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ZEE de Progreso: una oportunidad para el futuro de Yucatán

FRANCISCO J. HERNÁNDEZ Y PUENTE. LA JORNADA MAYA.

Negocios en una ZEE gozarán de beneficios fiscales, laborales, aduanales y regulatorios, detalla Ley.

Foto: puertosyucatan.com

Mérida, Yucatán.- Los dos Mauricios, Vila y Sahuí, se han montado en la obra de la administración del gobernador Rolando Zapata para llevar a cabo su campaña por la gubernatura de Yucatán. De ahí que no haya gran diferencia en el slogan que resume su propuesta para gobernar el estado: “Yucatán merece más” y “Yucatán primero”. No podría ser de otra manera, hoy se reconoce que a pesar de los grandes rezagos, disparidades y desigualdades en el crecimiento económico y social de la entidad, el trabajo de la gestión zapatista la ha colocado en una ruta de prosperidad a la que hay que darle continuidad. Y esa será, sin duda, la principal responsabilidad que adquiera cualquiera que gane la silla de gobernador.

Por lo pronto, son varias las áreas donde se notan logros alcanzados: en la producción agropecuaria, en la industria manufacturera, en el crecimiento del turismo, la seguridad de la entidad, la calidad de vida, entre otros; sin embargo, este impulso económico es muy reciente, incipiente, y sólo beneficia a unos cuantos. Todavía no da para convertir a la entidad en un enclave económico importante como lo están haciendo otras regiones del país que ya cumplen con un papel significativo en términos de su contribución al crecimiento nacional y al bienestar regional.

Los dos Méxicos

De hecho, la brecha económica entre el centro-norte del país y el sur-sureste, en lugar de haberse cerrado, se ha ampliado en los últimos años. Algunos indicadores así lo demuestran. El PIB por habitante a nivel nacional, por ejemplo, acumuló un crecimiento de 19 por ciento entre 2003 y 2015, pero Campeche y Chiapas acumularon una pérdida de 47 y 4.4 por ciento respectivamente. Y aunque Yucatán acumuló un crecimiento positivo de 26 por ciento en el mismo período, -junto con Oaxaca, con 20 por ciento-, entidades como Nuevo León y Sonora reportan incrementos superiores a los de los estados sureños. Aguascalientes, otro ejemplo, ha acumulado en el período de referencia un crecimiento de su ingreso por persona del 40 por ciento.

El ingreso por persona del estado de Yucatán en 2003 representaba el 50 por ciento del de Nuevo León, y el 83 por ciento del de Aguascalientes. Doce años después, el ingreso de los yucatecos es de sólo el 47 por ciento de los neoleoneses y de 75 por ciento de los hidrocálidos.

A estas alturas, ya para nadie es una novedad señalar que actualmente existen dos Méxicos: el moderno, rico, exportador, ligado a la globalización; el otro, de bajos salarios, de la economía informal, con altos porcentajes de pobreza extrema y analfabetismo. Por un lado, el centro y norte del país llevan varios años creciendo en materia económica y social, más que el sur-sureste, que se ha quedado atrás en temas de industria, educación, empleo y personal capacitado. A pesar de que Yucatán ha crecido exponencialmente en los últimos 15 años, atrayendo mayor inversión, todavía cuenta con un gran potencial para seguir desarrollándose.

ZEE de Progreso

Por ello, es de la mayor relevancia que durante el 2017, el gobierno federal y el del estado de Yucatán, dieran a conocer que el Puerto de Progreso se convertiría en una de las Zonas Económicas Especiales (ZEE) del sureste mexicano (Decreto de Declaratoria firmado por el gobierno federal y el de Yucatán, el 18 de diciembre de 2017), creadas con el objetivo de impulsar el desarrollo económico en los estados rezagados y con altos índices de pobreza extrema (de acuerdo con lo que se establece en el artículo 1 de la Ley Federal de Zonas Económicas Especiales, D.O.F. 1 de junio de 2016), en relación con lo cual no sabemos todavía qué opinan los candidatos a la gubernatura estatal.

