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Día Mundial de la alimentación

LILIANA MARTÍNEZ LOMELÍ. EL ECONOMISTA.

El cambio climático, las formas de producción y de consumo de alimentos son fenómenos vinculados

Como cada año, a iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas se conmemora el Día Mundial de la Alimentación, entre otros fines, para difundir y concientizar sobre los retos que enfrentamos como población mundial para el Objetivo Hambre Cero del año 2021.

El tema de este año es “Nuestras acciones son nuestro futuro, una alimentación sana para un mundo hambre cero”. La formulación del tema nos urge a reflexionar acerca de que los retos de la alimentación sana al alcance de toda la población, más allá de que todos tengamos qué comer, es además un reto que conlleva la calidad de lo que comemos y que invariablemente estas acciones tienen un impacto en el planeta.

El cambio climático, las formas de producción y de consumo de alimentos son fenómenos intrínsecamente vinculados. Tenemos una población que, a pesar de sufrir hambre, globalmente ha aumentado su esperanza de vida. Vivir más años significa, también, tener necesidades de salud durante más años. Y ante este crecimiento poblacional, las alternativas y formas de abastecer a la población exigen también la innovación tecnológica para producir y distribuir alimentos de manera más sustentable.

Diferentes investigaciones científicas en diversas áreas del conocimiento están tratando de elucidar no sólo cómo hacer más sustentable la producción de alimentos, sino que, desde hoy, poder predecir cómo el cambio climático puede afectar los alimentos que consumimos. Por ejemplo, varios biólogos que investigan la capacidad adaptativa de las plantas para realizar la fotosíntesis han concluido cómo a partir de que el CO2 en la atmósfera ha ido en aumento, las plantas se han adaptado y su composición ha cambiado, de modo que ahora tienen mayor cantidad de hidratos de carbono y menor cantidad de micronutrimentos como zinc, potasio, magnesio y cobre. Estos cambios adaptativos de seres vivos que los seres humanos consumimos como alimento son entonces el resultado de las condiciones ambientales en las que vivimos.

Por ello, es que cuando se habla de alimentación sustentable para combatir el cambio climático, no sólo se involucra la forma en la que gestionamos el desperdicio de alimentos o las maneras de empacar la comida. El problema es aún más complejo que las acciones que los individuos pueden emprender para revertir los daños al planeta que son daños a lo saludable de nuestra alimentación.

Últimamente, se ha mediatizado los mensajes de cambio climático como un asunto en el que sin duda, además de las acciones individuales emprendidas por las personas, se necesita actuar a nivel institucional para normar a nivel mundial las maneras en las que la producción, distribución y consumo de alimentos favorezcan de manera que causen un impacto real sobre la sustentabilidad de nuestras acciones.

De esta manera, parecería que las situaciones a resolver sobre los retos que enfrenta la alimentación global se van sumando en lugar de irse resolviendo. Del objetivo hambre cero, en el que nadie en el planeta debería padecer hambre, se suman nuevos retos en situaciones que no están totalmente resueltas. Estos nuevos retos apuntan, sin duda, a la sustentabilidad de lo que consumimos quienes no padecemos hambre. Ignorar estos nuevos retos sólo asegura que en un futuro no muy lejano, además de lidiar con situaciones de hambre o malnutrición por carencia y excesos, también se tenga que lidiar con temas de abastecimiento para quienes en un principio tenían supuestamente asegurado el alimento.

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