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lunes , 27 septiembre 2021
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La miel es apreciada en el extranjero por su sabor y textura, de ahí el incremento en su exportación. FOTO: Efraín Valencia. Por Esto!

COVID-19 eleva el precio de la miel de Yucatán, aseguran productores

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EFRAÍN VALENCIA. POR ESTO!

La miel producida en el estado es cotizado en países como Estados Unidos y Alemania debido a la calidad del producto.

La apicultura sigue siendo uno de los pilares más importantes de la actividad económica y la miel que se cosecha en el Oriente de la Entidad ha abierto nuevos mercados de exportación; no sólo es el mercado europeo, sino que países asiáticos y América del Norte, aprecian la miel por su sabor, textura, aroma y por ser multifloral, aseguró Javier Efraín Cuxim, responsable de la planta de captación U’cabi Bojón S. C. de R. L.

El entrevistado comentó que los fenómenos naturales que azotaron la región el año pasado y la pandemia vinieron a fortalecer la actividad. Primero, a raíz de la escasez del dulce, el precio alcanzó hasta 62 pesos, en cuanto a una miel inocua; debido a la situación de salud, el consumo tan sólo en la localidad, donde entes era de uno o dos kilos por familia al año, ahora se incrementó de tres a cinco kilogramos por familia.

“La captación no estuvo tan bien, pero tampoco mal, porque estuvo en un 60 por ciento de lo que comúnmente se captaba en años anteriores”, aseguró Javier Efraín Cuxim, quien continuó diciendo que lo que ayudó bastante fue el precio, porque en años anteriores el precio era muy bajo, la actividad no era redituable; además de que la producción estaba caída en un 50 por ciento.

Comentó que ese año el precio alcanzó en esta zona 58 pesos el kilogramo del dulce convencional y la miel orgánica hasta 62 pesos, lo que dejó buenos dividendos.

También, refirió que una miel convencional es cuando el productor realiza prácticas permitidas por la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), hace uso de productos para controlar enfermedades, medicamentos no tóxicos para el ser humano y que están permitidos dentro de la normativa para el control de enfermedades.

En cuanto a manejo es lo tradicional que hace el apicultor, como encender su ahumador con cartón, bacales, madera y su cera la compra en cualquier veterinaria.

Por su parte, la miel orgánica es producida, en primer lugar, por un productor con certificado que lo acredita como comprometido con una miel 100 por ciento natural. El productor orgánico hace prácticas, todo lo contrario de lo que hace un apicultor tradicional, el sólo puede encender su ahumador con cera alcohol en gel, la misma hojarasca con maderas, su cera debe provenir de una maquiladora que tenga la certificación orgánica, con garantía de que es 100 por ciento pura y todas sus prácticas deben ser lo más natural, su apiario debe ser desyerbado a mano, no usa herbicidas, ni pintar las cajas. El mismo apicultor produce su reina, no puede alimentar sus abejas con azúcar de caña; debe almacenar miel para alimentarlas en época de escasez y de alimentación, además en el control de enfermedades, como la producida por el parásito varroa, debe usar aceites naturales.

La miel ha trascendido fronteras

El apicultor explica que el destino final de la miel es Alemania, que en Europa se están abriendo nuevos mercados que se están interesando por la miel mexicana, Holanda, países árabes, Dinamarca y Japón; antiguamente la miel sólo se exportaba a Alemania, ahora, además de Estados Unidos se comercializa en otros continentes.

Dijo que la miel de la región es apreciada por el color, su aroma, porque es multifloral, aquí se produce conformada por una amplia variedad de flores del campo, de ahí derivan sus características, como su sabor y su textura, porque tenemos esa riqueza de   vegetación que permite tener una de las mieles más apreciadas en el extranjero.

En otras zonas, como el Centro, sólo consiguen dos cosechas al año, son floraciones específicas como la miel de mezquite, miel de azahares de cítricos, sólo eso pueden cosechar y no hay otra variedad como la nuestra.

