lunes , 16 septiembre 2019
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¿Cómo se convirtieron las aguas subterráneas en un negocio en EU?

THE ECONOMIST.

Foto: Pixabay

CALIFORNIA, EU.- Un largo trecho de carretera que va de Los Ángeles a San Francisco separa las colinas secas en el oeste de las verdes llanuras del valle de San Joaquín en el este, donde se cultiva gran parte de las frutas, los frutos secos y las verduras de Estados Unidos.

Cada pocos kilómetros, hay anuncios espectaculares que hacen referencia a las inminentes amenazas para el valle. “¿Cultivar alimentos implica desperdiciar agua?”, se pregunta en uno de los espectaculares. Otro simplemente dice: “Sin agua no hay empleos”.

En el valle de San Joaquín, la agricultura representa el dieciocho por ciento de los empleos y depende del agua. La mayor parte de ella proviene de los ríos locales y de la lluvia, otra parte se importa de las desembocaduras de los ríos del norte y el resto se bombea de las cuencas subterráneas.

Durante la sequía que tuvo lugar de 2012 a 2016, los terratenientes bombearon cada vez más agua subterránea para compensar la falta de lluvia. Se secaron miles de pozos. Como consecuencia, California aprobó una ley que exige que los usuarios del agua se organicen en Agencias de Sustentabilidad de Aguas Subterráneas (GSA, por su sigla en inglés) locales con el fin de llevar a un nivel sustentable el uso del agua subterránea para principios de la década de 2040.

En el caso de las cuencas más secas, las GSA deben presentar planes acerca de cómo lograrlo para finales de enero de 2020.

El Instituto de Políticas Públicas de California (PPIC, por su sigla en inglés), un centro de investigación, calcula que esto podría dar como resultado que se dejen en barbecho hasta el quince por ciento de los 2,1 millones de hectáreas de tierras de cultivo irrigadas del valle. A primera vista, parece que todos los agricultores tienen que tomar una decisión: dejar la tierra en barbecho o sembrar cultivos que ocupen menos agua.

Pero, según los cálculos del PPIC, si los terratenientes del valle de San Joaquín combinaran el uso del agua subterránea y el agua de la superficie, podrían reducir a la mitad las pérdidas de sus ingresos.

“El agua es un bien y los mercados te permitirían repartirla de la manera adecuada”, dice Edgar Terry, agricultor del condado de Ventura, 80 kilómetros al sur del valle de San Joaquín. Si los terratenientes rentan los derechos de bombeo a otros por más de lo que ganarían por usar el agua para desarrollar más cultivos, se benefician. Los compradores podrían tener mayores ganancias por los cultivos adicionales que pueden producir de lo que les cuesta el agua.

Pueblos o usuarios industriales podrían pagar a los terratenientes para tener derechos adicionales de bombeo. Este escaso recurso pasaría a tener un uso más eficiente.

Debido a los posibles beneficios de una estrategia basada en el mercado, las organizaciones sin fines de lucro como el Fondo para la Defensa del Medio Ambiente, The Freshwater Trust y The Nature Conservancy han venido a asesorar a las GSA sobre cómo establecer mercados en todo California. Los pozos de Terry, al igual que otros en Ventura, están provistos de medidores, los cuales envían información a una plataforma de internet.

El administrador local del agua puede revisar que todos hayan cumplido con su límite respectivo. Los participantes que deseen comprar más agua pueden presentar una oferta en internet. Quienes deseen vender, pueden hacer lo mismo. Un sistema empata las ofertas de compra con las de venta.

Asignar los derechos de bombeo es la parte más difícil. La ley de California permite que los terratenientes empleen el agua subterránea de su propiedad. Pero debido a que una cuenca de agua conecta a todos los terratenientes por debajo del suelo, se desata la tragedia de los comunes. Cuando los usuarios no pueden ponerse de acuerdo sobre cómo asignar las cuotas, los tribunales deben resolver la disputa.

Terry y los pioneros del mercado en el condado de Ventura están tratando de evitar esto. “Intentamos generar algo que, de manera viable, pudiera ser una adjudicación”, señala Matthew Fienup, un economista que ayudó a establecer el mercado en Ventura. “Así que, si terminamos en un juzgado, simplemente podemos decir: ‘Aquí está nuestro acuerdo y pónganle sello’”. Si pueden lograr que esto funcione, Terry y sus amigos podrían crear un modelo para el resto del estado.

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