La sucesión de batallas que se han registrado en México, en el terreno de los alimentos procesados, a partir de este nuevo gobierno, amenaza con convertirse en una guerra, por la potencial intervención de otros países y autoridades internacionales.

 

GRÁFICO: LÍNEA POLÍTICA.

Luego de la aprobación, el viernes pasado, prácticamente sin cambios de la Norma 051 en el comité de normalización en el que participan las secretarías de Salud y Economía, entre otras autoridades, es inminente una lluvia de amparos que interpondrán las organizaciones empresariales aglutinadas en el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), presidido por Carlos Salazar, en contra del nuevo etiquetado frontal.

Entre ellas están el Consejo Nacional Agropecuario, Concamin, Concanaco, Coparmex, Consejo Mexicano de Negocios, AMIS, Canaco, Canacintra, AMIB, COMCE, ANTAD, y ConMéxico.

El riesgo mayor y más cercano es el del involucramiento de Estados Unidos, a través de su Oficina de Representación Comercial (USTR) —que horas previas a la reunión definitoria del comité de normalización— solicitó el aplazamiento en dos años de la entrada en vigor del nuevo etiquetado frontal que impulsan las secretarías de Salud y de Economía mexicanas.

La USTR mencionó en su comunicado que EU exportó a México 5,800 millones de dólares de alimentos y bebidas no alcohólicas y que el etiquetado propuesto puede ser más restrictivo para el comercio de lo que necesita el país para cumplir con su objetivo.

Pero también poderosas empresas trasnacionales como la suiza Nestlé han solicitado a sus proveedores que intervengan ante el gobierno federal para oponerse al etiquetado frontal de advertencia sobre los alimentos industrializados.

La férrea oposición al etiquetado frontal la ha encabezado el Consejo Mexicano de la Industria de Productos de Consumo (ConMéxico), de Jaime Zabludovsky, porque desde su punto de vista desorientará a los consumidores y sataniza los alimentos industrializados, cuando los problemas de obesidad y diabetes tienen un origen multifactorial.

La guerra alimentaria confronta a los poderosos intereses de una batería de compañías trasnacionales que anticipan riesgos para sus ingresos y ventas y el interés del gobierno de la 4T por establecer por primera vez en la historia nacional medidas que verdaderamente orienten a los consumidores para abatir las epidemias de obesidad, diabetes y enfermedades crónico-degenerativas.

Estas enfermedades son cada vez más costosas para las finanzas públicas mexicanas.

En días pasados, el secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), José Angel Gurría, dijo que la diabetes representa para el gasto gubernamental en México hasta 5% del Producto Interno Bruto.

Etiquetado, frontal batalla

El etiquetado frontal es una réplica del que se aplica ya en Chile con buenos resultados, de acuerdo con el contraargumento de las autoridades sanitarias nacionales.

El etiquetado frontal marca en octágonos negros si el producto es alto en grasas, azúcares y sal, con la frase contundente: “exceso en…”.

En la aprobación del comité de normalización, sí se atendieron cambios que propuso la Cofece, de Jana Palacios, para que se puedan utilizar personajes para la promoción y las recomendaciones o respaldo de asociaciones profesionales de médicos o nutriólogos.

Para el activista que encabeza El Poder del Consumidor, Alejandro Calvillo, las advertencias y amenazas de la industria son “normales” y se han registrado en otros países.

Lo que les preocupa es que se tienen que “reinventar” y tendrán que “reformular” sus productos, lo que eventualmente puede impactar en sus ganancias.

El gobierno de la 4T no se ha detenido hasta ahora frente a la Iniciativa Privada nacional e internacional; veremos si tampoco cede a la presión de EU. Al tiempo.