sábado , 7 diciembre 2019
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En la entidad poblana hay unos 22 ductos de hidrocarburo, 12 oleoductos, siete gasoductos y tres poliducto. (Héctor Téllez. Milenio)

Campesinos, víctimas de huachicoleros y olvidados por Pemex

ISABEL NAVARRO. MILENIO DIARIO.

El robo de combustible en tierras de cultivo en Puebla causa derrames y provoca la pérdida de cosechas de unos 600 ejidatarios, quienes ven perder su patrimonio sin ser atendidos por autoridades.

PUEBLA, Puebla. Viven entre negligencia y olvido de Petróleos Mexicanos (Pemex), y entre el azote y amenazas de los grupos de huachicoleros. Se trata de 600 campesinos poblanos que cada día ven cómo se pierde su patrimonio, debido a que poseen tierras sobre las que pasan ductos de combustible y gas.

Tal es el caso de José Luis Agustín Zayas, del poblado de San Mateo Parra, quien narra que una mañana de febrero de 2016 descubre en su propiedad a varios huachicoleros, quienes con fuentes de energía eléctrica extraían combustible.

Llama a las autoridades. El Ejército tarda unos minutos en llegar a sus tierras, donde cultivaba betabel. Los delincuentes huyen, sin embargo, una de las mangueras se revienta y causa un fuerte derrame en el cultivo. Esa mañana no hubo detenidos, pero el daño estaba hecho.

“A los pocos días vino un gestor de Pemex para evaluar daños. Me ofrece 10 mil pesos por la afectación a mi tierra. De haberse logrado la cosecha hubiera ganado 50 mil pesos”, detalla el campesino.

Agrega que con engaños firma el documento en el que acepta el pago por los daños, no osbtante el funcionario de la paraestatal nunca regresa. Cuatro ciclos de cultivo han pasado, en los cuales pudo ganar unos 50 mil pesos en cada uno; ahora sin tierra que cultivar ni productos, solo vive en la incertidumbre.

“Van más de dos años y no se puede producir nada porque mi terreno quedó infértil. Es triste que solo por ser campesinos abusen de nosotros; nuestras familias dependen de esos cultivos y de los ingresos”, lamenta.

Don Miguel hace apenas 20 días fue a ver sus milpas de maíz para la cosecha de fin de año, pero para su sorpresa descubre que los huachicoleros llegaron con máquinas a su parcela y demolieron todo a

MILENIO pudo constatar que al menos había ocho perforaciones, de las cuales dos estaban abiertas y aún emanaba gasolina.

El trabajador notifica de inmediato el hecho a las autoridades y hasta la elaboración de este trabajo no habían acudido a cerrarlas.

“La verdad ya no sabemos a quién dirigirnos, somos varios compañeros ejidatarios que hemos visto dañadas las cosechas y nadie viene en nuestro apoyo.

“Mientras las autoridades no hagan nada para frenar esto, va a seguir… hasta que alguien dé un hasta aquí, pero no creo que eso pase”, comenta.

Ese día fue posible constatar la forma en que los huachicoleros operan a plena luz del día y sin ninguna inhibición. Eran casi las cinco de la tarde y a pocos metros la autopista México-Puebla, transitaban patrullas estatales, mientras dos jóvenes de entre 16 y 22 años extraían combustible de la toma clandestina a escasos 20 metros de la parcela de don Miguel.

En un inicio parece que se intimidaron al notar que eran observados, pero minutos después sacaron una planta de luz para hacer más rápido el trabajo: bajo el rayo del sol y sin que nadie los moleste.

“Es un problema grande meterse con ellos; nosotros somos campesinos, ellos hacen lo que quieren: dañan la siembra, rascan donde esté la gasolina y no les interesa de quién es la propiedad”, dice con resignación quien perdió su cosecha de fin de año.

En Puebla, se estima, pasan al menos 22 ductos de hidrocarburo: 12 oleoductos, siete gasoductos y tres poliductos, mismos que deben tener mantenimiento y supervisión constante.

Sin embargo, no siembre es así: José Edilberto Montes es un campesino que cultiva lechuga desde hace más de cinco décadas. Esa tierra, como muchos otros casos, es herencia de su familia, lo que no les heredaron fue el mal estado del agua, que cada vez más huele y sabe a gasolina.

“Desde hace cuatro años comenzó la afectación del pozo, hasta ahorita no hemos recibido nada, ni ayuda de alguien que nos asesore. Estamos con el problema, sin notificación alguna”.

“Tiene el sabor de azufre o gasolina, porque anteriormente no sabía a nada, ahora ya muchos se quejan del olor; queremos apoyo para proteger nuestro cultivo”, clama.

Dice que a escasos 40 metros del cauce natural del pozo de la localidad pasa un ducto, su deducción es que “tiene una fuga y está contaminando el agua”.

Asegura que antes el agua era tan pura que hasta se podía beber, ahora solo la utilizan para cultivo de col, brócoli, lechuga, calabaza, betabel, cilantro y maíz.

La población de San Mateo Parra no solo le pide a Pemex revisar el
estado del ducto, sino hacer estudios en sus productos para ver si no están contaminados o tienen riesgos para la salud, como ya ocurrió con algunos menores que se intoxicaron.

Antonio Muñoz Hernández, del municipio de Tepeaca, dejó ingresar a personal de Pemex para hacer labores de mantenimiento en su parcela, aunque en el convenio no está contemplada la devastación.

“El día en que se les dio el permiso llegaron con máquinas y carros bien grandes y derribaron mis milpas de maíz, el gestor me dijo que me iban a pagar todo, pero nunca lo hicieron”, detalla.

Agrega: “Lo peor de todo fue que en los trabajos tuvieron un derrame de gasolina y dejaron estéril mi tierra; quedó blanca, ceniza. Ya no se puede cultivar. Lo único que se puede hacer es extraerla y meter tierra fértil, pero eso cuesta mucho dinero y no tengo”.

Como estas historias, comenta la directora de la Asociación Pro Derechos de la Propiedad Rural, AC, hay muchas más en todo Puebla, donde los campesinos sufren los estragos de la autoridad y el poderío de los huachicoleros.

“No es que sea nuevo el conflicto, tiene años. Se detona a últimas fechas: El daño en los cultivos es cada vez mayor y si a esto le sumas la falta de no pago del alojamiento de los ductos se pone cada vez peor”, revela.

Comenta que desde 2010 que comenzaron los trabajos en Puebla se han tramitado al menos 164 solicitudes de pago por daños, de los cuales Pemex ha respondido que son improcedentes 60 por ciento.

Ante esta situación los campesinos exigen un apoyo económico por el riesgo que conlleva tener sus tierras sobre ductos de hidrocarburos, lo cual, a decir de la ONG, es rechazado por Pemex.

Por lo pronto los campesinos invadidos de desesperación y en medio de dos frentes analizan cómo presionar para tener una solución: “Si no hay avance en estos días, la gente está decidida a cerrar los caminos de acceso a las válvulas”, amaga García.

 

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