jueves , 21 noviembre 2019
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Apenas 10% de ganaderos yucatecos engorda becerros

VERÓNICA MARTÍNEZ. POR ESTO!

TEKIT, Yucatán. De las 13 mil Unidades de Producción Ganadera que hay en el Estado, apenas el 10 por ciento se dedica a la engorda de becerros para luego venderlos en las fiestas patronales o para los días miércoles y sábado del tradicional chocolomo, de acuerdo con datos del Siniiga y de expertos en el sector.

La gran mayoría de los productores de ganado se dedican a la venta de destetes de becerros de 7 meses, que llegan a pesar 150 kilos, para venderlos entre 40 y 48 pesos el kilo, ya que conservarlos para la engorda les resulta costoso por la compra de alimento y su cuidado.

Son los pequeños ganaderos o grupos familiares los que eligen algunos becerros para la engorda o bien venden sus animales viejos para el sacrificio de miércoles y viernes para el guisado de chocolomo o para las festividades de sus pueblos.

En Tekit es tradicional el consumo de chocolomo los días miércoles y sábado; es por ello que se sacrifica un ganado esos días, de aproximadamente 450 kilos, para cubrir la demanda de la población.
Aunque tiene cerca de 10 ganaderos locales, son los comercializadores los que traen al pueblo el ganado a sacrificar que compran en otros municipios.

POR ESTO! presenció ayer la nutrida venta en el mercado de la res que sacrificaron ayer mismo a las 5 de la mañana y también conversó con uno de los 10 ganaderos del pueblo, quien reconoció que resulta “difícil” engordar, ya que es costoso; es por ello que lo mejor es vender destetes y sólo preparar algunos toros para las fiestas del pueblo.

El mercado

“¿Quién sigue? ¿Qué le voy a dar?”, pregunta José Luis Puerto Góngora, tablajero en el mercado municipal de Tekit, a la nutrida clientela que espera su turno para comprar hígado, lomo y huesos para preparar chocolomo.

Sólo dos mesas del mercado venden res, el resto vende cerdo, y los días miércoles y sábado son los de menos clientela, ya que es evidente la preferencia de la res para esos días, aunque el kilo lo vendan en 100 pesos.

“Deme 30 pesos”, se escucha a una de las clientas que reconoció que haría el tradicional platillo yucateco.

Puerto Góngora, acompañado por su hijo Edgar José Puerto Martín y el trabajador Ramón Andrés Soberanis Chi, relató que el sacrificio de la res fue a las 5 de la mañana y compró 180 kilos de los 450 que pesó el animal.

“Cuando es sacrificio hay que estar ahí presente para comprar. Desde un día antes se exhibe el animal y ya cuando se sacrifica, es que estamos presentes para comprar; para hoy trajimos 180 kilos y se trae lomo, hilado y los huesitos, todo para el caldo, para el chocolomo. Así es los miércoles y sábados desde siempre. Yo tengo 40 años en esto y así ha sido, así me los enseñó mi padre y así se lo enseño a mis hijos.

“Cuando digas las 7 la gente ya sale a comprar y a las 11 ya estuvo, se gasta. Se vendería más, pero por el precio no se vende. El kilo cuesta 100 pesos y la gente se organiza para comprar”, relató quien también es conocido como “Colado”.

Ambiente festivo

Hombres y mujeres entraban al mercado con sus sabucanes para comprar la carne; se percibía un ambiente festivo, especial por ser miércoles de chocolomo.

Frente a Puerto Góngora está el segundo tablajero de carne de res, se trata de José Antonio Sosa Hernández, la tercera generación de su familia que se ha dedicado al negocio los miércoles y sábados.

Ninguno de los dos tablajeros dijeron tener ganado propio, ya que todo lo compran para comercializarlo.

“Yo soy la tercera generación, desde mi abuelo así es, la gente viene por su carne para el caldo. Son reses de 400 kilos y compramos la mitad, nos la venden de 36 a 38 pesos el kilo, aunque a veces baja a 34, a principios de año andaba en 40 pesos”, relató mientras atendía a su clientela tanto de hombres como de mujeres.

De otros pueblos

A 8 kilómetros del pueblo, rumbo a Susulá, en un camino “malo”, se encuentra el rancho “Chan Kaax” (Pequeño monte), donde Francisco Peraza llega todas las mañanas con 5 perros “malixes” para llevar a pastorear sus vacas, becerros y toros.