Se trata de un reto enorme, porque si nos lo tomamos en serio, esto puede cambiar radicalmente la vida económica y social de Yucatán, y de la península entera.

Veamos, una ZEE es un área delimitada geográficamente ubicada en una zona con ventajas naturales y logísticas que la convierten en una región altamente productiva. El concepto fue traído de Asia en donde han operado desde hace algunas décadas, con leyes especiales que tienen como objetivo incrementar la inversión nacional y extranjera. Se sabe que actualmente existen en el mundo más de 4 mil ZEE en las que se genera poco más del 40 por ciento de las exportaciones mundiales y 68 millones de empleos, y que en China se han desarrollado las más exitosas, y en América Latina las fracasadas.

Desde el punto de vista jurídico y normativo, las cosas han avanzado a tal punto que la ZEE de Yucatán deberá consolidarse antes de que termine la actual administración federal. Por lo pronto, ya se publicó la Ley Federal correspondiente y su Reglamento, la Ley estatal de coordinación en la materia, se hizo la Declaratoria y sólo falta el Plan de Desarrollo, en el que, por supuesto, las autoridades en turno tendrán que participar.

El gobierno federal, el de Yucatán y los municipales, en el ámbito de su competencia y en el marco del mecanismo de coordinación previsto en Ley, con la participación que corresponda a los sectores privado y social, deberán implementar un Programa de Desarrollo con el objeto de establecer políticas públicas y acciones con un enfoque integral y de largo plazo. A este respecto tiene que haber una amplia y eficaz coordinación entre la Secretaría de Hacienda que elaborará el Programa de Desarrollo, y las dependencias y entidades paraestatales competentes, así como las instancias estatales involucradas.

El Programa de Desarrollo es así el instrumento de planeación que debe prever los elementos en materia de ordenamiento territorial y las características de las obras de infraestructura de transporte, de comunicaciones, de logística, energética, hidráulica y otras que se requieren ejecutar en el exterior de la Zona para la operación de la misma y, en su caso, otras obras que sean complemento a la infraestructura exterior; así como las políticas públicas y acciones complementarias a que se refiere el artículo 12 de la Ley federal, ni más ni menos.

De acuerdo con lo que establece la Ley Federal, quienes inviertan en asentar sus negocios en una ZEE gozarán de beneficios diversos, entre ellos, fiscales, laborales, aduanales y regulatorios. Entre éstos destaca un descuento de hasta 100 por ciento en el pago del Impuesto Sobre la Renta (ISR) durante los primeros diez años; y de 50 por ciento en los siguientes cinco. Además, los inversionistas podrán acceder a créditos fiscales por cuotas patronales al IMSS, que serán de 50 por ciento en los primeros 10 años, y de 25 por ciento durante los siguientes cinco.

Adicionalmente, cuando las empresas compren artículos del resto del territorio nacional les aplicará una tasa de cero por ciento de Impuesto al Valor Agregado (IVA). Los incentivos provenientes de los gobiernos estatales dependen de las capacidades de cada entidad, sin embargo, se contempla ofrecer incentivos en materia de Impuesto sobre la Nómina y Predial.

Además de los incentivos, una ZEE trae consigo varias ventajas para las empresas que invierten y para las personas que obtienen un empleo: capacitación de fuerza laboral, fortalecimiento de capital humano, emprendimiento, incubación y desarrollo tecnológico, financiamiento en condiciones preferenciales, creación de una “ventanilla única” -pensada para simplificar y agilizar los trámites de inversionistas-. La ZEE de Yucatán es la única en su tipo en el país enfocada a las tecnologías de la información y comunicación (TIC). Esta área estará ubicada en una superficie de 330 hectáreas del municipio de Progreso.

