miércoles , 11 diciembre 2019
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Etiquetado en alimentos: hagámoslo bien

ALEJANDRA NOEMÍ REYNOSO SÁNCHEZ. EXCÉLSIOR.

• Como en ningún otro tema en lo que va de esta legislatura, los representantes de todos los partidos respaldamos los cambios con la convicción de que es necesario mejorar la información disponible en los empaques de los distintos alimentos y bebidas no alcohólicas industrializadas. • Debido a este mismo respaldo incondicional, no se entiende que el gobierno federal y su bancada en el Congreso no tomen en cuenta las preocupaciones que algunos hemos manifestado al respecto del tema.

Con la intención de mejorar la calidad de la alimentación de los mexicanos y hacer frente a la crisis de salud pública que representan los altos índices de sobrepeso y obesidad entre nuestra población, en el Senado de la República aprobamos las modificaciones a la Ley General de Salud, que incluyen un etiquetado frontal nutrimental como una herramienta costo-efectiva para alcanzar estos objetivos y empoderar a los consumidores mediante elecciones más sencillas a la hora de comprar sus alimentos.

Como en ningún otro tema en lo que va de esta legislatura, los representantes de todos los partidos respaldamos los cambios con la convicción de que es necesario mejorar la información disponible en los empaques de los distintos alimentos y bebidas no alcohólicas industrializadas. Tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado su aprobación contó con una amplia mayoría.

Debido a este mismo respaldo incondicional, no se entiende que el gobierno federal y su bancada en el Congreso no tomen en cuenta las preocupaciones que algunos hemos manifestado al respecto del tema. ¿A qué me refiero con ello? A que las definiciones particulares que hacen falta para que el etiquetado se haga realidad requieren de la modificación a la Norma Oficial Mexicana (NOM) 051 y, si no se realizan en congruencia con lo realizado en la Ley General de Salud, no podremos entregar a los mexicanos un etiquetado que realmente les proporcione más y mejor información, que sea útil para su toma de decisiones y, sobre todo, que tenga un impacto en la modificación de hábitos de alimentación, particularmente entre niños y jóvenes.

El proceso para la norma ha tenido varias irregularidades, empezando porque la integración del anteproyecto inició de manera paralela a la discusión en el Legislativo e, incluso, su publicación para consulta pública se hizo antes de que el Senado aprobara la modificación a la Ley de Salud.

Durante la discusión en el Congreso, algunos legisladores señalamos la importancia de contar con evidencia de los resultados del modelo de advertencia, de considerar los posibles impactos del nuevo etiquetado en los tratados y acuerdos comerciales, de asegurar que no tendrá efectos indeseados en grupos sensibles, como los pacientes con diabetes y otras condiciones particulares, y todas estas alertas fueron ignoradas por la mayoría morenista.

Junto con otros compañeros senadores, presentamos una solicitud para que la Secretaría de Economía, la Secretaría de Salud y la cancillería aclaren las dudas sobre los alcances del proyecto de norma, tampoco hay respuesta.

Tal parece que la consigna en esta administración es aprobar todo sin realizar ni una sola modificación, como si las observaciones de especialistas y las opiniones de los opositores fueran a bloquear las medidas en lugar de enriquecerlas.

No se trata de rechazar el etiquetado de advertencia, ya lo votamos y el Ejecutivo publicó el decreto; la elaboración de la NOM está en curso y nadie pide cancelarla. Se trata de asegurarnos de que se cumplan los objetivos de salud pública en los que todos hemos coincidido

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