En esta región se pueden lograr varias cosechas, actualmente depende mucho de que el clima sea favorable, por ejemplo, el año pasado hubo tormentas, sólo se lograron dos o tres cosechas, porque la mayoría se perdió. Este año se han logrado seis cosechas regulares, porque el campo todavía se está recuperando, en los años que el clima es favorable se pueden lograr hasta ocho cosechas.

Agregó que la calidad del dulce depende mucho del lugar donde estén ubicadas las colmenas, por ejemplo, explicó que deben estar rodeadas de monte, aunque la mayoría de los apicultores no se alejan y tienen sus apiarios cerca del municipio, donde no hay mucha vegetación y en su mayoría son superficies convertidas en potreros.

Dijo que también se entiende que muchos apicultores no tienen vehículos, para llevar sus apiarios a las zonas arboladas y muchos dicen que les sale costoso, porque no pueden ir a revisarlas continuamente.

Cuxim refirió que donde hay vegetación, la apicultura es redituable y agregó que también existe el conformismo y los productores no aumentan el número de colmenas y se conforman con sólo dos o tres cosechas al año.

También, recordó que muchos productores abandonaron la actividad con los fenómenos naturales que azotaron el año 2020, lo que confirmó que quienes realmente son apicultores se mantienen en la actividad, aunque bajen los precios de la miel, porque otros entraron en ese negocio porque en un momento dado se disparó el precio, pero luego bajó y desistieron, regalaron su cajas y algunos vendieron lo poco que les dejó el clima.

El entrevistado dijo que el dulce que se está cosechando ahora es un producto con un alto grado de humedad por la lluvia, es delgada, suave. El precio, de 19 grados y medio permitido, es de 45 pesos; de 20 a 21 grados de humedad, entre 35 a 38 pesos. Hay empresas que compran hasta 22 grados, pero el precio es más bajo: entre 30 o 28 pesos y la miel no es apta para la exportación.

Dijo también que ahora los apicultores están en un periodo de alimentación, que abarca los meses de julio, agosto y septiembre; entre tres o cuatro meses y se depende del factor clima, si hay Sol, lluvias  y floración y no hay huracanes, lo más probable es que termine en tres meses la alimentación y en octubre empieza la floración de enredaderas, las milpas también producen polen y disminuye la alimentación. Todo depende del factor clima, pero si hay sólo lluvias tras lluvias y de paso un huracán, la primera cosecha será hasta el otro año.

Asimismo, destacó que la cosecha en este año no fue regular.

“Exhortamos a los productores que sigan con sus buenas prácticas, lo que permitirá que nuestra miel se siga cotizando a buen precio y se siga colocando en el mercado internacional por su color, aroma, sabor y alto nivel nutrimental.

Aumenta el consumo

En nuestro medio, antes de la pandemia, la gente casi no consumía miel; por familia se consumía de uno a dos kilos al año cuando mucho. Durante la crisis sanitaria, ya todos quieren consumir miel y se elevó el consumo de miel a nivel local  alcanzó de tres a cinco kilos por familia, a nivel país es otra cosa y a nivel internacional aún más favorable.

Explicó que el coronavirus vino a despertar conciencia en la gente, para que se diera cuenta del valor nutricional que tiene la miel y el impacto que causa el dulce en la salud, “con la miel se elaboran varios productos naturales, además de que contrarresta el problema del COVID y desde años se sabe el beneficio de la miel; nuestros antepasados consumían mucha miel, por eso era longevos, pero las nuevas generaciones abandonaron esa práctica de consumir lo natural y adoptamos más el consumo de lo sintético, de los químicos y descuidamos esa parte. La pandemia vino a recordar que hay un producto milagroso, valioso y ésta vino a fortalecer la actividad, ahora la gente busca la miel porque ha visto el impacto en la salud, los apicultores han hecho una campaña de consumo, además, impacta de forma económica al dejar una importante derrama económica. También, contrarresta el impacto ambiental porque la apicultura no deforesta, a diferencia de la ganadería.

Resumió que los apicultores están conscientes de que deben dejar monte para sus abejas, ya no tumba, existe más conciencia y el productor deja algunas hectáreas para esa actividad. La nueva generación de apicultores está viniendo con esa mentalidad ecológica.

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