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Agronegocios / Jalisco
8 de julio de 2008

Los claroscuros en la industria del tequila

     
                       
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22 por ciento de los empleos corresponden a la parte industrial y el restante 78 por ciento al campo. Según los datos proporcionados por la Cámara de la Industria del Tequila, la rama genera casi 35 mil empleos directos.

No hay duda de que actualmente el tequila está ganando posiciones en los mercados internacionales. Con un crecimiento anual promedio del 17.4 por ciento desde 2003, hoy por hoy es una de las bebidas alcohólicas que mayor crecimiento tiene en México y en el mundo.

A simple vista pareciera que la industria goza de excelente salud y que la Diosa Mayahuel, símbolo de la fertilidad de la tierra entre los antiguos mexicas, al ser convertida en maguey está brindando a los hombres los dones necesarios para sobrevivir.

Por supuesto que este crecimiento necesariamente tiene que estar apoyado en un incremento de las plantaciones de agave tequila Weber variedad Azul, la única materia prima permitida por la Norma Oficial Mexicana para utilizarse en la fabricación del tequila. Pero el Dios Tezcatlipoca, el Señor de la noche, el que incita a unos contra otros para que tengan guerras, y el que da y quita cuando se le antoja, también puede destruir el regalo de la Diosa Mayahuel a los humanos.

En esta etapa de crecimiento de las ventas del tequila, Tezcatlipoca parece estarse ensañando contra los agaveros. En la cadena productiva del tequila no se ha logrado un equilibrio entre la oferta y la demanda de agave, presentándose períodos de sobre oferta y períodos de escasez, con la consecuente oscilación de precios del agave en perjuicio, principalmente, para los eternos olvidados no sólo en esta industria sino en todas las de nuestro país: los agricultores.

Según los datos proporcionados por la Cámara de la Industria del Tequila, la rama genera casi 35 mil empleos directos, de los cuales el 22 por ciento corresponden a la parte industrial y el restante 78 por ciento al campo. De esta manera 27 mil familias dependen de los caprichos de la oferta y demanda de agave para vivir. El auge no sólo no los ha beneficiado, sino que los ha perjudicado. Miles de agricultores agaveros tomaron el riesgo de sembrar al ver que entre los años de 2000 y 2003 los precios del kilo de agave estaban por las nubes, pues una sola cosecha les daría el dinero suficiente para tener una seguridad económica el resto de sus vidas.

Así se incrementó de manera exponencial la siembra de agave. Atraídos por la fiebre del “oro verde” miles de campesinos se lanzaron a la aventura, sin tomar en cuenta la demanda real por parte de las fábricas tequileras. La industria requerirá en 2008 cuando mucho unas mil 274.8 toneladas de agave para satisfacer la optimista demanda de 350.5 millones de litros de tequila.

El agave azul es una planta de la familia de las cactáceas que tienen la característica de adaptarse a tierras semiáridas, por lo que es una gran almacenadora de agua. Sembrada en tierras muy húmedas absorbe más agua de la que requiere para su subsistencia y se convierte en presa de plagas y contaminaciones. Su período de maduración es de seis a ocho años, por lo que durante 2008, la industria estará consumiendo agaves sembrados entre 2000 y 2002, principalmente los sembrados en 2001.

Según el inventario de plantas sembradas, contabilizadas por el Consejo Regulador del Tequila, en ese año se sembraron 71 millones 661 mil 175 plantas, a las que habría que restarles el 20% que se pierde en el largo período de siembra-cosecha. O sea que se tendrían aproximadamente mil 719.8 toneladas ofertándose en el mercado, casi un 35% de excedentes. El Plan Estratégico de la Industria Tequilera (Cámara Nacional de la Industria Tequilera, 2007) reconoce que entre 2007 y 2010 se tendrá un excedente de 3.3 millones de plantas. Pareciera que Tezcatlipoca le está ganando la partida a Mayahuel y que las 27 mil familias que dependen de la siembra y cosecha del agave están condenadas a la precariedad.