Se prevé que la ZEE de Progreso genere 33 mil empleos en los próximos 20 años y contribuya a incrementar de cuatro a 28 por ciento la participación del sector ciencia y tecnología en el Producto Interno Bruto (PIB) de la entidad. Además, tendrá un clúster en el que los empresarios contarán con todos los servicios de apoyo, por medio de la ventanilla única.

Una oportunidad para el futuro

Algunos especialistas han apuntado que las experiencias internacionales más exitosas, en donde las ZEE pasaron de ser un enclave a un instrumento de desarrollo se lograron gracias a su buena ubicación, con presencia de un umbral mínimo de infraestructura física y de capital humano, que aún no está presente en las zonas elegidas en México, pero sobre todo a una política de desarrollo de largo plazo.

El gobernador Rolando Zapata Bello ha señalado que una ventaja para el crecimiento de esta ZEE es que el territorio cuenta con una relevante masa crítica de investigadores. La entidad es la quinta más importante del país, que es de 2.9 por cada 10 mil habitantes y 26 por ciento de sus estudiantes se concentran en áreas relevantes para la innovación (ciencia, tecnología, matemáticas, ingeniería) y 19 por ciento de la población de esta entidad cuenta con estudios universitarios. Además, alberga la primera universidad especializada en TIC (la Universidad Politécnica de Yucatán) y concentra el mayor número de matemáticos de México. Adicionalmente ha dicho: “Se creó la ZEE en Progreso para aprovechar la excelente ubicación de ese puerto, que es la puerta de entrada por vía marítima a la Península de Yucatán”, y agrega que “la nueva Universidad Politécnica de Yucatán, la primera especializada en tecnologías de la información y la comunicación, coloca a nuestros jóvenes a la vanguardia del conocimiento disruptivo, y el Parque Científico y Tecnológico es la expresión material del ecosistema para la innovación y de una política de estado sólida y continua”.

Otras opiniones al respecto destacan que difícilmente puede esperarse que la inversión llegue a los municipios menos desarrollados, dada su difícil orografía, pobreza, rezago educativo y ausencia de actividad económica o que los efectos de las empresas ancla irradien a los municipios atrasados. Para ello, dicen, se necesita avanzar en tres frentes. En primer lugar, se requieren acciones gubernamentales decididas y fuertes inversiones en infraestructura y educación que no parecen probables a la luz de los recurrentes recortes en el gasto público propios de la política fiscal de México. En este proyecto el sector privado tiene mucho que hacer sin duda, pero en concertación e incluso liderazgo del estado.

En segundo lugar, el desarrollo rural no puede quedar relegado. Es necesaria una política que favorezca la organización de las comunidades en el nivel local y su participación en el diseño de proyectos.

En tercer lugar, dada la importancia de las características de los ecosistemas de las ZEE y la presencia de las comunidades indígenas que juegan un papel importante en la conservación de la biodiversidad, es necesaria una política que reconozca el valor de los bienes públicos y conserve la riqueza de nuestros recursos.

Está claro que la existencia de una ZEE en Yucatán es una oportunidad trabajada por el gobierno federal y el estatal para darle continuidad a la incipiente prosperidad de Yucatán. Se necesitará un enorme esfuerzo de coordinación del gobierno estatal y de los presidentes municipales de la siguiente administración para que los propósitos de la ZEE de Progreso se vayan materializando en el tiempo.

El candidato que gane la gubernatura tiene la obligación de presentar, de acuerdo a la Ley, su plan de desarrollo para el estado, y en esa elaboración, la ZEE marca un rumbo específico que deberá considerarse. Por lo pronto, todavía no sabemos qué piensan, qué opinan, qué saben los candidatos al respecto.

Las ZEE ya existentes representan una oportunidad para establecer una política industrial integral que contribuya a detonar en estas zonas las condiciones necesarias para un desarrollo productivo incluyente y sostenible, y Yucatán no es la excepción. Pero si no nos lo tomamos en serio, si los candidatos no se lo toman en serio, Yucatán puede seguir siendo solamente la tierra de la gran promesa.

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