoles social y ambiental.

Y cuando los empobrecidos suelos de Campeche ya no generen las utilidades esperadas, los industriosos y pacíficos menonitas no dudarán en continuar su peregrinar. De antemano, desde que llegaron a Hopelchén, esta etnia europea anabaptista nunca pensó en el arraigo, ya que sus primeras utilidades fueron usadas para establecerse en varios países de Sudamérica.

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