Esta situación no es nueva para los agaveros. Ha venido repitiéndose cíclicamente aproximadamente cada 10 años. Hasta antes de 1964, todo el tequila consumido en México y el mundo estaba destilado exclusivamente con mieles provenientes del agave azul, nuestros abuelos disfrutaban sólo tequila 100% agave. Ese año, a raíz de un período de escasez, los industriales solicitaron y obtuvieron de las autoridades una disminución en el contenido de agave para que la bebida siguiera llamándose tequila, en este año apareció la segunda categoría de ésta: el tequila con un contenido del 70% de agave azul y 30% de otro tipo de azúcares.

La segunda modificación a la Norma, en lo que a contenido de agave se refiere, ocurrió diez años después. De nuevo se atribuye a otro período de escasez de agave la presión de los tequileros por disminuir aún más el contenido de éste, lo que permitió que el tequila pudiera destilarse solamente con un 51 por ciento de mieles provenientes del agave azul. Cada vez que se revisa la Norma (por ley tiene que hacerse cada cinco años) hay presiones para disminuir más el contenido, sin que, afortunadamente, esas presiones hayan prosperado.

Sin embargo, el ciclo también tiene grandes periodos de sobreoferta. En 1995 nació el Barzón agavero respondiendo a una baja en el precio del agave. El conflicto derivó no sólo en plantones y manifestaciones de agaveros por las calles de Guadalajara, pues desembocó en algunos hechos violentos: toma de fábricas, destrucción de instalaciones, ataques a funcionarios públicos y a edificios de la ciudad. En aquél entonces el agave se cotizaba a 0.45 pesos el kilogramo. Fue hasta 1997 cuando aparentemente se solucionó el conflicto, cuando el Barzón llegó a un acuerdo con las autoridades, y se fijó el precio en 0.85 pesos el kilo de agave.

En 1999, la materia prima empezó a escalar precios hasta llegar a cifras verdaderamente exorbitantes entre 2000 y 2003. En esta etapa el agave se llegó a cotizar hasta en 18 y 20 pesos el kilo. Estos precios fueron los que impulsaron la siembra y por ende la sobreoferta de agave que estamos viendo ahora.

Sin embargo, la sobreoferta no durará para siempre. Ya hay indicios de que estamos a dos o tres años de una nueva escasez. El número de plantas sembradas entre 2004 y 2007 ha venido disminuyendo paulatinamente. Muy pronto el problema se revertirá y los tequileros sufrirán de nuevo con los altos precios del agave.

Es importante destacar que el tequila 100% agave nunca ha desaparecido del mercado, y para beneplácito de algunos es la categoría que más crecimiento ha tenido, llegando a superar, durante el primer cuatrimestre de 2008, la producción del llamado tequila mixto. De continuar esta tendencia de mercado el problema disminuirá un poco, pero no se solucionará por completo.

La pregunta que todos nos hacemos es: ¿por qué no se ha logrado el equilibrio entre la oferta y la demanda de agave? En primer lugar, influyen mucho las bajas barreras de entrada a la siembra de agave. El sistema macroeconómico y la situación estructural de la industria dificultan una verdadera planeación a largo plazo. ¿Cómo seleccionar a los agricultores que deben sembrar? ¿Quiénes quedarán fuera del negocio? Asimismo, otros agentes económicos vinculados con la cadena productiva también tienen sus propios intereses que proteger: los coyotes, los dueños de marca y los comerciantes, por ejemplo. Todos ellos contemplados dentro de la ley, sin embargo algunos de los intereses de estos agentes se contraponen a los intereses de agaveros o tequileros.

En estas condiciones, la industria del tequila no impulsaría mucho el desarrollo de las regiones productoras. La ventaja comparativa que le otorga la Denominación de Origen se diluye entre tantos problemas como los descritos. La solución sería “profesionalizar” todos los eslabones de la cadena productiva. Una labor titánica sin duda.

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Según los datos proporcionados por la Cámara de la Industria del Tequila, la rama genera casi 35 mil empleos directos, de los cuales el 22 por ciento corresponden a la parte industrial y el restante 78 por ciento al campo. De esta manera 27 mil familias dependen de los caprichos de la oferta y demanda de agave para vivir.



 
 

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