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jueves , 27 enero 2022
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El propietario del sitio maneja una plantación de 40 hectáreas de oro verde; el día de la rapa se ocupan 29 mil hojas y se necesitan 160 mil mensualmente. FOTO: Isaí Dzul. POR ESTO!

Desfibradora de henequén continúa de pie tras más de 50 años de trabajo

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ISAÍ DZUL. POR ESTO!

El dueño asegura que, con el paso de los años, las personas que se dedican al cultivo de henequén en Telchac Pueblo han dejado de producir después de los fenómenos naturales que azotaron a Yucatán desde los años 90.

A pesar de la baja producción de oro verde en la zona, desde hace más de 50 años, la desfibradora de henequén ubicada en la hacienda “Santa Rosa” aún sigue en pie, asegura su dueño, Pedro Pablo Ruiz, quien dio a conocer que desde que le compró el lugar a su hermano, ha visto la forma de sacarla adelante para que siga desfibrando las hojas que los henequeneros suelen llevar para que se produzca las fibra conocida como sosquil dos veces a la semana.

Pedro además cuenta con una plantación de 40 hectáreas de pencas entre cultivo y cosecha, dijo que el día que realizan la raspa ocupan una cantidad de 29 mil hojas, para que al final del mes hayan completado la meta de 160 mil hojas desfibradas.

Comentó que con el paso de los años, las personas que se dedicaban al cultivo de la fibra dejaron de producir debido a la caída que tuvieron en los años 90, después de los fenómenos naturales y la quiebra generada en el precio, “casi ya no hay fibra aquí en el pueblo, mayormente es mío lo que se cultiva y uno que otro parcelario que viene a traer su producto, ya no es como antes cuando estaba en su apogeo el henequén”, agregó.

Refiere el productor que actualmente la producción ha tenido buen precio, por lo que se ha estado pagando a 29 pesos el kilo del hilo ya desfibrado.

Sin tener que salir a ofrecer su producción, las cordelerías del municipio de Yobaín y Seyé son de los mayores consumidores cercanos de la fibra, pues otros van a Telchac Pueblo para comprar dicho producto, además hay personas de la ciudad de Mérida que son mayoristas en adquirir los hilos,  “hay varias fábricas mayoristas que vienen y se llevan todo lo que se produce, no puedo decir una cantidad exacta por ahora, pero se llevan todo lo que se genera”, dijo.

Ruiz sostiene que se ha ido perdiendo el interés por el cultivo y el trabajo de desfibrado, sólo las personas mayores que en su juventud fueron trabajadores y vieron la abundante producción, son quienes hasta la fecha siguen con él trabajando en la desfibradora. Para realizar la producción del sosquil se tiene que contar con personal de elevadores, de acomodo para el secado, acarreo de bagazo y quienes se encargan de acomodar las hojas para que entren a la máquina, “no hay personal que quiera trabajar y en todos lados en donde se sigue trabajando el oro verde es el mismo problema. Los jóvenes han optado por otras áreas laborales. En el campo es muy difícil cortar las hojas por ese mismo problema; sólo los mayores que no lo quieren dejar lo han mantenido de pie hasta hoy en día”, aseguró.

Cuando hay buen Sol y viento, Pedro dice que el proceso de secado sucede de manera rápida, pero cuando hay nublados la fibra tarda hasta un día completo para secarse. Para que el sosquil salga blanco, pasa por un sistema de lavado que las lubrica, para que genere una limpieza al momento de ser tendida en la deshidratación. Durante el 2020 cuando se registró una baja en los comercios y producciones, comentó que no se vieron afectados, pues la comercialización siguió igual como ha estado hasta el día de hoy. Todos los trabajadores que se dedican al cultivo de hortalizas en los alrededores son beneficiados con el bagazo que pueden utilizar como abono para sus plantas, ayudando a la regeneración de los suelos y evitan los fertilizantes que contaminan la tierra y el cultivo.

Explica que continuar con el sistema antiguo de raspado mediante una máquina de diésel, que consume 40 litros en cada rapada, genera que las fibras salgan finas y ayuda a que las bobinas aguanten más tiempo, “en la década de los noventa cuando se pagaba a 9 pesos el kilo, en los últimos 20 años el precio ha subido a 20 pesos, mejorando la producción para que se mantenga a pesar de las pocas plantaciones.

Pablo informó que años atrás, Brasil era uno de los compradores masivos del henequén a Yucatán y actualmente son los que le venden a la Entidad su producción, “Brasil genera plantación de Sisal, no es henequén lo que producen; es muy parecido, pero cuando se peina hace que se suelte y es más trabajosa, por eso mezclaron la nuestra con la de ellos para que pueda resistir más”. Además, sostuvo que Yucatán es quien actualmente le compra sosquil a Brasil por la escasez que hay actualmente en los platillos, “ahora todos están desesperados por comprar el sosquil, pero no hay, mi hijo vendió en plataforma en 190 pesos el kilo para mandarlo a artesanos, casi ya no hay producción, por eso es caro cuando se compran las artesanías”, dijo.

Actualmente, la Secretaría de Desarrollo Rural de Yucatán (Seder), informó el aumento del 25 por ciento de hectáreas, en lo que va del 2012 al 2018, subiendo de 12 mil a 15 mil hectáreas de henequén en el Estado, produciéndose en más de 20 municipios como Motul, Izamal, Sinanché, Suma de Hidalgo, Tepakán y Teya.

Ruiz dijo que debido al tiempo que requiere cultivar el henequén, muchos en la actualidad no se deciden a producirlo para que pueda aumentar la comercialización y que dicho país sudamericano deje de venderlo en cantidades más fuertes, lo que que debilita la economía del país, “las personas de ahora que siguen este cultivo es la gente adulta, los jóvenes no saben que si la producción llegara a aumentar podríamos volver a levantar la manufactura del henequén que teníamos; hay mercado internacional que se está posicionando ahora, es cuestión de apostarle para ver los resultados, porque una planta tardar hasta 10 años dando su cosecha”, afirmó.

Regiones como la Florida, Cuba, Tanzania y Kenia, son otros lugares donde se logró adaptar la planta al tipo de suelo para lograr hacer cultivos, como los casos de México y Brasil.

Hasta el momento, los parcelarios de Telchac Pueblo sólo cuentan aproximadamente con una y una hectárea y media de producción por campesino, y son muy contados los que han comenzado a plantar de nuevo en estos últimos años, poniendo en riesgo la desaparición del oro verde en caso de que nadie más se interese en seguir su producción y comercialización.

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