jueves , 21 noviembre 2019
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Deterioro ambiental seguirá creciendo

EDGAR AMADOR. EXCÉLSIOR.

El costo de la prosperidad económica global es el cambio climático. Fuente: Pixabay

CIUDAD DE MÉXICO.- El costo de la prosperidad económica global es el cambio climático: somos una sociedad cada vez más rica económicamente, pero cada vez más pobre ecológicamente.

El cambio climático debería de ser algo mucho más que un tema de “moda”: la posibilidad de que nuestra civilización sucumba por culpa de los daños que hemos provocado a la naturaleza aumenta cada día. La forma en que nuestra civilización produce riqueza no es sostenible en el mediano plazo: de seguir así seremos las víctimas inevitables de nuestro propio talento y de nuestra ambición por maximizar las ganancias corporativas e individuales.

Por lo anterior, es necesario que, junto con las cifras de producción de riqueza económica, la política pública de los gobiernos debe de enfocarse también y, sobre todo, a maximizar el PIB ajustado por la destrucción de riqueza natural.
Desarrollo sostenible. Foto: Gráfica INEGI

De nada nos sirve crecer al 6 por ciento, si para ello destruimos el 6 por ciento de nuestra riqueza natural. Peor aún, si creciéramos a esa tasa, pero a costa de destruir el 10% de nuestros recursos naturales, dicho crecimiento del PIB en realidad sería inexistente a mediano y largo plazo, pues la destrucción sostenida de nuestra riqueza natural está muy cercana a un punto en que se convertirá en una limitante al crecimiento económico mismo.

En el caso de México, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), desde hace ya casi dos décadas publica un valioso conjunto de información que permite estimar de manera puntual el costo del crecimiento económico para México.

Las cifras muestran el costo del crecimiento económico para la naturaleza y el medio ambiente mexicanos. Existen dos indicadores muy importantes: el coeficiente Costo de Degradación/ PIB, y el Costo Total por Agotamiento/PIB, los cuales miden, en distintas escalas, el costo económico de la depredación natural de nuestro país.

El primer índice, una tasa en 3.7 puntos porcentuales del PIB el costo de la degradación natural; mientras que el segundo, que mide el agotamiento prácticamente total de los recursos, alcanza el 0.6 por ciento del PIB.

Es interesante ver la evolución reciente de estos indicadores. Por ejemplo, el índice de degradación viene de un nivel de 5.3 por ciento en el 2003; y el índice de agotamiento alcanzó 1.8 por ciento en el 2013, sugiriendo que el costo natural del crecimiento económico se ha estabilizado en años recientes.

Pero a juzgar por el coeficiente de gastos de protección ambiental/PIB medidos por el Inegi, no estamos haciendo lo suficiente para compensar ese costo natural, pues ese índice se ubicó durante 2017 en 0.6%, apenas suficiente para cubrir en el límite la tasa de agotamiento ambiental.

El índice más amplio del deterioro ambiental es el del cociente del PIB ajustado ambientalmente, el cual se ubica en 78.5 por ciento, lo que en términos gruesos significa más de 20 por ciento del PIB que medimos en el país debería de restarse si no se nos fuera permitido afectar las dotaciones naturales del país. No es una cifra menor y vale la pena conocerla en estas fechas en donde el calentamiento global es tan relevante.

Gastos protección ambiental. Foto: INEGI

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