Mientras en Alemania, el segundo país importador café en el mundo; en Suiza, sede de 70% del comercio internacional del café; en Estados Unidos, en Canadá, en Noruega y en toda la Unión Europea celebran hoy 1 de octubre el Día Internacional del Café con júbilo, debido a la bonanza de su industria del café, los 25 millones de caficultores del mundo no tienen nada que celebrar. Las multinacionales del café les pagan ahora la cuarta parte del precio del Convenio Internacional del Café de 1983.

El contraste entre la exitosa realidad de las industrias del café alemana, suiza, estadounidense, canadiense y europea y la cruel realidad en la regiones cafetaleras de América Latina, Asia y África no puede ser mayor. La rentabilidad de la industria del café en los países del Norte es la más alta en su historia, mientras crecen la miseria, el hambre, la desnutrición infantil, el trabajo infantil y la migración forzada en las regiones rurales que abastecen el café a esa pujante industria para el norte.

En los países desarrollados los consumidores pagan entre 1 y 5 dólares por una taza de café y de esto los caficultores reciben menos de 1% del valor de una taza como compensación por el aromático grano que producen para la industria del café.

Alemania, por ejemplo, recauda además un impuesto al café de 2.19 euros por cada kilogramo de café tostado y de 4.78 euros por kilogramo de café instantáneo. Ese impuesto al café es superior al pago que reciben los productores de café en las montañas donde hoy reina la miseria. La “ayuda para el desarrollo” de Alemania es una fracción insignificante de lo que recauda en impuestos por el café.

El modelo de la industria del café además de ser neocolonial es ilegal. Concentra las utilidades, el valor agregado y los impuestos en los países desarrollados mientras incrementa la miseria, el hambre, la desnutrición infantil, el trabajo infantil y la migración forzada en las regiones rurales que producen café todo esto con fines de lucro. Es también ilegal debido a que el sistema de falsas certificaciones al café, cacao, té, etcétera, impulsado por la Unión Europea, Suiza, Estados Unidos y Canadá, mal llamado de “Comercio Justo” o “fairtrade”, engaña a los consumidores además de explotar a los caficultores y trabajadores rurales. Los productores de café del falso “Comercio Justo” reciben menos de la mitad del precio que recibían según el Convenio Internacional del Café de 1983. (Por favor lea: Chocolate, café y té ‘Comercio Justo’: El fraude más grande del siglo).

En la reunión de crisis de CEO de la industria del café organizada por la Organización Internacional del Café, el lunes de la semana pasada en Londres, propuse cambiar urgentemente el cruel e ilegal modelo de negocio de la industria global del café e implementar un sistema transparente de valor compartido con compensación de 10 céntimos de dólar por taza que además de erradicar la miseria y el trabajo infantil pueda acelerar el desarrollo económico en las regiones rurales que producen café sin necesidad de la mal llamada “ayuda para el desarrollo“.

Estoy convencido que la mayoría de programas de “ayuda para el desarrollo” e iniciativas de “sostenibilidad” en café impulsadas por Alemania, Suiza, la Unión Europea, Noruega y Canadá sólo han servido para consolidar la pobreza de los 25 millones de caficultores y de 100 millones de personas que dependen económicamente de ellos; han servido especialmente para incrementar las utilidades de las grandes multinacionales y los impuestos en beneficio de los países desarrollados. Esto es todo lo contrario del compromiso de la Unión Europea, de Suiza, de Noruega y de los países del G7 de respetar el imperio de la ley, los derechos humanos, los derechos de la niñez y apoyar los objetivos de desarrollo sostenible.

Hoy los productores de café subsidian a las multinacionales del café por un monto que sobrepasa los 28,000 millones de dólares anuales, debido a que estas les compran el café a los agricultores a un precio artificialmente bajo abusando de su posición dominante desde Suiza. 70% del café del mundo es comercializado en o desde Suiza. Esto tiene que cambiar para frenar el inaceptable costo humano en los países cafetaleros de cada taza de café consumida en Alemania, Suiza, Noruega, Canadá, Japón y en la Unión Europea.

Ejemplos del costo humano:

  • Suiza tiene más niños trabajando en su cadena de suministro de café, cacao y té que niños estudiando en todas las escuelas de todos los cantones de la Confederación Helvética. Y aun así Suiza presume ser una democracia ejemplar.
  • La Unión Europea es hoy la mayor beneficiaria económica de la pobreza extrema y del trabajo infantil en las regiones rurales que producen café y también cacao. La Unión Europea dice ser ejemplar en su respeto a los derechos humanos.

Debo insistir que la mejor solución para las multinacionales y también para los gobiernos de los países importadores de café es implementar un sistema transparente de valor compartido con compensación de 10 céntimos de dólar o de euro por taza de café pagado por los consumidores. (Por favor, leer informe de BBC: ¿Podrían 0.10 dólares resolver el gran problema del café en el mundo?)

Los países productores de café deben unirse y crear Ocafe, una OPEP pero del café, para defender los derechos de todos sus agricultores, de todos sus trabajadores y de todos sus niños. El trabajo infantil es hoy parte del modelo de negocio de las multinacionales ya que les permite comprar café cada vez más barato. Esto no puede seguir así, además de ser cruel es ilegal.

* Como bloque de naciones, el primer importador de café del mundo es la Unión Europea con 41% de todo el café exportado. El primer país importador de café es Estados Unidos que importa 18.5% —un poco menos de la mitad que la Unión Europea.

Fernando Morales-de la Cruz es fundador de Café For Change

Twitter: @CafeForChange