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Información robusta

ENRIQUE DEL VAL BLANCO. EXCÉLSIOR.

Reconozcamos que la pobreza crece y persiste ante un sistema económico de carácter fundamentalista, que es incapaz de dar trabajo a quien lo pide y lo necesita.

La semana pasada apareció el Panorama Social de América Latina de la Cepal, dependiente de la Organización de las Naciones Unidas, mismo que, como ha sido costumbre, analiza las tendencias de la pobreza y los cambios registrados en la distribución del ingreso y otras características de la desigualdad. En este número dedicó un espacio al mercado laboral y su situación en el subcontinente.

La información indica que, en el año 2014, la pobreza en la región fue de 28.2% y la tasa de indigencia (pobreza extrema) se situó en 11.8%. En América Latina había 168 millones de pobres en 2014, de los cuales 70 millones se encontraban en la indigencia. Se considera que para 2015 la cifra de pobres habrá aumentado a 175 millones y a 75 millones los indigentes.

Los datos aportados reflejan que Brasil, Colombia y Ecuador en conjunto, lograron reducir la pobreza en cinco millones de personas, en cambio en otros países, como Guatemala, Venezuela y México, la incrementaron en siete millones.

Mientras que Brasil disminuyó su tasa de pobreza 7.9% anual en el periodo 2010-2014, nuestro país la incrementó en el mismo periodo a 2.9% al año. Incluso, el documento señala que hubo una cierta mejoría en los pobres brasileños, no así en el caso mexicano. Claramente, el documento indica que el principal factor de empobrecimiento en nuestro país ha sido la caída de la media del ingreso laboral.

Como pareciera ser su nueva costumbre, el gobierno mexicano reaccionó, a través de la Sedesol, descalificando la información e, incluso, según los medios, arguyendo algo que suena a fantasía, al decir que la pobreza se ha reducido a la mitad de lo que era en el año 2000. Es decir, los gobiernos panistas fueron unos genios en el combate a la pobreza. Lástima que algunos de ellos no pudieron seguir, si no la pobreza ya no existiría en el país.

Además, la Sedesol indicó que nuestro país tiene su propia medición mediante un sistema robusto y moderno que, incluso, varios países ya empiezan a implementar. Sería muy conveniente para todos que este esquema robusto y en proceso de copia lo pudiéramos conocer, a menos de que sea información reservada, porque la institución mexicana encargada de medir la pobreza es el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), quien en su última medición el año pasado indicó que en México hay 55 millones de pobres y que de 2012 a 2014 la cifra había crecido en dos millones. Esta información tampoco gustó a los responsables gubernamentales quienes, a través de la Sedesol, arguyeron que si la pobreza se midiera de acuerdo con esquemas internacionales, únicamente habría 12.5 millones de pobres, es decir, una diferencia de 77% con respecto de lo que dice el Coneval. O sea que, al paso que vamos, en casi 10 años ya no habrá pobres en México.

Resulta preocupante que el gobierno descalifique por un lado al Coneval, que se ha ganado el prestigio por sus análisis y, por el otro, a la Cepal, órgano de Naciones Unidas, cuando ambos sí proporcionan datos robustos.

Este gobierno ha reconocido que la proporción de mexicanos en pobreza es casi la misma desde hace 20 años, por lo que hay que cambiar los programas, para hacerlos más efectivos, pero en los tres años que llevamos de este régimen, la situación sigue igual o peor, según los resultados del Coneval.

No es inventando nombres o nuevos programas como se va a resolver el problema de la pobreza. El propio documento de la Cepal indica claramente que debe ser a través del trabajo bien remunerado, más allá de las ayudas asistenciales. Sin embargo, en este tema del trabajo y del salario, el gobierno se ha quedado hasta ahora en meras declaraciones sin que haya algún cambio real.

Reconozcamos que la pobreza crece y persiste ante un sistema económico de carácter fundamentalista, que es incapaz de dar trabajo a quien lo pide y lo necesita. Y no sólo eso, el propio gobierno está creando más pobreza con los despidos en el gobierno y las empresas públicas.

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