jueves , 14 noviembre 2019
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¿Está el jobito en extinción?

PAULO MONSIVAÍS. EL SOL DE TAMPICO.

Una de las frutas esperadas de la temporada de verano, saboreada en nieves, aguas, en mermeladas y hasta en bebidas preparadas puede estar ya en peligro de extinción, sí el Jobito, una vez abundante en la zona, ahora se dificulta comprar en comercios y un kilo llega ya a los 35 pesos el kilo.

El cambio climático, la falta de producción en forma y las alzas en los traslados están acabando con esta fruta que es típica del área metropolitana y que sus preparados tienen una alta demanda, pues la cosecha en su primera etapa ha disminuido hasta en un 40 por ciento.

José Rueda, introductor de la fruta desde hace 20 años, menciona que el torbellino que se registró en la parte del río Tamesí el pasado mes de mayo, destruyó grandes plantaciones de árboles de jobito en Altamira y en Pánuco, regiones que eran donde más se cosechaba este producto endémico de la zona huasteca norte.

Tan sólo en el ejido Cúes de Palmas Altas en Altamira, una de las comunidades de mayor producción se contabilizó más de una centena de árboles que fueron arrancados por el fenómeno atípico y otros tantos en ranchos ubicados en el norte de Veracruz, quedando así la cosecha mermada para ésta y próximas temporadas.

Apenas empieza, advierte Ramón Gómez Narváez, quien es presidente del Consejo de Empresarial, Comercio y Turismo en Madero, “pero ya se ve que la temporada será corta, pues está llegando muy caro, hasta 350 pesos la caja, cuando el año pasado se pagó 100 pesos menos”.

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Lo que complica la situación, explica el comerciante, es que no existen huertas como con otras frutas, es de manera artesanal que se recolecta de árboles que fueron naciendo y las personas lo empezaron a comercializar sin establecer un proceso y ahora con la escasez de árboles podría verse muy disminuido en los próximos años.

La temporada de jobito va desde las últimas semanas de julio hasta las últimas de agosto, primeras de septiempre, época que inunda las neverías y refresquerías de toda el área metropolitana, con su sabor agridulce y su color amarillo, situación que puede desaparecer, perdiéndose uno de los valores gastronómicos de la región.

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