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A reactivar granjas de peces y mariscos

VERÓNIA MARTÍNEZ. LO BÁSICO. EL FINANCIERO.

La pesquería del mero sigue en picada; cada temporada es peor que la anterior, y que la anterior. Así lo reportan las estadísticas de capturas de la pesquería más importante de Yucatán.

Aumentar tallas, tiempos de veda o reordenar el sector son algunas propuestas que podrían mejorar el panorama, pero en el mediano y largo plazos. Mientras tanto, es necesario impulsar y apostarle a la acuacultura como lo han hecho las Bajas Californias.

En esa región del país han logrado consolidar la producción en granjas de agua dulce y de agua salada. Producen ostiones, almejas, callo de hacha y surten restaurantes de chefs reconocidos en la otra península de México, la de Yucatán.

La acuacultura y maricultura permiten producir langosta, totoaba, camarón y diversas especies de escama.

Requiere de controles de sanidad, de inversión, de ciencia y sobre todo de mercado, de compradores dispuestos a consumir el producto y a decir de los propios comercializadores de Baja California: “mercado sí hay”.

¿Y Yucatán?
En nuestro estado, el consumo de mero ha sido por excelencia la pesquería con mayor demanda, de ahí la tradición de ir a la playa y comer pescado frito, peronista sea mero, siempre mero.

Su carnosidad, suavidad y textura han sido por años los elementos favoritos de la población yucateca, sin embargo, cada vez hay menos capturas, ya que la industria pesquera, conocida como “las congeladoras”, encontraron en el mero la oportunidad de exportar y de vender a mejor precio, ya que los estadounidenses lo demandan a gran escala y tienen fuertes candados de captura.

Así que lo que no pueden capturar allá, lo compran acá, encareciendo el producto marino preferido de los yucatecos.

La demanda de las congeladoras para exportar, un mayor esfuerzo pesquero y que no se respeta la veda, son algunos elementos que han provocado que la biomasa se reduzca.

La temporada de captura 2018-2019 fue de 5 mil toneladas y para este ciclo 2019-2020 se augura peor aún.

De acuerdo con la Carta Nacional Pesquera, Yucatán llegó a tener capturas de 13 mil toneladas en la década de los 70.

La debacle tiene más de 10 años y aunque se aplica desde 2017 una veda de dos meses, que va del 1 de febrero al 31 de marzo, los resultados aún no se reflejan: en la temporada 2007-2008 se capturaron 8 mil 10 toneladas; en la 2009-2010 fueron 7 mil 48; en la 2011-2012 sumaron 5 mil 798 y la de 2017-2018 cerró con 5 mil 700 toneladas.

Y la industria ha reconocido que 95 por ciento del mero que se captura es de exportación, lo cual es logrado por los barcos de mediana altura.

Lo que llegan a capturar los pescadores ribereños es porque se alejan de la costa o de plano son meros por debajo de la talla establecida.

La escasez y la demanda estadounidense explican los altos precios del kilo de mero, que van de 130 o 175 pesos dependiendo si es rojo o negrillo “en congeladora”.

Y los restaurantes en Yucatán han optado por dejar el mero por ser caro y usar otras especies para el pescado frito o el ceviche, o de plano quitar el precio de la carta.

Con este escenario, la reactivación y sensibilización por producir y consumir productos de acuacultura es importante.

Apenas 36%
La Secretaría de Acuacultura y Pesca Sustentable de Yucatán, que encabeza Rafael Combaluzier Medina, realiza un censo de unidades de producción acuícolas y hasta diciembre llevaban un 80 por ciento de avance con un total de 152 unidades.

En todo el territorio yucateco hay 152 granjas acuícolas, lo sorprendente es que sólo 55 están activas, es decir el 36 por ciento.

¿Cómo han logrado mantenerse activas las 55? Y ¿por qué están inactivas las 97 restantes? Y ¿qué se requiere para reactivarlas? Son elementos que el propio Combaluzier analiza.

En su radar está esta veda del mero, que se respete, que haya conciencia que no es tiempo de captura, y que los consumidores privilegien otras especies como la rubia, chac chi, canané, sierra.

Sin embargo, tras la veda, los esfuerzos estarán puestos en reactivar las unidades de producción acuícolas con viabilidad, ya que existe una demanda que han demostrado los restaurantes, pero también los consumidores domésticos.

Se ha demostrado también que Yucatán tiene potencial para la acuacultura por su ubicación geográfica, sobre todo para la maricultura, tan así que el Inapesca tiene el proyecto del centro de maricultura con robalo, para llevarlo a la escala comercial.

Las oportunidades están en la mesa. La visión de Combaluzier como empresario pesquero, como parte del sector, permiten prever que habría impulso a esta actividad.

Conapesca sigue siendo señalada por el propio sector como inactiva, se denuncian capturas irregulares o venta de meros por debajo de las tallas comerciales en tiendas de autoservicio y no actúan.

Aunque ya hay 11 inspectores en Yucatán el problema de la corrupción no se soluciona, ya que no hay recursos para liquidarlos y contratar nuevos.

Así que mientras avanza o se soluciona el tema, es necesario pensar en otras soluciones y la acuacultura puede ser una de ellas.

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