viernes , 20 septiembre 2019
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Del etiquetado frontal: informativo o de advertencia

ALICIA SALGADO. CUENTA CORRIENTE. EXCÉLSIOR.

Un cambio en la regulación como la que se propone para México tendría un impacto de cinco mil millones de dólares, equivalente al valor de las marcas.

La primera decisión de cambiar las etiquetas de alimentos y bebidas ya se realizó en 2012 y tuvo un costo superior a tres mil millones de dólares para la industria de alimentos y bebidas, y aunque 70% de las personas saben que hay un etiquetado con información, menos de 30% lo sabe leer. Eso no se debe al etiquetado, sino a la falta de campañas permanentes de educación al consumidor para que lo puedan leer.

Por lo pronto, el Instituto Nacional de Salud Pública, que preside el doctor Juan Rivera, y El Poder del Consumidor, de Alejandro Calvillo, han logrado colocar en primera línea de aprobación en la Comisión de Salud, que preside Miroslava Sánchez, la misma que llevó a cabo ayer una prolongada sesión en Parlamento Abierto en la Cámara de Senadores sobre etiquetado frontal nutrimental y la elección de una dieta saludable.

Se supone que el tema del etiquetado había sido resuelto en mayo de este año por la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia, bajo ponencia de la ministra Yasmín Esquivel, pero ha revivido por la iniciativa que ha sido presentada por el grupo de Morena y tiene altas posibilidades de ser aprobado.

El etiquetado siempre advertirá, pero no educará. Ése es el problema de una intención legislativa. Hoy participaron representantes de las secretarías de Salud, Agricultura y Economía, y los directores del INSP, la Cofepris y el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición S. Z., además de representantes del sector empresarial como ConMéxico, CCE, Concamin y Canacintra.

Se comenta que la introducción del etiquetado frontal de advertencia, que sigue el modelo chileno, tendría un impacto de cinco mil millones de dólares, pero lo que no se hace en la legislación es establecer la obligación para quienes lo promueven de realizar un seguimiento preciso de los efectos que dicen que tendría el cambio.

Cuando fue aprobada la Ley de Etiquetado en 2012 se dijo que tendría resultados inmediatos y para 2016, ya se mencionaba el nuevo tipo de etiquetado con rombos, para señalar que el alimento o bebida si es dañino a la salud por la concentración de azúcares añadidos, sodio, grasas y calorías.

Para la industria, este etiquetado vulnera los derechos de propiedad industrial y los promotores de esta ley vigente en Chile y Perú en América del Sur, con el aval de la Organización Panamericana de la Salud, han adelantado que estas restricciones no son suficientes y que se debe aspirar al “plain pack” (empaque blanco sin ningún tipo de distintivo marcario) y una política de “no  publicidad”.

En México, se estima que una regulación de esta naturaleza tendría un impacto de cinco mil millones de dólares que representa el valor de marca del sector de alimentos y bebidas.

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