Especialistas alertan por alza en importaciones, falta de infraestructura y suelos degradados.

CIUDAD DE MÉXICO.- Aunque el popular dicho afirma que “sin maíz no hay país” y se ha reconocido en numerosas ocasiones su importancia para los mexicanos, no sólo por ser la base de la alimentación desde tiempos prehispánicos, sino por la manifestación cultural que representa, este grano básico se ve amenazado desde diversos flancos.

Según cifras del Primer Informe de Gobierno de la actual administración, la importación de maíz ha aumentado en 136.7%, al pasar de 7.3 millones de toneladas en 2009 a 17.2 millones de toneladas en 2018, pese a que la producción de este grano en México se ha mantenido estable en los últimos 10 años, con un promedio de 23.6 millones de toneladas al año.

Sin embargo, no sólo el nivel de importaciones, en su mayoría desde Estados Unidos, representan un peligro para la producción mexicana de maíz. La modificación genética de las semillas; la falta de infraestructura para almacenar grano y agua; la pérdida de los nutrientes del suelo debido a prácticas de siembra nocivas, así como el desinterés del gobierno en el sector primario y falta de presupuesto para el campo, son los principales retos que, de acuerdo con productores y expertos en la materia, enfrenta este alimento, pilar de la dieta mexicana.

Protección nacional

El pasado martes, el Senado de la República aprobó la creación de la Ley Federal para el Fomento y Protección del Maíz Nativo y decretar el 29 de septiembre como el Día Nacional del Maíz.

En los dictámenes, los cuales fueron enviados a la Cámara de Diputados para su ratificación, se resalta la importancia de emprender acciones legales especiales para fomentar al maíz como una planta de valor cultural, alimentario y económico, así como protegerlo de modificaciones genéticas.

Para Gerardo Noriega Altamirano, profesor investigador de la Universidad Autónoma de Chapingo, el bajo rendimiento de la producción mexicana de maíz —en una superficie de aproximadamente 7.5 millones de hectáreas— no se puede atribuir solamente al material genético, sino responde en gran medida a la baja fertilidad de los suelos de nuestro país.

“Cuando tú volteas a ver cómo está este patrimonio-suelo en México donde estamos cultivando no sólo maíz, sino todas las cadenas agroalimentarias, son suelos degradados, pero no tenemos una política nacional en la que digamos ‘el suelo es patrimonio nacional, por lo tanto vamos a cuidarlo, a protegerlo, vamos a restaurarlo’”, indica en entrevista con Excélsior.

El investigador especialista en maíz subraya que el campo mexicano permanece en el abandono y no existe una vinculación necesaria entre el gobierno, el sector productivo y las universidades, para trabajar en la implementación de medidas que le brinden innovación tecnológica a los campesinos, les permitan organizarse y les otorguen financiamiento.

“Hay un abandono del Estado hacia el campo. Los campesinos requieren procesos de innovación tecnológica, pero en los últimos años no hay personal profesional del desarrollo rural —llámele agrónomo, economista, sociólogo, biólogo, agroecólogo— que estén apoyando al productor para hacer las mejores densidades de siembra, hacer las mejores prácticas agrícolas. Al productor lo hemos dejado ahí, abandonado. Tiene conocimiento, es cierto, pero requiere de innovaciones tecnológicas, organizarse para producir, financiamiento, y eso no se ha dado”, señala.

En el olvido

Juan Pablo Rojas Pérez, líder de la Confederación Nacional de Productores Agrícolas de Maíz en México (CNPAMM), coincide en que, actualmente, el sector primario se encuentra en el olvido por parte de las autoridades, lo que aunado a fenómenos como la sequía que se presentó los primeros meses de este año, pone en una crisis alimentaria al país.

“Pese al crecimiento del sector primario en México, el gobierno no lo está volteando a ver, porque el presupuesto se vuelve a reducir en más de 30% de 2019 a 2020 y eso nos da clara evidencia de que el gobierno está más preocupado por atender las cuestiones políticas que la parte productiva, maquillándolo a través de la atención social”, expresa a este diario.

En México, en 2018, el consumo aparente de maíz fue de 43.4 millones de toneladas, de las cuales 27.1 millones se produjeron en territorio nacional; 17.1 millones de toneladas se importaron y sólo 908 mil toneladas se destinaron a la exportación, según información de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader).

Sin embargo, no todo ese grano se destina a la producción de masa y tortilla. El maíz también es la base para la producción de huevo, carne y leche, por lo que la baja en la producción que se prevé para este año orillaría a mayores importaciones o, en palabras del líder de la CNPAMM, llevaría al país a una alerta alimentaria.

“Hoy calculamos que en México no vamos a producir más de 20 millones de toneladas de maíz, la sequía nos ha llevado a esa condición, pero más que la sequía las políticas erráticas o la inexistencia de una política económica pública agrícola que genere estrategias de inversión en infraestructura pública productiva”, alerta.

Por ello, hace un llamado a los diputados federales, para que se conduzcan con autonomía, sensibilidad y responsabilidad respecto a los recursos para el campo en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2020 y que se impulsen programas emergentes para atender la producción de alimentos en nuestro país.