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En Santa Rosa bordar también es oficio de hombres

DIANA MANZO, CORRESPONSAL. LA JORNADA.

Algunos lo han hecho por 50 años

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▲ Rubén Ramírez López, tejedor de trajes típicos del municipio de Santa Rosa de Lima, Oaxaca, tiene 61 años de edad, y 50 de ellos elaborando trajes regionales. Dice que heredó el oficio de sus abuelos y padres, ahora son sus hijos y nietos quienes también son tejedores de sueños. Foto Diana Manzo

Santa Rosa De Lima, Oax., Los hombres en esta comunidad zapoteca del Istmo de Tehuantepec no sólo se dedican al campo y a la pesca, sino que también son bordadores. Santa Rosa de Lima es un poblado indígena perteneciente al municipio de San Blas Atempa.

Según el catálogo de claves de entidades federativas, municipios y poblados de octubre de 2015, la comunidad cuenta con 17 mil 94 habitantes con alto grado de marginación. El 80 por ciento de ellos habla zapoteco, su lengua materna.

Al visitar esta localidad se puede ver en cada casa a un hombre sentado frente a un lienzo, bordando; para esta comunidad es normal cortar e hilvanar los hilos.

Con sus manos gruesas y fuertes montan la tela, la tejen de colores y elaboran al año entre 6 y 8 trajes que son utilizados en las tradicionales Velas de mayo de los pueblos del Istmo; un ejemplo son las enaguas y huipiles, vestimenta tradicional de la mujer zapoteca y aquí nadie los discrimina por su oficio, el cual han heredado de generaciones. Los tejedores de trajes regionales dedican más de ocho horas a bordar, aunque la mayoría también son campesinos o pescadores y otros pocos albañiles, fontaneros y herreros.

Rubén Ramírez López tiene 61 años y por casi medio siglo ha elaborado trajes de este tipo. Heredó este oficio de sus abuelos y padres, ahora sus hijos y nietos también lo realizan. Durante su infancia su padre le dijo que aprendiera a bordar, que nunca dejara de hacerlo porque siempre tendría para comer.

A mis siete hijos, mujeres y hombres, les enseñé el oficio, les dije que aprendieran y ahora de eso viven, porque ahorita no hay empleo y ellos sí tienen. Aquí desde nuestra casa vemos caer la lluvia, así como también soplar el viento fuerte y nosotros seguimos bordando, este arte nos gusta y nos ha ayudado a sobrevivir, narró.

Los hombres de Santa Rosa se autoemplean y cada vez son más quienes se dedican a este oficio. No tienen apoyos de programas sociales, solos han salido adelante y de seguro lo seguirán haciendo porque su arte se distribuye en varias regiones del mundo. Aquí llegan de todos lados, de la Ciudad de México y también del extranjero. Se admiran cuando ven a un hombre bordar, pero todo lo hacemos con gusto y pasión; tejer nos relaja, nos da para comer; es nuestro empleo, somos dueños de nuestro tiempo, expresó.

Rubén no se cansa de tejer, al igual que su esposa; ambos en sus 40 años de casados han obtenido de esa artesanía recursos para criar a sus hijos, así como a sus nietos, quienes también son bordadores.

En Santa Rosa es parejo el oficio: hombres y mujeres bordamos, desde la edad de 10 años ya estamos sentados con nuestro bastidor, nadie dice nada, lo hacemos por gusto y necesidad. Aquí no hay competencias, porque los muxes (hombres que asumen el rol de mujer) también bordan. En esta comunidad es un pecado no bordar, explicó.

El artesano realiza alrededor de seis trajes regionales al año; es decir, durante dos meses confecciona cada uno. Los modelos varían: hay de flores chicas, medianas y grandes, aunque confiesa que las favoritas de sus clientas son las rosas.

Trajes hasta de $25 mil

Uno de estos atuendos cuesta entre 20 y 25 mil pesos por el tiempo, material y trabajo que se invierte en ellos. Hemos confeccionado de todos los modelos y colores, nuestras puntadas son finas, destacó.

Estos casi 50 años tejiendo han sido de gusto, lo disfruto mucho, me gusta. Creo nunca se acabarán las manos que tejen, aquí nacen y conviven con bastidores, hilos, tijeras y agujas, desde niño empiezas a bordar, te casas y lo sigues haciendo, vas al campo o a pescar y cuando regreses te espera el bordado, comentó Rubén Ramírez.

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