POR ESTO! presenció su regreso hacia las 10 de la mañana.

“Por acá, vaca, eh, vaca, aquí”, se le escuchaba decir.

Cuando finalmente entraron al corral con ayuda de los canes, don Francisco nos mostró un pequeño pavo de monte que cazaron los “malixes” y contó que su actividad como ganadero es rentable si vende destetes, pero no engordarlos, no obstante que tiene disponible el monte y los árboles de ramón en el casco del rancho.

“Acá son 41 animales, son 4 sementales, 20 vacas y el resto son becerros; apenas en la fiesta del pueblo vendimos 10 (la fiesta fue en junio), sólo así resulta aguantar y engordar algunos para la fiesta del pueblo que se acostumbra matar, pero para el chocolomo de los miércoles y sábados no hombre, para eso los comercializadores traen ganado de otros pueblos, para nada es de los ganaderos de acá, porque no resulta; acá lo que resulta es vender los destetes; a los 7 meses, ya estuvo, a la venta”.

El ganado es traído para la venta desde Teabo, Oxkutzcab, Tekax y algunas veces de Tizimín.

Relató que el destete le resulta más porque se alimenta de la vaca y del pasto o hierba del monte, así como del ramón, y les pagan entre 40 y 48 pesos el kilo.

“Un destete de 7 meses anda en 150 kilos en promedio, pero con la leche de la vaca y lo que pastorea ya estuvo; en cambio para la engorda tienes que comprar alimento, darles maíz molido, salvado, sorgo, tan sólo un bulto cuesta 385 pesos para un solo animal y te dura unos 15 días; es mucho dinero, mejor se venden los destetes al que quiera, yo tengo aquí 4 listos”, dijo.

“Nos chingan el precio”

Para lograr un animal de 400 kilos requiere más de un año, es por ello que no incursionan en esa actividad.

“La última vez que vendimos destetes fue hace 7 meses y nos pagaron a 45 pesos el kilo; a nosotros es a quienes nos chingan el precio, porque el comercializador es el que castiga, el que paga poco para luego él venderlo.

“Yo vengo siendo la tercera generación de la familia que se dedica al ganado, vengo todos los días con mi papá porque le encanta estar acá, hoy fue a su cita médica, pero a él le gusta estar con el ganado, en la milpa. Acá tenemos muchos años, esto era de Dolores Aké, era un casco del ejido, luego se hizo propiedad y lo compramos, se llegaba en truck, ahora a caballo o en bici o en camioneta por un camino entre el monte”, relató.

Cada vez menos

Recordó que hace algunos años había más ganaderos en el municipio y hubo el intento de asociarse a alguna AGL (Asociación Ganadera Local); hoy apenas quedan 10 productores, pero ninguno engorda para la matanza, sólo vende destetes.

“De estos animales comemos, los toritos nos dan y para el que lo compra es un ahorro, es como una alcancía, hay que tener fuerza y paciencia. A ellos hay que cuidarlos, los llevamos al pastoreo, hay que vacunarlos, en sequía hay que darles ramón o su maíz, por eso hacemos milpa, porque se batalla en la sequía”.

Señaló que cuando hay sequía también recurren a la pollinaza, pero este año los 80 mecates de maíz les han permitido superar la sequía.
Mostró la bodega del maíz y los diferentes tipos de grano que han logrado.

“De esto mismo vamos a sacar la semilla y la sacamos para sembrar ahora en junio otros 80 mecates, ojalá volvamos a sacar dos sacos por mecate”.

Detalló que en la milpa también siembra frijol, calabaza, camote, sandía y hasta melón.

Nada de herbicidas

Compartió con esta reportera una de las frescas calabazas que crecen en la milpa y mostró con orgullo que no usa herbicidas para controlar la hierba, ya que sabe que eso acaba con sus otros cultivos.

Sobre el programa federal Crédito Ganadero a la Palabra, dijo que fue censado, le tomaron sus datos y le dijeron que lo pasarían a ver, pero todavía no ocurre.

Este productor y su padre, al paso de los años, han invertido en la mejora genética y las razas con las que cuentan son Beefmaaster e Indobrasil, y forman parte del 90 por ciento de ganaderos que venden destetes en lugar de engordar y lograr un valor agregado.

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