Más allá de la machacona insistencia del sector agropecuario, todo parece indicar que el ajuste de casi 30% a la Secretaría de Agricultura (SADER), de Víctor Villalobos, se mantendrá inamovible en detrimento de esa actividad, la única que ha mantenido una evolución positiva en el año.

Las gestiones de diversas agrupaciones, incluido el CNA que preside Bosco de la Vega y que lleva Luis Fernando Haro, han tropezado con una línea muy firme, desde el Ejecutivo al Legislativo, que además del recorte reenfoca muchas de las partidas para apoyar a los pequeños productores.

Con un presupuesto de sólo 46,250 millones de pesos —en el 2018 era de 75,000 millones de pesos—, hay cantidad de programas que se verán afectados, ya que el monto que propone el ejecutivo para SADER se sitúa al nivel de los recursos que había hace 13 años, o sea, en el 2007.

El mayor impacto en los ramos administrativos lo recibirán agricultura y desarrollo rural, cercano a 20,000 millones de pesos, y hay partidas, como los apoyos a comercialización o el Programa de Concurrencia con Entidades Federativas, que prácticamente desaparecerán o se acotarán sensiblemente.

Entre los muchos aspectos que preocupan está la parte de inocuidad y sanidad, puesto que a Senasica, que lleva Francisco Trujillo, se le redujo en 378 millones de pesos su presupuesto, que ya de por si estaba mermado. Como imaginará, hay preocupación en los rubros avícola, lechero y ganadero por riesgos de contagio que existen en diversos ámbitos a nivel global.

Hasta ahora ni siquiera los contactos con Alfonso Romo, jefe de la Oficina de la Presidencia, han servido, y el presidente Andrés Manuel López Obrador no ha otorgado ninguna entrevista a la IP agropecuaria.

Dado que el presupuesto debe estar listo este viernes en la Cámara de Diputados, le anticipo que se prevén para las próximas horas fuertes movilizaciones para tratar de revertir esta situación, que apunta rápidamente a convertirse en una realidad. Así que el tiempo para enmendar se acorta.