martes , 12 noviembre 2019
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Alarma miseria de jornaleros

ALINE CORPUS, CORRESPONSAL. REFORMA. SAN QUINTÍN, ENSENADA.- Hacinados en cuartos de lámina, sin electricidad, ni agua potable y sin acceso a médicos, es como viven jornaleros del sur de Baja California.

La mayoría son indígenas del sur del País que no cuentan con ningún documento de identidad, por lo que oficialmente no existen.

La zona agrícola del Valle de San Quintín comprende los poblados de San Quintín, Vicente Guerrero, Camalú y Colonet, donde se siembra fresa, pepino, repollo y calabaza, entre otros.

En un recorrido por los campamentos agrícolas Las Brisas, Francisco Villa y San Simón, se constató cómo padres e hijos conviven en cuartos de tres por tres metros, que esperan los camiones que les surten el agua en tambos y acuden a baños públicos.

Además, los jornaleros son forzados a comprar en las pocas tiendas que existen en el lugar, donde los precios no siempre son accesibles.

Dichos campamentos pertenecen a las empresas San Vicente Camalú y a ABC.

De acuerdo con testimonios, un jornalero gana en promedio 100 pesos al día por ocho horas de trabajo, no hay vacaciones pagadas, tampoco utilidades.

En ocasiones hay aguinaldos de entre 400 y 600 pesos, si es que el trabajador laboró todo el año y la mayoría cuenta con Seguro Popular.

María López López, de 36 años, quien ha laborado cortando pepino en un invernadero los últimos 11 años, vive en el campamento Francisco Villa con su esposo y sus hijos Otoniel, de 14 años y Edgar, de 11.

Ella es originaria de Paraíso La Reforma, Veracruz, y vino a probar suerte junto con su esposo.

Cuenta que tenía dos hijas más, pero fallecieron. De una de ellas nunca supo las causas del deceso.

Heidi falleció cuando tenía tres años, de ella sí que tiene clara la causa de muerte: Jugaba con sus hermanos a la lotería, pero la niña se tragó una semilla de frijol y la pequeña falleció asfixiada.

“No llegamos a tiempo, aquí no hay doctor y aunque llovía muy fuerte en el campamento, un compañero nos llevó, había una laguna grande que pasamos, pero la niña no aguantó hasta el pueblo”, narró María.

La Procuraduría de Derechos Humanos de Baja California calcula que en la región trabajan alrededor de 15 mil jornaleros agrícolas, la mayoría de las etnias triqui, mixtecos y zapotecos, de Oaxaca; nahuas, de Guerrero, y purépechas, de Michoacán.

Alberto Jiménez Bautista, visitador de Grupos Vulnerables de la PDH, explicó que muchos de ellos llegan en junio y se van en octubre, y se instalan en alrededor de 10 campamentos, mientras que otros trabajadores radican en el estado.

“Algunas empresas sí se han preocupado por mejorar las condiciones de vida de sus trabajadores, pero hay otros que no. No cuidan las habitaciones de los jornaleros, ahí no se cuidan sus derechos humanos, están en pésimas condiciones”, refirió.

Jiménez calculó que un 30 por ciento de las empresas aún no mejoran las condiciones de sus empleados jornaleros.

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Alarma miseria de jornaleros

ALINE CORPUS, CORRESPONSAL. REFORMA. SAN QUINTÍN, ENSENADA.- Hacinados en cuartos de lámina, sin electricidad, ni agua potable y sin acceso a médicos, es como viven jornaleros del sur de Baja California.

La mayoría son indígenas del sur del País que no cuentan con ningún documento de identidad, por lo que oficialmente no existen.

La zona agrícola del Valle de San Quintín comprende los poblados de San Quintín, Vicente Guerrero, Camalú y Colonet, donde se siembra fresa, pepino, repollo y calabaza, entre otros.

En un recorrido por los campamentos agrícolas Las Brisas, Francisco Villa y San Simón, se constató cómo padres e hijos conviven en cuartos de tres por tres metros, que esperan los camiones que les surten el agua en tambos y acuden a baños públicos.

Además, los jornaleros son forzados a comprar en las pocas tiendas que existen en el lugar, donde los precios no siempre son accesibles.

Dichos campamentos pertenecen a las empresas San Vicente Camalú y a ABC.

De acuerdo con testimonios, un jornalero gana en promedio 100 pesos al día por ocho horas de trabajo, no hay vacaciones pagadas, tampoco utilidades.

En ocasiones hay aguinaldos de entre 400 y 600 pesos, si es que el trabajador laboró todo el año y la mayoría cuenta con Seguro Popular.

María López López, de 36 años, quien ha laborado cortando pepino en un invernadero los últimos 11 años, vive en el campamento Francisco Villa con su esposo y sus hijos Otoniel, de 14 años y Edgar, de 11.

Ella es originaria de Paraíso La Reforma, Veracruz, y vino a probar suerte junto con su esposo.

Cuenta que tenía dos hijas más, pero fallecieron. De una de ellas nunca supo las causas del deceso.

Heidi falleció cuando tenía tres años, de ella sí que tiene clara la causa de muerte: Jugaba con sus hermanos a la lotería, pero la niña se tragó una semilla de frijol y la pequeña falleció asfixiada.

“No llegamos a tiempo, aquí no hay doctor y aunque llovía muy fuerte en el campamento, un compañero nos llevó, había una laguna grande que pasamos, pero la niña no aguantó hasta el pueblo”, narró María.

La Procuraduría de Derechos Humanos de Baja California calcula que en la región trabajan alrededor de 15 mil jornaleros agrícolas, la mayoría de las etnias triqui, mixtecos y zapotecos, de Oaxaca; nahuas, de Guerrero, y purépechas, de Michoacán.

Alberto Jiménez Bautista, visitador de Grupos Vulnerables de la PDH, explicó que muchos de ellos llegan en junio y se van en octubre, y se instalan en alrededor de 10 campamentos, mientras que otros trabajadores radican en el estado.

“Algunas empresas sí se han preocupado por mejorar las condiciones de vida de sus trabajadores, pero hay otros que no. No cuidan las habitaciones de los jornaleros, ahí no se cuidan sus derechos humanos, están en pésimas condiciones”, refirió.

Jiménez calculó que un 30 por ciento de las empresas aún no mejoran las condiciones de sus empleados jornaleros.

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