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El agrarismo en Morelos está herido de muerte

ZACATEPEC. 23 de abril de 2008. El agrarismo en Morelos “está herido de muerte” y con la política de fraccionar el campo para viviendas de descanso han dado al traste al Plan de Ayala, un ideal zapatista que trasciende las fronteras y que se puede aplicar actualmente en temas delicados de interés nacional como el caso Pemex, comentó el recopilador histórico Agur Arredondo Torres.

“En mi opinión, el agrarismo en Morelos está herido de muerte”, porque si estuviéramos en un estado que perteneciera al País del nunca jamás y donde el líder agrario y su ejército revolucionario que funcionó en su momento hubiera sido Pito Pérez, no pasaría nada, “pero estamos en Morelos, en la cuna del agrarismo, en la tierra de Emiliano Zapata y eso debe llamar mucho la atención”.

El entrevistado reflexionó respecto a que la vocación agrícola del estado fue cambiada después de la Revolución, por una política industrial, con Civac y otros lugares, “y posteriormente nos vendieron la idea de un estado turístico”. Políticas que, si bien son buenas económicamente, descuidaron el campo “y en aras de impulsar estas dos áreas olvidaron la vocación agraria, agrícola y ganadera del estado de Morelos”, lo cual ha originado una insuficiencia alimentaria que nos lleva a hacer un país importador de alimentos, cuando tiene lo suficiente para producirlos, gente y tierras altamente productivas, refirió Agur Arredondo.

“Uno de los sueños zapatistas (era) el que cada uno de los campesinos tuviera su propia tierra, para tener su maíz, frijol y medio de abastecimiento”, lo cual se ha olvidado y en todo el país, con la esperanza de ser abastecidos por otras naciones, lo cual, la mayoría “no lo quiere aceptar, asimilar o lo ve de lado y hay varias razones (para ello)”.

En este sentido, el recopilador histórico enumeró que la primera de ellas es el fenómeno que sucede en el ejido, donde sus miembros ya son viejos y no tienen a quién heredar la tierra, para que se trabaje, lo cual no se previó, por lo cual recurren a la venta y a la división de la misma como herencia que les toca a cada uno de los hijos.

El problema fue propiciado por las reformas salinistas “que terminaron por darle al traste al sueño zapatista”.

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