sábado , 16 diciembre 2017
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Un gran reto para la humanidad

COMUNICADO DE PRENSA DE LA SEMARNAT.

La desertificación puede hipotecar el futuro de un país: FAO.

Factores naturales, pobreza y subdesarrollo acrecientan las superficies devastadas en los cinco continentes.

Organismos internacionales instan a recuperar las tierras asediadas por la degradación de los suelos.

Cuanto mayor sean la pobreza de la población y el subdesarrollo, más graves serán las consecuencias de los efectos de la desertificación que pueden llegar incluso a hipotecar el futuro de un país, advierte la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), y señala que será más crítica la situación si se suman difíciles condiciones naturales, especialmente las climáticas.

En ese escenario se encuentran 110 países, incluido México, donde el impacto de la desertificación de las tierras es mayor desde mediados de los noventa, al registrar en conjunto una pérdida anual de 12 millones de hectáreas de tierra productiva. Hoy día, 168 naciones, algunas desarrolladas como España, sufren una severa degradación de sus suelos, con un costo global de 42 mil millones de dólares de ingresos y la pérdida de 20 millones de toneladas de granos cada año.

Desde 1992, los asistentes a la Cumbre de la Tierra advertían sobre esa creciente degradación, evidente en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas del mundo. Un cuarto de siglo después, el alcance del fenómeno multifactorial afecta de manera directa el bienestar de mil millones de seres humanos de los cinco continentes y, además, amaga la biodiversidad global.

Ante esta problemática, en 1994 se creó la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, vigente a partir del 17 de junio de 1996, fecha que los 194 países miembros conmemoran como el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía para recordar que de la calidad de los suelos dependen la biodiversidad y la alimentación de miles de millones de personas, y apurar acciones que frenen la devastación y generen resiliencia.

La  magnitud del desastre demanda la inaplazable atención de todas las naciones, pues más del 44% del total de los cultivos mundiales se desarrollan en las tierras secas, catalogadas entre los mayores contribuyentes de la reserva alimentaria mundial. Al ritmo actual de degradación, en 30 años podría presentarse un grave déficit alimentario global si tomamos en cuenta que en 2050 la demanda de comestibles se incrementará en un 60%, según previsiones de la FAO.

Un conjunto de causas naturales y antropogénicas generan el proceso de desertificación: en tierras secas, las causas primeras engloban la vulnerabilidad de los suelos generada por el clima actual que a su vez repercute en la erosión física y mecánica y en la degradación química y biológica mediante la radiación solar, el viento y las lluvias, y el relieve, que agrava la erosión hídrica y eólica. En zonas subhúmedas, la menor influencia climática es clave ante la vulnerabilidad a los procesos de desertificación antropogénicas, pero la textura, estructura y riqueza biológica y química del suelo, lo mismo que la vegetación natural, son determinantes.

La población de los países pobres sobrevive apremiada por la subalimentación y la malnutrición, y con un fardo de carencias económicas, educativas, técnicas, financieras y organizativas, realizan cultivos en suelos frágiles o expuestos a la erosión hídrica o eólica; sobrepastoreo, uso descontrolado del fuego para la resiembra y tala de árboles que ayudarían a evitar la degradación de las tierras.

Profundamente preocupada por el agravamiento de la desertificación en todas las regiones y sus devastadoras consecuencias para el logro de la erradicación de la pobreza y la sostenibilidad ambiental, uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la ONU declaró el Decenio de las Naciones Unidas para los Desiertos y la Lucha contra la Desertificación (2010- 2020), con el fin de impulsar acciones que protejan las tierras vulnerables a la degradación e impulsar cambios críticos que mejoren su capacidad para contribuir al bienestar de la humanidad a largo plazo.

La Convención signada ya por 194 países en vías de desarrollo y desarrollados, incluye compromisos nacionales específicos para emprender acciones concretas frente a un tema de manejo sustentable de los recursos naturales que revela que una mayor degradación de las tierras evidencia la ruptura del equilibrio entre los ecosistemas y el sistema socio-económico.

México suscribió la Convención de la ONU de Lucha contra la Desertificación desde 1994 y la ratificó en 1995. Sin embargo, el panorama no es halagüeño para nuestro país. Un informe de la CONAFOR revela que en términos absolutos la población mexicana debajo del umbral de pobreza se incrementó de 15.9 millones a 17.0 millones de personas entre 2008 y 2010, y que cada año emigran entre 300 mil y 400 mil personas, dejando atrás terrenos poco productivos que ya no sustentan a las familias.

En 2003, la SEMARNAT reportó que la degradación del suelo afectaba ya 88 millones de hectáreas en el país, 45% de la superficie nacional, en grados que iban de ligera a moderada, severa y extrema. La degradación ocasionada tanto por causas naturales como antrópicas alcanzaba entonces al 70% del territorio.

Desde 2005 la CONAFOR es punto focal de la Convención en México y como tal organizó ese año el Sistema Nacional de Lucha contra la Desertificación y la Degradación de los Recursos Naturales, presidido por la SEMARNAT. Apoyada en un grupo multisectorial, preparó en 2010 la Estrategia Nacional de Manejo Sustentable de Tierras y en 2012 actualizó el Plan de Acción Nacional para Combatir la Desertificación.

