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Dogma y clima

Sergio Sarmiento. JAQUE MATE. Reforma

“El cambio climático es un problema, pero… no el mayor problema de la humanidad”.

Richard Tol

26 Dic. 2014. Sí, el mundo se está calentando. Los 10 años más calientes desde que empezaron las mediciones científicas en 1850 se ubican después de 1998 y hasta la fecha los más calurosos han sido 2005 y 2010 (SkepticalScience.com). Este 2014 podría terminar siendo el año más caliente desde 1850 (climatecentral.org), aunque el planeta ha sufrido temperaturas mayores, por ejemplo, en el máximo térmico del paleoceno-eoceno hace 65.8 millones de años. Tampoco hay muchas dudas de que el calentamiento actual es producto de la actividad humana y en particular de las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera.

Los climate deniers, “negadores del clima”, sólo pueden “refutar” estos hechos cerrando los ojos a la información científica, la cual, sin embargo, no avala la visión catastrofista del calentamiento global que se ha convertido en un verdadero dogma de fe.

Kofi Annan, ex secretario general de las Naciones Unidas, afirmaba en un informe en 2009 que el calentamiento global constituía el “mayor reto humanitario” del mundo. El calentamiento global es responsable, afirmaba, de 300 mil muertes al año, cifra que podría aumentar a 500 mil en 2030 (The Guardian, 29.5.09). El actual secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, declaró en abril de este 2014: “Si no tomamos una acción urgente, todos nuestros planes para aumentar la prosperidad global se desmoronarán” (Huffington Post, 5.4.14).

No hay indicios científicos, empero, de que haya aumentado la mortalidad en el planeta y mucho menos por el calentamiento global. La esperanza de vida sigue al alza mientras que el uso de los combustibles fósiles ha generado el impulso económico que ha permitido la mayor reducción de la pobreza en la historia de la humanidad.

En un reciente artículo en The American Interest (10.12.14) Richard Tol, académico neerlandés especializado en las consecuencias económicas del cambio climático, afirmaba que las exageraciones son el “sinsentido que impide una discusión racional sobre la política climática… Si bien el cambio climático es un problema que debe enfrentarse, no debemos perder nuestro sentido de la proporción o impulsar soluciones que pudieran hacer más daño que bien”.

El principal problema de la humanidad no es el calentamiento global sino la pobreza, que sí cuesta millones de muertes prevenibles al año. Muchas de las medidas que se han impulsado para contener el calentamiento global, sin embargo, afectan el crecimiento económico y aumentan la pobreza. El costo para los más pobres es mucho mayor que el aumento de 0.8 grados Celsius en el planeta desde 1850 o los 2 grados de aumento que el planeta podría alcanzar en las próximas décadas.

El calentamiento global puede tener consecuencias negativas pero también positivas. Las condiciones del clima son tan complejas que los científicos no han logrado prever las consecuencias. Los fundamentalistas afirmaban, por ejemplo, que veríamos un aumento de la actividad y la intensidad ciclónica, pero esto no ha ocurrido. Previeron también un desplome en la producción de alimentos, cuando hemos visto lo contrario. “No hay razón para afirmar que el clima del pasado es ‘mejor’ que el clima del futuro”, señala Tol.

Es razonable moderar las emisiones de dióxido de carbono, aunque esto no desacelerará el calentamiento global en varias décadas. La tecnología nos ofrece las mejores opciones para reducirlas. Pero castigar el uso de combustibles fósiles afectará la productividad y causará más pobreza. Ésta no es una solución sino un daño autoinfligido. Quizá sea bueno dejar de tenerle miedo al cambio. “Nunca ha habido un periodo largo de estabilidad climática”, afirma Tol.

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