domingo , 18 noviembre 2018
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Trabajar en los campos de amapola, único ingreso económico en La Montaña

SALVADOR CISNEROS. LA JORNADA GUERRERO.
Trabajar en los campos de amapola, único ingreso económico en La Montaña
Foto: Salvador Cisneros Silva.
Berna, niño na savi de 10 años, después de clases se dedica a rayar y recolectar goma de opio, aunque desconoce para qué se utiliza

Berna es un niño na savi de 10 años que vive en las montañas, se levanta todos los días a las 5:30 de la mañana para alimentar a sus cerdos y chivos, su tesoro familiar, y, posteriormente, caminar cerca de 10 kilómetros para acudir a recibir clases en su escuela construida de láminas, madera y piso de tierra.

Esta es la historia de Berna, un relato que podría compartir con miles de niños indígenas de las zonas con mayor marginación en Guerrero y en México.

Su día comienza a las 5:30 de la mañana, y su primera actividad es alimentar a los chivos y cerdos, que son parte del tesoro familiar, y son utilizados para venderlos en caso de alguna enfermedad que amenace a los integrantes de la familia.

A las 8 de la mañana Berna regresa a su casa hecha de tablas, bloques de barro y techo de láminas, para almorzar. Después, con la mochila al hombro, camina 10 kilómetros para llegar a escuela. El recorrido dura unos 40 minutos.

Berna cursa el tercer año de primaria, en su salón tiene que compartir clases con niños de primero y segundo año, ya que para su escuela sólo existen destinados dos profesores, uno de ellos además es el director.

La escuela fue construida por los padres de familia con madera y láminas, tiene piso de tierra y butacas recicladas que fueron donadas por otras escuelas de comunidades indígenas cercanas.

Luego de salir de clases, Bernardino no pierde ni un instante para regresar a casa, pues sus deberes lo esperan, camina 10 kilómetros para llegar a su casa, dejar su mochila y caminar otro cinco kilómetros para cuidar a sus animales, durante el camino se toma unos minutos para disfrutar unos duraznos o manzanas silvestres.

Pueden pasar semanas e inclusos meses para que la familia de Bernardino pueda tener algún ingreso que van desde los 50 pesos hasta 200 pesos. Los ingresos de las familias no rebasan los 5 mil pesos al año, el dinero lo obtienen vendiendo los productos que da la tierra, en otras comunidades.

Por las condiciones sociales y económicas que vive su familia, Bernardino junto con su hermano Víctor de 13 años, tomaron la decisión de trabajar con uno de sus familiares en los campos de amapola, ganando 150 pesos al día rayando y recolectando goma de opio.

Su cuerpo pequeño le permite caminar entre las plantas de amapola, poder rayar y recolectar la goma que segrega la planta; Berna dice que no sabe para qué se ocupa la goma, sólo piensa en el dinero que puede ganar para ayudar a su familia.

A los 8 años Bernardino sufrió una caída cuando jugaba con sus primos, lo que le provocó una fractura del hueso en el brazo izquierdo que no fue atendida por no tener un hospital cercano o dinero para ser trasladado a la cabecera municipal.

Sus padres le colocaron dos pedazos de madera y lo amarraron con hilo para que el hueso pegara por sí solo. Berna estuvo en cama más de dos meses, y el no tener atención adecuada le generó una deformidad en su brazo.

Bernardino no piensa en su futuro, en su comunidad solo existe un preescolar y la primera multigrado en la que estudia, cuando termine seguramente tendrá que migrar a los Estados Unidos como alguna vez lo hizo su padre, sus tíos y sus primos.

Las carencias económicas y alimentarias en las que vive la mayoría de las familias indígenas na savi no ha permitido que ningún joven de su comunidad haya logrado terminar una carrera profesional.

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