Una de las redes de valor agroalimentarias más importantes en Yucatán es la red de valor miel; está red de valor cuenta con 11,000 apicultores en el estado, los cuales, en promedio, poseen 1.2 apiarios con 20 colmenas cada uno, que suman 264,000 colmenas

En el 2015, Yucatán ocupó el primer lugar de la producción nacional con 11,629 toneladas. En el 2017 cayó al quinto lugar, con 4,351 toneladas, y para el 2018 la actividad repunto con 9,744 toneladas y un valor de producción de 371 millones de pesos.

Debido a una precipitación anual muy baja en la entidad durante los años 2015–2016, y siendo este un factor determinante en la producción de miel, la producción y acopio fue negativa en la cosecha del año posterior; no así en los precios, que, por efectos de oferta y demanda, aumentaron considerablemente. Para el año 2017, con la normalización de las lluvias que registraron precipitaciones mayores en los meses de junio a septiembre, hoy la producción va en aumento, enfrentando, sin embargo, diferentes retos, como la tala y el uso de agroquímicos en actividades agrícolas que afectan la producción, considerando que una abeja con suficiente floración, recorre 1 km para recolectar néctar, mientras que con baja floración puede recorrer hasta 12 km.

Otro factor que influye en la producción de miel es la estacionalidad en la producción, dado que está estrechamente relacionada con los meses de la primavera, ya que el inicio de la floración de muchas especies arbóreas de Yucatán, por ejemplo las más comunes como el ja´abin, que florece de marzo a abril, el tzalam de mayo a junio, y el xtabentun y tajonal, de noviembre a febrero, se realiza de marzo a junio, que son los meses de mayor producción, disminuyendo drásticamente en los meses de julio a septiembre, e iniciando nueva y gradualmente en los meses de noviembre a febrero.

Una colmena alberga cerca de 80,000 abejas y cada colmena se conforma por una abeja reina, cuya principal función es poner huevecillos, asegurando la supervivencia de la colonia, abejas obreras, que son las encargadas de colectar polen, construir los panales y producir miel, y abejas llamadas zánganos, que tienen la función de aparearse con la reina y calentar a las crías dentro de la colmena.

Una colmena puede producir 30.5 kilos por ciclo, y para que esto suceda los apicultores realizan diferentes actividades en el año para desarrollar la apicultura de forma eficiente y obtener un ingreso seguro. Las principales actividades son limpia del terreno del apiario, cambio de resinas, cosecha de la miel y alimentación de la abeja en los meses críticos en que hay poca floración.

Algunas empresas comercializadoras de miel en Yucatán, desde hace más de 6 años, tuvieron la visión de incursionar en la producción de miel orgánica como alternativa para mejorar los ingresos de los productores, trabajo por demás arduo, que consiste en organizar a los productores, capacitarlos y hacer conciencia junto con ellos de la importancia que tiene para el medio ambiente este sistema de producción, ya que es más amigable con el medio ambiente y que pueden obtenerse mayores ingresos comparados con la producción de miel convencional.

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Durante el 2018 y el 2019, FIRA ha otorgado recursos para capacitación y asistencia técnica a productores apícolas de Yucatán que mostraron interés en ingresar al programa de proveedores de empresas comercializadoras de miel orgánica con las que FIRA mantiene relaciones de negocio.

Para ingresar a este esquema, se debe contar con una certificación en la producción de miel validada por una firma certificadora; el proceso inicia con los apicultores convencionales que son visitados por los asesores, quienes les dan a conocer las prácticas que deben adoptar para poder cumplir con el proceso de producción. Existen varios niveles de certificación y ésta concluye hasta que la certificadora los supervisa y registra.

En este esquema de negocio, los apicultores que participan reciben capacitación constante de los asesores técnicos que contratan las empresas con el apoyo de FIRA, así también obtienen un mejor precio por kilogramo de miel desde el momento en que se inscriben al programa; otro beneficio que han adquirido los apicultores es la capacitación para buenas prácticas de producción de miel orgánica, así como para la elaboración de subproductos como el polen y propóleo orgánico, obteniendo ingresos adicionales.

Las comercializadoras fungen como empresas tractoras, otorgando las herramientas necesarias para incrementar la base de productores de miel orgánica y, por ende, elevando el acopio y comercialización de la misma. Este proceso, sin embargo, no es rápido, ya que influyen factores culturales en los métodos de trabajo y la adopción de tecnologías por parte de los productores, quienes deben continuar realizando continuamente las prácticas y procesos para conservar la certificación cada año.

Actualmente se cuenta con un padrón de 600 productores orgánicos certificados y 500 en proceso.

Al cierre del año pasado, FIRA ha colocado recursos de fondeo por 286 mdp en la red de miel, y siendo la comercialización la actividad preponderante, el reto es ampliar el flujo de financiamiento a la actividad primaria, con mejores condiciones crediticias, lo que significa buscar mecanismos de garantías que permitan a los intermediarios financieros incrementar sus operaciones en la fase productiva.

Para los inscritos en el programa de desarrollo de proveedores, se financian capitales de trabajo para los costos de producción y financiamiento de largo plazo para la adquisición de infraestructura y equipo, complementando con asistencia técnica y capacitación que reciben los productores para mitigar los riesgos en la producción, y la recuperación de los financiamientos son de acuerdo con los ciclos y amortizaciones de cada productor; en este caso, las empresas comercializadoras liquidan la miel al productor considerando los pagos del financiamiento bajo un esquema muy seguro. Como complemento se pueden realizar mezclas de recursos con algunos apoyos de otras entidades.

El principal reto en el programa de desarrollo de proveedores de miel orgánica es, sin duda, lograr incrementar la base de productores certificados para garantizar a la industria un producto de mayor calidad, así como integrar un mayor número de intermediarios financieros para incrementar las líneas de crédito, generando un esquema consolidado de negocio para todos los actores de esta red.

*Roberto Carlos Pozo Enríquez es agente de FIRA en la oficina de Valladolid, Yucatán. La opinión aquí expresada es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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