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Cañones antigranizo, un invento inservible: científico de la UNAM

IVÁN IBARRA. EL SOL DE MORELIA.

El doctor Fernando García-García aseguró que si los artefactos no funcionan para disolver el hielo en las nubes, tampoco influye en la falta de lluvias

La temática central transmitida a través de Facebook Live se concentró en el uso de los llamados cañones antigranizo, por lo que el académico inició la conversación relatando la historia de estos artefactos, los cuales tienen un origen más lejano del que se pensaba.

Foto: Adid Jiménez

Para el experto, las ideas fundamentales de detener la formación de granizo en el cielo mediante ondas de sonido o algún objeto se remontan a la antigua Grecia, donde Herodoto propuso lanzar flechas a las nubes para evitar la precipitación pluvial. Durante el transcurso de los años, las iglesias comenzaron a usar el sonido de las campanas con el fin de dispersar la lluvia y cuidar las cosechas, medida tan popular que los papas bendecían las campanas para lograr su cometido.

Con el uso tanto de la dinamita como de la pólvora, la misma idea se llevó a cabo, pero usando grandes cañones muy parecidos a los actuales para mandar proyectiles o generar un sonido tan fuerte que alejara las nubes. No fue hasta 1889 que se dieron a conocer las primeras teorías científicas que respaldaban el uso de las maquinarias, sin embargo, años después científicos alrededor del mundo fueron los encargados de desmentirlas para demostrar que no existen pruebas contundentes de la efectividad de los cañones.

Foto: Cortesía Proam

Aunque se desarrollaron nuevas hipótesis para demostrar el uso de los artefactos, ninguna se ha comprobado científicamente, pues no existe evidencia contundente sobre la injerencia en las nubes que detenga la formación de granizo, comparando su uso con el “echar un volado”.

Fernando García-García puntualizó que tampoco existe la evidencia necesaria para asegurar que los cañones antigranizo desplazan las lluvias por su uso, asegurando que las nubes se encuentran al menos a 600 metros de la superficie. El cañón tiene un alcance de 400 o 500 metros como máximo, lo que refuta la teoría del desplazamiento del agua pluvial.

Aceptó que esta postura no es la más popular, ya que el problema social que generan estos artefactos se encuentra en una situación delicada, pero recalcó que no existe evidencia para poder culpar a los cañones por la falta de agua.

Por último, recalcó que los gobiernos no tienen posturas claras sobre los cañones. Aunque existen recomendaciones a las autoridades de distintos sectores científicos para aplicar normativas para el correcto funcionamiento, éstas no se han tomado en cuenta.

Aseguró que el problema no es el negar el uso, sino que las maquinarias continúan vendiéndose, la mayoría provenientes de Europa. A pesar de no tener una funcionalidad comprobada, agricultores en todo el país seguirán adquiriéndolos, finalizó.

 

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