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El reto de México ante el peligro ambiental

FRANCISCO ZEA. EXCÉLSIOR…

El ejido Dante Delgado, ubicado en Ixhuatlán del sureste, Veracruz, fue testigo hace diez años, de la irresponsabilidad que tenemos en nuestro país sobre el medio ambiente y su cuidado. Este lugar situado cerca de la refinería de Pemex, en Coatzacoalcos, fue contaminado en tierra y agua por los residuos de la refinación del petróleo. La paraestatal contrató para disponer de estos contaminantes a una empresa que, lejos de ser profesional, decidió mandar a cavar una especie de lagunas en donde, simple e irresponsablemente, arrojaba los residuos tóxicos. Con la enorme cantidad de lluvia que se presenta en esta zona, dichas lagunas fueron sobrepasadas y filtraron su contenido en la tierra cercana. Y como era de esperar, los desperdicios llegaron hasta el río Coatzacoalcos, afluente en la cual derivaba la totalidad del agua infectada. Esto ocasionó la muerte de animales y diversos problemas de salud en la población.

Esta realidad se repite en diversas zonas de la República, como el día de hoy en Sonora, en donde la Minera México ha contaminado el río Sonora y el Bacanuchi, poniendo nuevamente en peligro a la población. Una de mis mayores preocupaciones hoy en día, y es tema de la Reforma Energética, es el cuidado que debe tener el gobierno federal con respecto a la custodia del medio ambiente.

Sin duda en México, mucho más que las autoridades competentes, hay ONGs que se han dedicado a la protección y promoción del medio ambiente. Organismos tales como el Centro Mexicano de Derecho Ambiental, entre muchos otros, han realizado la labor que le corresponde al gobierno federal. Lamentablemente, ya es una práctica común la falta de respeto en materia ambiental.

Si en México no se han presentado tragedias ambientales tiene que ver, como muchas otras cosas, con la suerte. Ese azar que ha alejado fenómenos ambientales de grandes proporciones en destinos tales como Cancún.

En ese destino turístico se ha depredado de forma brutal e inclemente los manglares, zona natural de amortiguamiento de fenómenos como los huracanes. No es casual que cuando han pegado con dureza estos meteoros se devaste la ciudad. Que los hoteles se queden sin playa. De hecho, somos uno de los pocos países del mundo en donde los hoteles se construyen a pie de playa y destruyendo manglares a diestra y siniestra. Y mire que los manglares son unas auténticas esponjas naturales que detienen la fuerza de los huracanes y minimizan su fuerza destructora.

Este tipo de conductas se reiteran, una y otra vez, en toda la República. Lamentablemente, lejos de los discursos oficiales, el cuidado del medio ambiente es una línea más en los textos que una realidad. Esto toma particular importancia cuando estamos cerca de que vengan a México aquellas compañías que, precisamente, han demostrado menos respeto al medio ambiente y que, francamente, en algunos países se han dedicado a depredarlo.

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