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22 de febrero de 2007

Cultivo de rana toro, negocio con potencial

     
                       
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DIANA BRISEÑO. FINSAT. MÉXICO. Debido a la creciente demanda de la rana toro por parte del mercado estadounidense, su cultivo se ha vuelto un negocio prometedor para las granjas acuícolas del Estado de México, que producen anualmente 52 toneladas del anfibio.

Alejandro Lili, jefe del Centro Acuícola La Paz, en el Estado de México, indicó que debido a la extinción de la especie en su hábitat natural, hay un déficit estimado en el mundo de más de seis mil toneladas por año.

La rana toro, que recibe ese nombre por el sonido que emite el macho en la época de apareamiento, parecido al bufar de un toro, fue introducida a México desde Estados Unidos, país considerado el principal consumidor mundial de su carne.

La carne de este anfibio cuenta con un 96 por ciento de asimilación para el hombre, lo que la hace más digerible que el pescado, cuyo porcentaje de digestibilidad es del 70 por ciento, apuntó Lili.

De acuerdo con algunos estudios en la Unión Americana, se trata de un alimento que no contiene colesterol, y puede ser consumido por bebés o personas de la tercera edad.

El Estado de México es la única entidad en el país que cuenta con instalaciones de este tipo, remarcó, ya que la Secretaría de Desarrollo Agropecuaria estatal ha creado un paquete tecnológico que ayuda a los productores a establecer las condiciones que necesita la especie para su reproducción y crecimiento.

En el Centro Acuícola La Paz se manejan las crías que son entregadas gratuitamente a las comunidades o a las pequeñas empresas familiares que decidan emprender esta actividad. Sus instalaciones incluyen invernaderos con estanques para cada una de las fases de metamorfosis, del anfibio. En un sistema como éste, una rana produce de cuatro mil a diez mil huevos al año.

En la medida que los ranicultores mexicanos adopten un mayor nivel de tecnología, podrán expandir el mercado. El consumo de casi el 100 por ciento de la producción se hace en las comunidades cercanas a la cuenca del Río Lerma, debido a la tradición prehispánica, aunque una pequeña parte del producto se envía a restaurantes elegantes de otros estados, en donde se elabora comida europea.

El Estado de México cuenta con 14 centros criadores de rana toro, que en promedio obtienen una relación costo-beneficio de 30 centavos por cada peso que invierten. De acuerdo con Lili, con un capital inicial cercano a los 450 mil pesos, en infraestructura y capital de trabajo, se podría obtener una cosecha de ranas anual de tres a siete toneladas.

Otro mercado para el anfibio es el curtido de su piel para la elaboración de zapatos, monederos, cinturones y chamarras. “Se trata de una piel de alta calidad y resistencia, por lo que empresarios de Guanajuato se han interesado en ella”, preciso el directivo.

Por otra parte, Mario Hernández, ranicultor dueño de la granja Ranita los Cotones, ubicada en San Pedro Tlaltizapán, dijo que a pesar de lo que piensa mucha gente, la rana se come en su totalidad, “no sólo las ancas”.

En su negocio, donde el kilo de rana se vende a 120 pesos, se ofrece a los clientes un recetario con 24 platillos a base del anfibio, entre los que sobresale la “rana en salsa verde”, la cual se prepara con una hierba llamada vinagreta; incluso se puede comer con todo y piel.

Los especimenes se venden de preferencia cuando pesan entre 250 y 350 gramos, aproximadamente de cuatro a seis meses de edad.

Agregó que se debe buscar la forma de informar a la población de los beneficios de este alimento, “en la actualidad quienes consumen ranas son las personas humildes que las cazan, con el riesgo de adquirir enfermedades, o las adineradas que pagan por ellas en los restaurantes de alta cocina”.

COSECHAS DE CARPA Y TRUCHA

Alfredo Aranda Ocampo, director de acuacultura de la Secretaría de Desarrollo Agropecuario del Estado de México, indicó que la producción acuícola en sistemas controlados de las 14 entidades mexicanas que no cuentan con litoral suma cerca de 30 mil toneladas de especies como trucha arco iris, bagre, carpa común y rana toro. Sobresale entre estos productores el Estado de México, con siete mil 300 toneladas del total, explicó.

De acuerdo con el funcionario, las principales cosechas anuales son, por volumen, la de la carpa común con cuatro mil 300 toneladas, y por monto, la trucha arco iris, con dos mil 200 toneladas anuales, debido a que se trata de un producto de mayor costo en producción y en venta, con un precio promedio en los lugares de crianza de 60 pesos el kilo.

Remarcó que el gobierno estatal trabaja para impulsar la actividad acuícola entre las comunidades de pocos recursos, debido a que la industria ha presentado un crecimiento anual del 5.3 por ciento, “a la par del mercado mundial”, aseguró.

Además, el potencial de desarrollo en la entidad se debe en gran parte a que cuenta con 21 mil hectáreas inundadas y ocho mil 859 embalses. Existen 350 granjas de producción intensiva, de las cuales 330 son de trucha arco iris; hay 33 organizaciones de productores y tres mil acuicultores.

En suma, el mercado de la producción primaria acuícola representa en la entidad cerca de la generación de 300 millones de pesos, “lo cual seguramente se duplica si analizamos todos los generadores económicos de los centros de atención turística que tenemos en Valle de Bravo, Malinalco, La Marquesa y Villa del Carbón”.

Aranda aseveró que el gobierno estatal destina cerca de siete millones de pesos en apoyos a los pequeños acuicultores, entre los que se encuentran la producción de 24 millones de crías de siete especies y su distribución gratuita al año; apoyos para mejoras tecnológicas; asistencia técnica; y creación de nuevas granjas.

Este monto se eleva a entre 10 y 12 millones cuando se le suma el presupuesto aportado por la Federación por medio de la Alianza por el Campo. Remarcó que uno de los principales retos para la actividad es el generar una cultura del consumo de pescado entre la población, ya que en nuestro país el consumo per cápita anual es de sólo 12 kilos y “podría estar en disminución, mientras que en Finlandia llega a 82 kilos y en Japón a 40 kilos”.



 
 

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