Recientemente, en Pánuco, Zacatecas, la SEMARNAT y la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), con el auspicio de la FAO, iniciaron la instalación de comités de gestión territorial en las microrregiones Mixteca Oaxaqueña; Pánuco, Zacatecas, y Valle del Mezquital, Hidalgo, donde se impulsa el Programa de Manejo Sostenible de Tierra (ProTierras), que beneficiaría  a 38 mil personas y reduciría la degradación del suelo mediante la adopción de un modelo de gestión sostenible de tierras.

La SEMARNAT, a través de la CONAGUA, y la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), por medio de la Conaza, son las instancias encargadas de crear programas de prevención e investigación sobre la desertificación.

A siete años de iniciado el Decenio de las Naciones Unidas para los Desiertos y la Lucha contra la Desertificación, es prudente realizar un ejercicio autocrítico de las partes de la Convención para revisar y, en su caso, impulsar o modificar las estrategias que les permitan alcanzar objetivos tendientes a crear conciencia sobre la degradación de las tierras y la sequía; examinar los resultados de las tareas realizadas para sensibilizar a sociedades y gobiernos, así como explorar qué estados miembros y organismos multilaterales han podido apoyar sus iniciativas, con el fin de apuntalar aún más sus programas de acción.

SEMARNAT trabaja estrategia nacional para detener la degradación de tierras

En el marco del Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía, la Semarnat, a través de la Subsecretaría de Fomento y Normatividad Ambiental y de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) llevaron a cabo un taller para establecer metas voluntarias de neutralidad de la degradación de tierras en México.

El término se refiere a las prácticas de “Gestión sostenible de la tierra”, como agroforestería y agricultura de conservación, así como acciones de rehabilitación y actividades de restauración del ecosistema, que pueden ayudar a recuperar la capacidad productiva de las tierras afectadas por una mala gestión.

El subsecretario de Fomento, Cuauhtémoc Ochoa Fernández, y el director general de la Conafor, Jorge Rescala Pérez, acompañados por Miguel Ruiz Cabañas, subsecretario para Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos de la Secretaría de Relaciones Exteriores, inauguraron el encuentro con el que se busca concentrar los esfuerzos en favor de incrementar la productividad económica y ambiental de la tierras en México, en preparación para la formulación de una estrategia nacional en la materia, alineada también con la Estrategia Nacional sobre la Biodiversidad de México y su Plan de Acción al 2030.

Luego de agradecer la presencia de la Conafor, de la Secretaría de Relaciones Exteriores, de actores de la academia y de la sociedad civil, el Subsecretario Cuauhtémoc Ochoa señaló que la degradación de las tierras es un tema de importancia fundamental y de supervivencia, incluso ya está considerado como problema de seguridad alimentaria por la Organización de las Naciones Unidas.

En este contexto precisó que la estrategia para neutralizar la degradación de las tierras al 2030, junto con la estrategia nacional sobre biodiversidad de México integran un binomio que nos ayudará a establecer acciones oportunas que eviten impactos indeseados. “En esta labor, la sociedad civil organizada, el sector privado, la academia y las comunidades locales son actores fundamentales”, enfatizó el funcionario federal.

En el encuentro fueron analizados distintos temas, entre ellos destacan las metodologías para medir la degradación de las tierras del país. Por parte del sector privado se expuso un caso exitoso que atiende esta problemática por parte de la Asociación de Pasticultores del Desierto. Se destacó que, en el marco de los compromisos nacionales e internacionales para alcanzar las metas fijadas por la Agenda 2030 del Desarrollo Sustentable, las tareas estarán enfocadas a la lucha contra la desertificación, la rehabilitación de suelos degradados y la procuración de una degradación neutra del suelo.

La inauguración del evento contó con la presencia de Eduardo Benítez Paulín, representante adjunto de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en México, de Gildardo López Tijerina, Coordinador de la Unidad Especializada de Análisis Financiero del Centro de Estudios para el Desarrollo Rural Sustentable y la Soberanía Alimentaria de la Cámara de Diputados, y de Andrew Rhodes Espinoza, Director General del Sistema Pronatura.

Otras exposiciones corrieron a cargo de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), de la Universidad Autónoma de Chapingo, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y de la Secretaría de Educación Pública, entre otros especialistas.

En 1995 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) designó el 17 de junio como el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación a fin de promover el conocimiento y la conciencia pública sobre la degradación de la tierra y la desertificación. Con el lema “Nuestra tierra. Nuestro hogar. Nuestro futuro”, la campaña mundial de este año busca resaltar la importancia de fomentar una tierra segura y sustentable que contribuya a revertir la actual ola migratoria de personas que abandonan sus terrenos a causa del deterioro e improductividad.

Por ello, la conmemoración constituye una oportunidad para reflexionar no solo sobre el coste de la degradación de la tierra, su impacto sobre la salud y los medios de subsistencia de millones de personas en todo el mundo, sino también para proponer acciones económicas y medioambientales con las que se puede prevenir o revertir este proceso.

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