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jueves , 27 enero 2022
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Contener el cambio climático es cosa de muuuuchos billetes

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LORENA RIVERA. EXCÉLSIOR.

La crisis climática plantea riesgos financieros, por lo tanto, económicos a nivel global, es por ello que una de las prioridades ha sido la movilización de recursos para la acción climática, es decir, para la mitigación y adaptación. Así que, lograr la descarbonización de las economías para 2050, de una manera transparente y justa, es todo un desafío.

Si bien el tema del financiamiento para la mitigación y adaptación fue uno de los asuntos fundamentales a negociar en la pasada COP26 de Glasgow, también sigue siendo un pendiente, porque la promesa de movilizar 100 mil millones de dólares anuales de países ricos a los más vulnerables y en desarrollo no se ha cumplido. De hecho, ese monto ya es insuficiente.

Transitar hacia una economía global baja en emisiones y, eventualmente, a una de cero emisiones netas implica cambios monumentales en la forma como se generará energía, como se impulsará el sector transporte, como se producirán bienes, servicios y alimentos, pero para lograrlo hacen falta muchos recursos, dice en entrevista Juan Carlos Belausteguigoitia, presidente del Consorcio TCFD México (Grupo de Trabajo sobre las Declaraciones Financieras relacionadas con el Clima).

Para lograr la reducción de emisiones hacia 2030, de acuerdo con proyecciones, asegura, harán falta “32 millones de millones de dólares o 32 billones de dólares de aquí a 2030 y, así, lograr esas transformaciones monumentales”.

Y el sector financiero tiene un papel importante que jugar y no puede esperar, estático, a que se den todas esas modificaciones.

Al contrario, el sector financiero debe estar atento a todo lo que podría cambiar y representar un riesgo en las asignaciones de los recursos. Tan sólo el cambio climático, indica Belausteguigoitia, expone a las empresas financieras y no financieras a dos tipos de riesgos: físicos y de transición.

Los riesgos físicos son los eventos meteorológicos extremos, como las olas de calor, los huracanes y las sequías, entre otros, que pueden afectar de manera importante en los activos de las empresas, por lo tanto, importa al sector financiero, porque “qué institución presta o invierte dinero en una empresa con alto riesgo físico”, explica.

Mientras que los riesgos de transición son los que tienen una trayectoria de cambio y pueden tener repercusiones financieras, como ajustes políticos o de regulación para lograr una economía con menos emisiones de carbono, un claro ejemplo es el impuesto al carbono; además de nuevas tecnologías, tendencias del mercado y preferencias de los consumidores.

Así, son riesgos que, en la medida en que estén bien identificados y bien cuantificados, permitirán que el sistema financiero pueda asignar eficientemente los recursos a las empresas con mejor gestión, a aquellas industrias que se adaptan de manera óptima a los cambios de las políticas públicas o a las transformaciones tecnológicas, o bien, ésas que adoptan las nuevas preferencias de los consumidores.

La idea es que el sector financiero sea un motor del cambio y ajuste sus procesos para obtener información para asignar recursos a empresas más confiables y que mejor gestionen ese capital, lo cual “es muy deseable desde el punto de vista ambiental, económico y social, porque “el sector financiero no va a invertir en una compañía que va a producir vehículos de combustión interna que nadie querrá en 2040”, resalta.

Un ejemplo es General Motors. Esta armadora planea ser cero emisiones para 2035, es decir, dejará de producir vehículos a gasolina y diésel a nivel global.

Sin embargo, hace unas semanas anunció que dejaría de invertir en nuestro país si no cuenta con un marco estructural enfocado a la producción de energías renovables, por lo que, si no hay esas condiciones, dejará de ser un destino para la inversión.

Belausteguigoitia explica que TCFD —que hoy se lanza en México— desde 2015 promueve la divulgación de la información sobre riesgos y oportunidades financieros relacionados con el cambio climático, para que las empresas conozcan mejor los peligros ambientales a los que se enfrentan, puedan reducirlos y tomar las mejores decisiones.

No hay que perder de vista que los compromisos actuales de recorte de emisiones de gases de efecto invernadero suscritos en el Acuerdo de París no van por el camino adecuado. Los objetivos son de entre 50 y 65% para 2030 y lograr las cero emisiones netas en 2050, lo cual podría limitar el calentamiento del planeta a 2°C, aunque la ciencia ha dicho que para evitar los peores escenarios es acercarse a 1.5 grados centígrados.

Así, es fundamental perfilar los esquemas de mitigación de los riesgos climáticos en las empresas financieras y no financieras.

 

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