ELIO HENRÍQUEZ. CUARTO PODER…
La producción intensiva de flores desde hace casi tres décadas en el municipio de Zinacantán, ha cambiado las condiciones materiales de vida de una buena parte de sus más de 30 mil pobladores y los ha marcado culturalmente al modificar el diseño de su vestimenta tradicional; en lugar de los venados y conejos, ahora la adornan con flores.
Según datos de productores y autoridades municipales, entre el 70 y el 80 por ciento de la población está involucrada en la floricultura mediante la producción o la comercialización, lo que ha ocasionado la sustitución del monocultivo del maíz que requiere de mayores extensiones de tierra para su cosecha.
Ese municipio tzotzil, ubicado a diez kilómetros de San Cristóbal de Las Casas, se ha convertido en un modelo de la floricultura, y sus flores se venden en varios estados del sureste del país, e inclusive en la Ciudad de México, aunque no existen datos oficiales acerca de la cantidad que producen ni los ingresos que obtienen, debido a que argumentando usos y costumbres no proporcionan información a las autoridades por temor a la fiscalización hacendaria.
Rafael Díaz Madrid, director de proyectos municipales y uno de los productores más exitosos, dijo que los pioneros de la producción en invernaderos en 1983 fueron los hermanos Mariano y Antonio Hernández, originarios de la cabecera municipal, ya fallecidos.
"Cuando empezaron el cultivo, los demás habitantes dijeron: ’están locos, cómo van a vivir de las flores’, y de repente fueron apareciendo invernaderos rústicos de madera y plástico por todos lados, al grado de que entre el 70 y el 80 por ciento vivimos de este cultivo; comunidades enteras se dedican a la floricultura", afirmó en entrevista.
"Desde lejos se ve blanquear en todas las comunidades por los plásticos claros de los invernaderos", especificó.
En la cabecera y varias comunidades, se observan cientos de invernaderos rústicos y tecnificados; algunos construidos en extensiones de mil metros cuadrados, cuentan con estructuras modernas que tienen un costo de más de 300 mil pesos, pero con dos cortes de rosas a la semana pronto sus propietarios recuperan la inversión.
Díaz Madrid manifestó que la rotación de cultivo se dio por el fracaso de la desaparecida Comisión Nacional de Fruticultura (Conafrut) en la siembra de árboles frutales, que fueron derribados para sembrar flores que ahora se producen en alrededor de tres mil viveros rústicos o modernos y tecnificados.
Comentó que son las rosas, en diferentes variedades y colores, las que más se cultivan, con predominio de la roja que "tiene buen mercado".
Aseguró que la producción de flores ha cambiado la vida de los zinacantecos. No existe un monopolio. Los invernaderos vinieron a sustituir la falta de tierra porque no tenemos, es escasa. Un invernadero se coloca en el cerro, pero otros cultivos son difíciles.
Aseveró Díaz Madrid "que los zinacantecos somos floricultores de corazón y por necesidad, porque ya se nos hizo parte de nuestra vida; las mujeres cuando bordan y tejen, su mentalidad está con la naturaleza y nuestra ropa va cubierta de flores porque convivimos a diario con ellas. La mayor parte de nuestra vida está relacionada con las flores; son parte de nuestra vida".
Subrayó: "Nuestras esposas e hijos está involucrados. Antes los dibujos en la ropa eran relacionados con la naturaleza: un venadito, un conejito, pero ahora nos olvidamos de eso y se le ponen flores diferentes: lilis, claveles, rosas, etcétera".
La floricultura, reiteró Díaz Madrid, "ya se quedó para siempre en Zincantán; costaría mucho cambiar la floricultora por otro cultivo porque da ingresos; es indudable que ha mejorado el nivel de vida de la gente, se han construido viviendas de mejor nivel, algunas modernas con diseños de flores.
Según el indígena, la floricultura "está relacionada con los dioses, con la deidad, con el mundo natural; es un medio que nos ponen nuestros dioses para que vivamos y comamos. Aquí vivimos de la flor".
Enrique Pérez López, investigador de temas tradicionales y orales y director del Centro Estatal de Lenguas, Arte y Literatura Indígenas (Celali), coincidió en que la floricultura "ha cambiado la vida en mejoras económicas a los zinacantecos y en el rediseño de su indumentaria".
Agregó: "Lo que empezó como un proyecto económico terminó siendo una apropiación cultural de la flor. Es darle un símbolo en la vida cotidiana a la flor. Aquí estamos viendo que las flores desde tiempos prehispánicos, desde las ritualidades, están presentes".
La flor, aseveró, "juega antes que nada una función ritual, simbólica de la existencia del hombre. En la cultura material, en la vestimenta, podríamos encontrar los diseños con motivos florales. Los bordados de ciertos huipiles o tocas ceremoniales que tienen que ver con plantas y flores. Se ha venido conservando esta permanencia de la flor en la vida ritual festiva y familiar".
Mariano Martínez Pérez, originario de Zinacantán e investigador sobre el tema en el Centro de Estudios Superiores de México y Centro América (Cesmeca), sostuvo que se necesita hacer un estudio a fondo para saber en qué medida han mejorado las condiciones materiales de los productores, aunque -remarcó- "es evidente que gracias a la floricultura se hacen visibles mejoras a viviendas, vehículos, bienes inmuebles, e inclusive para hijos de algunos productores, mejores oportunidades de estudio".
Expresó que "lo que se necesita ahora es que la gente vea a la floricultura como una empresa y no como un trabajo cualquiera en el que no se llevan las cuentas de cuánto se invierte ni cuánto se gana".
Manifestó que en contraste con los beneficios, la floricultura está causando un problema de contaminación ambiental por el "uso excesivo de agroquímicos para combatir las plagas, lo que traerá consecuencias para la salud de toda la familia".
Añadió: "De las investigaciones que he realizado he encontrado que la fumigación provoca mareos, ardor en la vista y resequedad en la garganta, pero la gente dice que desconoce qué efectos hay y dice que no está dispuesta a dejar la floricultura porque de eso vive".
Después de la producción y comercialización de flores, en Zinacantán otra de las actividades que generan ingresos importantes a las familias es la producción y venta de artesanías.
Juana Bernarda Hernández Gómez, líder de la cooperativa denominada "Mujeres sembrando la vida", dice que trabajan mucho en la elaboración de bolsas, chalinas y broches para el cabello. "Las chalinas son lo más moderno, más que la capa tradicional que usamos aquí, pero a la gente le gusta más la chalina".
Añade: "La venta de artesanías es muy importante, muchas mujeres ya viven de eso aunque sus esposos siempre trabajan también, pero muchas se dedican a la artesanía".
En entrevista señala que "hay muchas cooperativas y muchos grupos de artesanos que esperan al turista en sus casas, pero la cooperativa nuestra buscamos cuidar el medio ambiente: reforestar, construir fogones para la salud de la mujer porque es muy importante para nuestra comunidad y municipio donde ya estamos acabando con los árboles".
Hernández Gómez mencionó que: "La producción de flores es muy importante porque es el trabajo diario de muchos hombres, pero nosotras también ayudamos a la economía familiar con la venta de artesanías. Y nuestros trajes regionales llevan ahora muchas flores porque de eso vivimos y la gente quiere que se vean bonitas las flores en sus trajes". |