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Amenaza el uso de agroquímicos a las hormigas chicatanas, delicia culinaria

SERGIO OCAMPO ARISTA, CORRESPONSAL. LA JORNADA.

Un kilo se vende hasta en mil pesos

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▲ José Francisco Félix, de nueve años de edad, en el terreno de sus padres, donde hace unos días, con las primeras lluvias de la temporada, empezaron a salir las hormigas chicatanas.Foto Sergio Ocampo

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▲ María Pioquinto, curandera tradicional de la comunidad de Cuanacaxtitlán, municipio de San Luis Acatlán, Guerrero, asa hormigas chicatanas en su cocina. Pocas personas venden estos insectos en la comunidad, donde el precio por kilogramo oscila entre 500 y mil pesos.Foto Sergio Ocampo

San Luis Acatlán, Gro., En un terreno de sus padres, en la comunidad de Cuanacaxtitlán, municipio de San Luis Acatlán, en la región Costa-Montaña de Guerrero, José Francisco Félix, de nueve años, señala con orgullo: De este hoyo salieron las hormigas chicatanas hace unos días.

Lo que no sabe es que de continuar el uso de agroquímicos, estos insectos voladores –considerados un lujo de la gastronomía mexicana– ya no saldrán del vientre de la tierra, como llaman los indígenas ñuu savi (pueblo de la lluvia o mixteco) a estos espacios que consideran sagrados.

Tras las primeras lluvias de la temporada, miles de chicatanas salen del hormiguero por la madrugada, prácticamente caen del cielo, y los habitantes de la región, iluminados con ocotes encendidos y cubetas en mano, las recolectan guiados por el zumbido.

De la familia de las arrieras, estas hormigas son capturadas para alimentar a los hombres de campo, pero también se guardan para fiestas especiales: ritual de las cosechas o Día de Muertos. Las mujeres las deshidratan y guardan a un lado de la fogata para que no pierdan su consistencia.

Las hormigas chicatanas son ricas en proteínas e incluso se les atribuyen propiedades afrodisiacas. Un kilogramo se cotiza entre 500 y mil pesos.

Camino al lugar de donde literalmente salen las chicatanas (sindoko, en mixteco), a dos kilómetros del poblado, José Francisco cuenta que él no participó en la captura de las chicatanas: No me dejaron mis papás porque tengo dos remolinos en la cabeza, y dicen que no es bueno, que es de mala suerte.

Tres mujeres ñuu savi de Cuanacaxtitlán: María Pioquinto, María Guadalupe Ventura y Agustina Vega, coinciden por separado en que en los años recientes, por el uso no controlado de agroquímicos en los sembradíos el número de insectos disminuyó considerablemente. Antes las encontrábamos en el patio de la casa, pero ahora ya casi no, recuerda María Pioquinto.

Menciona que debido a la gran demanda que tienen las chicatanas, no sólo en esta región, sino en estados del norte del país y del Bajío –adonde suelen ir a trabajar los jornaleros guerrerenses– e incluso en Miami, Nueva York, Chicago, California, Arizona o Carolina del Norte, su precio puede ser aún mayor.

Yo las guardo en el congelador hasta diciembre, cuando vienen mis dos hijos desde Ciudad Juárez (Chihuahua), comenta Agustina Vega.

Se sabe que desde antes de la Conquista española, las hormigas chicatanas ya eran parte de la cocina de los pueblos originarios de Chiapas, Oaxaca y Guerrero, entre otros estados.

María Guadalupe Ventura, con un recipiente casi lleno de chicatanas, explica: “Si se mandan a Estados Unidos se hacen asadas en comal, bien doraditas, pero son más buenas en mole, tienen más sabor. Nos dicen que tienen muchísima vitamina.

Yo no las vendo porque no agarro muchas, sólo una bandejita pequeña, mi consumo. Todo se come, se baten en sal. No se comen crudas porque da diarrea, agrega.

Hace algún tiempo fue partera, aunque recuerda que cuando era niña “las íbamos a recoger ahí en donde salían de su cuevita. Pero ya no, porque llegan a los focos de la casa y ahí las recogemos.

“Ya no agarro muchas, sólo para comer. Las que vendo me las trajo una señora del pueblo de Yoloxóchitl, son como cinco kilos. Cada uno cuesta 500 pesos. Es mucho más cara que la carne.

“Se hacen en molito. Se doran bien y se muelen, se les echa chile puya para que esté picosito, y luego se cuela, porque lo molemos en licuadora. Antes se molía en metate, que le da un sabor más bueno.

En el campo hay riesgo de que desaparezcan las chicatanas por los líquidos que echan los señores en la milpa, porque se mueren. Aquí en el pueblo ya no salen porque ya no abundan. Hay que agarrarlas vivas, no muertas.

María Pioquinto, curandera herbolaria, dice: Desde que estaba chiquita mi gente las agarraba. La chicatana se puede guardar. Antes salían muchas, a cada rato. Se calientan en el comal para que no se dañen y se guardan hasta que haya maíz nuevo. De agosto a octubre hay maíz tecomache, y hasta esa fecha aguantan. Unos las guardan en el refrigerador hasta un año.

Madre de siete hijos, dos de los cuales se encuentran en Florida, vacía alrededor de un kilo de chicatanas en el comal de su modesta cocina y las empieza a asar; luego se muelen en metate con chile; hacemos una memelita medio gruesa, le echamos las chicatanas y nos las comemos.

Agustina Vega, quien hace muchos años trabajó en las maquiladoras de Ciudad Juárez, relata que guarda las chicatanas hasta diciembre. Yo las como desde que era niña con mis papás. Ahora con mis hijos mantengo la tradición. Las tuesto bien y las guardo en el congelador para que tengan buena consistencia, para que mi hijo y mi hija las coman cuando vienen de visita.

Con el tiempo ha disminuido el número de chicatanas. Dicen que es debido a los agroquímicos que usan en el campo. Yo las como de distintas formas, pueden ser en enchiladas, pero antes se tuestan, se muelen en metate con chile rojo y un diente de ajo y luego baño las tortillas, como enchiladas.

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