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2 de mayo de 2011

Tras un legado maya, científicos de la UNAM

     
                       
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Tras un legado maya, científicos de la UNAM

RAÚL SERRANO. AGENCIA ID. Por años, las flores han colaborado en procesos químicos de diversas industrias, por ejemplo, al aportar olores a los productos de perfumería; asimismo, se han hecho diversos estudios para obtener de ellas sus colores para la industria de los alimentos, pues en gran medida depende de ellos para cautivar al consumidor final.

Lo anterior ha cobrado mucha importancia en años recientes debido a que organismos internacionales han impuesto restricciones para el uso de colorantes de tipo sintético, pues contienen metales pesados que son altamente tóxicos y que no pueden emplearse en industrias como la farmacéutica, alimenticia, cosmética y textil. En la búsqueda de sustitutos naturales, un equipo de científicos del Instituto de Investigaciones en Materiales (IIM), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), empleó un proceso químico utilizado por los antiguos mayas para obtener exitosamente pigmentos no tóxicos de la bugambilia, flor muy popular en nuestro país.

El desarrollo obtuvo la patente por parte del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial en diciembre de 2010 y ha sido publicado por diversas revistas científicas de impacto internacional.

Conocimiento prehispánico de aplicación actual

El azul maya es un compuesto de materias inorgánicas y orgánicas derivadas de las hojas del añil (Indigofera suffruticosa); este pigmento ha resistido el paso del tiempo, condiciones climáticas, la biodegradación y solventes químico modernos, por lo cual ha sido de interés para arqueólogos y científicos de nuestro tiempo. Los mayas lo utilizaban para pintar objetos de cerámica que eran arrojados al agua como ofrendas al dios de la lluvia Chaac.

Por otra parte, los investigadores Pedro Bosch y Enrique Lima del IIM eligieron a la bugambilia (bougainvillea glabra), para aprovechar su gran variedad de matices implementando el método maya; el objetivo era retener la betalaína (molécula que le da el color a esta flor) y que no se degradara. El doctor Pedro Bosch Giral, uno de los directores del proyecto, explica que el azul maya inspiró su trabajo de estudio porque es un pigmento índigo especialmente resistente y de matices turquesa particulares. “Lo descubrieron los mayas y consiguieron `atraparlo’ en los poros de una arcilla llamada paligorskita. Entonces quisimos retener el color de la bugambilia siguiendo esa receta, y logramos encontrar el mineral adecuado, es decir, un mineral con suficientes sitios que actúen como ácido y base para atraer los grupos polares de la betalaína”.

El científico de la UNAM puntualiza que al inmovilizar la betalaína en la superficie de la paligorskita se inhibe su oxidación, la cual hace que pierda su color la bugambilia. Este compuesto “retenido” es un pigmento hidrosoluble cuyas características tecnológicas han sido aprobadas por la Agencia de Alimentos y Drogas (FDA por sus siglas en inglés) en Estados Unidos, y en México por la Secretaría de Salud, para su uso en alimentos y cosméticos; su coloración va del rojo al amarillo.

Los doctores Pedro Bosch y Enrique Lima iniciaron el proyecto en la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, y lo terminaron y patentaron en el IIM; la solicitud de la patente de “Pigmentos naturales a base de flor de bugambilia y sus procedimientos de obtención” fue presentada en 2009 por Bosch y Lima y obtenida un año después.

El doctor Bosch Giral detalla que el pigmento logrado se puede contemplar como un “recipiente” de color. “El mineral empleado es una especie de caja de la cual se puede extraer el color natural. Así, una de las aplicaciones interesantes puede ser disponer de estos colores para la industria alimenticia, ya que así como se `guarda’ la molécula de betalaína en el soporte óxido se puede `sacar’ y disponer de ella. Otra de las ventajas es que se extrae en medio acuoso-alcohol, es decir, como una tinta, pero se estabiliza en un sólido pudiéndose usar entonces como un pigmento, disperso en un medio orgánico o acuoso”.

El equipo científico ha realizado estudios en los que utiliza como fuente de color a la flor de jamaica y al añil para producir pigmentos rojos y azules, respectivamente. “Las flores no solo son olor, también son color, como la bugambilia; la industria del olor, o sea la perfumería, se ha desarrollado enormemente y no así la de los colores naturales obtenidos a partir de las flores.”, concluye el investigador de la UNAM.



 
 

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