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El nuevo Mar de los Sargazos

GERMÁN GONZÁLEZ DÁVILA. CRONICA.

Los sargazos, o cardos marinos, son del género Sargassum, con alrededor de 150 especies de algas cafés de la familia Sargassaceae. Habitan generalmente pegados a las rocas a lo largo de costas de regiones templadas, Pero dos especies, Sargassum natans S. Fluitans, son pelágicas, habitan en el Atlántico entre los meridianos 40º y 70º Oeste y los paralelos 25º y 35º Norte —al Este de los Estados Unidos, colindando con las islas Bermudas— y constituyen el Mar de los Sargazos descubierto por Cristóbal Colón. Las corrientes marinas que lo circundan avanzan en el sentido de las manecillas del reloj, generando un sistema de aguas marinas superficiales de forma ovalada que configura zonas de «calma chicha» (ausencia de vientos que impide navegación a vela) y mantiene reunidas a grandes poblaciones de estas dos algas, donde muchos veleros quedaban varados durante la época de la colonización de América.

Ocasionalmente, cantidades masivas de sargazos ya provocaban impactos negativos para el turismo de playa en algunas islas del Caribe, pero durante esta segunda década del siglo, un nuevo e inmenso «Mar de los Sargazos» se extiende desde la zona de desembocadura del gran río Congo (antes Zaire), en las costas occidentales de África Central y atraviesa todo el Atlántico hasta las costas del norte de América del Sur y el Caribe. Éste es el sargazo que, en cantidades inmensas y nunca antes registradas, está impactando en las costas orientales de la península de Yucatán.

¿Por qué?

Se ha dicho que se debe al exceso de nutrientes que derraman los ríos Congo y Amazonas, debido a la deforestación y a fertilizantes agrícolas; incluso se ha intentado explicar como consecuencia del derrame petrolero del Deepwater Horizon de 2010 en el Golfo de México; o bien, llanamente, que se debe al cambio climático. La verdad es que la investigación científica del fenómeno es incipiente y carecemos de una explicación definitiva. Pero con los conocimientos científicos desarrollados hasta la fecha (Wang et al, 2019; Sánchez-Rubio et al, 2018; recientes cruceros oceanográficos franco-norteamericanos) lo que resulta bastante claro es que se trata de un fenómeno multifactorial: temperaturas oceánicas superficiales superiores a la normal; aumento de la disponibilidad de nutrientes por surgencias de aguas profundas del Atlántico; aporte de nutrientes de los ríos Amazonas y Congo; y otros impactos del cambio climático, como modificaciones en los regímenes de vientos y mayores aportes de arenas del Sahara.

Las estimaciones indican que la biomasa actual de este nuevo «Mar de los Sargazos» es de alrededor de 20 millones de toneladas. Para comparación, la producción pesquera en México es de alrededor de 2 millones de toneladas anuales (dato 2017), de las cuales solamente menos de 5 mil toneladas es sargazo capturado por embarcaciones sargaceras. Suponer —como parecen haberle informado al presidente López Obrador sus consejeros «científicos»— que sea posible que la Marina capture todo el sargazo que arriba a las costas orientales de la península de Yucatán, resulta de una ingenuidad extrema.

El caso es que ahí están los impactos adversos al turismo de playa en el Caribe mexicano, así como a la pesca costera de la región y —ya lo veremos—, al Sistema Arrecifal Mesoamericano.

Se trata, todo parece indicar, de un fenómeno perdurable, que llegó para quedarse, resultado de la influencia humana en procesos de la biosfera (calentamiento global, ciclos biogeoquímicos del nitrógeno y del fósforo, contaminación química de aguas y tierras, deforestación, acidificación de los océanos).

Es indispensable que México fortalezca y desarrolle nuevos esfuerzos internacionales multilaterales de investigación y colaboración para encontrar las mejores soluciones al problema, a fin de mitigar los impactos adversos e identificar posibles consecuencias positivas (los «islotes» de sargazo dan refugio a poblaciones de algunas especies marinas).

Lo que resulta inconsecuente es el voluntarismo expresado por voceros del sector turismo y por el mismo jefe del ejecutivo federal, que suponen resolver el problema con un tronar de dedos. El planeta es uno solo y los procesos de la biosfera son completamente ajenos a un país supuestamente dividido entre «fifís» y «pueblo bueno». Habrá que ver qué previsiones y directrices sugiere el nuevo equipo que dirige a la Semarnat…

Director Ejecutivo del Centro Interdisciplinario de Biodiversidad y Ambiente

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