Los millennials son una generación que hoy es el objeto de interés de diferentes estudios comprehensivos que tratan de entender sus características, inquietudes, aspiraciones y preocupaciones para perfilar la forma en la que los usos y costumbres de nuestra época se van moldeando.

En términos de alimentación, esta generación ha sido de particular interés, puesto que con la llegada de la era del internet y los cambios alrededor de la producción, comercialización y consumo de alimentos, los millennials son quienes más han influido en la transición de los modos en los que hoy nos relacionamos con la alimentación. Uno de los factores centrales estudiados alrededor de esta generación es el hecho de consumir alimentos preparados en casa o alimentos que fueron preparados fuera de casa. Entender estas barreras es central para poder comprender cómo las fronteras entre los modos de alimentarse hoy son cada día más difusas.

Uno de los conocimientos centrales alrededor de este hecho es que los millennials están más familiarizados y hacen uso de plataformas digitales y de medios de distribución en el internet para comprar sus alimentos. Desde hacer la despensa, pedir la entrega de comida por una app, hasta hacer la orden del restaurante de comida en su página de internet para pasar a recogerla después, pasando por servicios digitales que hacen entrega de menús diarios. Todas estas formas de consumo se han integrado a nuestras vidas de una manera relativamente rápida.

Sin embargo, también se ha encontrado que a diferencia de la generación X (quienes los precedieron), los millennials, en general, son más proclives a cocinar en casa. Esta cocina no es, sin embargo, una cocina cotidiana, sino una experiencia para aprender o realizar recetas que se vieron por internet o con el fin de entretener a amigos. En algunas investigaciones, incluso, el significado de cocinar ha ido metamorfoseando: muchos millennials consideran, por ejemplo, que cocinar puede ser incluso arreglar un plato que se compra preparado al que se le ponen dos o tres aliños para mejorar el sabor. De esta forma, se reproducen en internet recetas con listas de ingredientes que incluyen alimentos ya hechos, como sopas instantáneas, botanas de queso que sirven para empanizar o totopos con sabor a chile adobado que sirven de base para hacer chilaquiles, por ejemplo. Cocinar, también, para muchas personas de esta generación puede significar combinar alimentos ya preparados en una nueva configuración para un nuevo platillo, o agregar un aderezo a una ensalada lista para comer.

Aunque algunos puristas de la cocina podrían escandalizarse ante semejantes consideraciones sobre lo que verdaderamente significa la acción de cocinar, viendo más allá de este cuestionamiento, hay varios factores que se nos revelan. La cocina encuentra manifestaciones diferentes, muy democráticas, alejadas de las técnicas culinarias especializadas, pero también alejadas de los tradicionalismos de las recetas de la abuelita. Es como si, en cierto sentido, los millennials quisieran darle un nuevo sentido a la cocina, tomando elementos de mundos muy disímbolos para crear platillos que a muchas personas escandalizarían.

Todas estas manifestaciones nos abren cuestionamientos para pensar que hacer una despensa o comprar comida no es para nada ir a un establecimiento a hacerlo, ni que el significado de cocinar sea compartido y entendido de la misma manera. Estamos, pues, en una transición sobre estas maneras de relacionarse con la alimentación diaria que da para muchas más profundizaciones sobre lo que caracteriza a esta generación.

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